Guía del lector
Recomendadas
Malvados literarios Malvados de la literatura
La maldad ha dejado su impronta en la ficción con personajes de imborrable y atractiva perversidad. Les preguntamos entonces este mes a los escritores venezolanos, ¿cuál es el más malvado de los malvados entre los personajes de la literatura que recuerdan? Karl Krispin La galería del mal del teatro shakespereano es insuperable. En ese sentido el más pérfido de todos es sin duda Ricardo III. Victoria De Stefano El malvado de los malvados es para mí el enano Daniel Quilp de la novela de Dickens Almacén de antigüedades. Trata de la huida y recorrido por la campiña inglesa de una niña llamada Little Nelly y su abuelo, el dueño de la tienda The Old Curiosity Shop en Londres, jugador empedernido, acosados por el más villano de los villanos, que no son pocos, de Charles Dickens. Gonzalo Jiménez El Sr. Hyde es un personaje que Robert Louis Stevenson creó como arquetipo del mal y que, sin embargo, no se convirtió en panfleto. La escena en la que es introducido al principio del relato, en el que arrolla a una niña y sigue caminando inmutable, revela uno de los ejemplos más claros (u obscuros) de maldad en la literatura. Añadiría al profesor Moriarty, némesis de Sherlock Holmes, y algunos de los Antiguos, seres míticos que pueblan los relatos de H.P. Lovecraft. Leo Campos Don Diego de Zama, víctima de la espera. María Fernanda Palacios Apartando quizás a Ricardo III, no conozco un miserable mayor y más actual, más activo como se dice ahora, en el mundo en que vivimos que Piotr Stepánovich Verjovenskii, personaje de Demonios de Dostoyevski. Armando José Sequera Los personajes literarios más malvados que recuerdo son ingleses: en primer lugar, el profesor Moriarty, enemigo de Sherlock Holmes, debido a su maldad inteligente y al provecho que pretendía obtener de sus actividades. En segundo, el Mr. Hyde de Stevenson, un retrato impresionante del individuo libre de escrúpulos. Ricardo Ramírez Claramente, Yago, en Otelo de Shakespeare. Es la maldad casi absoluta del cortesano, militar, envidioso. Labiero, engatusador, cruel. Sumamente venezolano además. Willy McKey El Cacique Ojo de Perla (que nunca fue tal) de ¿Duerme usted, señor presidente? (1962) de Caupolicán Ovalles, es, sin duda, un ente vil y perversamente cambiante, mutante. Otros nombres lo subrayan en el largo poema: Barbitúrico, José el de los sueños, Presidente de la Sociedad Condal del Sueño. No necesita tener voz para ser temible: es precisamente su mudez lo que origina el terror... su afasia sonámbula. Su esencia se mueve desde la torpeza hasta la maldad absoluta, desde la crueldad emparentada con el poder hasta aquel absurdo, repetido y egocéntrico taconeo de archiduque que le permitía al sujeto lírico, ese joven Poeta-Hostias, decir en voz alta y señalando: Ahí va la mierda más coqueta. Héctor Manrique Ricardo III, de William Shakespeare. Joaquín Ortega Tengo tres villanos preferidos: 1. Moriarty, la competencia racional de Sherlock Holmes. Perfecto arquetipo del crimen matematizable; expatriado de la patria mental de Arthur Conan Doyle. 2. La Bruja del Oeste, personificación de la envidia femenina, a la caza de Dorothy, en el Mago de Oz de L. Frank Baum. 3. Tom Ripley, de El talentoso Mr. Ripley. Posiblemente, el oscuro seductor que todos tememos durante la vigilia, construido por Patricia Highsmith. La maldad es en esencia gula y no me permite decidirme por uno solo. Fedosy Santaella Yo me quedo con James Moriarty, némesis de Holmes. Más hacia acá, Chigurh, esa violencia silente creada por Cormac McCarthy en No Country for Old Men, y al doppelgänger Tyler Durden en el Club de la pelea de Palahniuk. No olvidemos al diablo lujurioso y fascinante de John Updike en Las brujas de Eastwick. Y como yo siempre salto para el cómic y la televisión, no nos olvidemos del Guasón de Batman y de la Garra de Satán en Capitán Centella. ¡Salud por la sombra, sin la que no pudiéramos vivir! Federico Vegas Clare Quilty es el tipo de tipo que no quisiera tropezarme. Mira que hacerle eso a Lolita. Hacía falta alguien así para santificar las perversiones de Humbert. Y eso es justo lo que quiero evitar, alguien tan malo que me haga creer bueno. Peter Sellers, en la escena del baile con Shelley Winters, la mamá de Lolita, lleva la maldad a su extremo más resbaloso. No he logrado olvidar esos ojos de payaso malvado; aún detesto hasta la pasta de sus anteojos. Sellers es un maestro en el dominio de la más peligrosa arma del mal: las mutaciones. Ya mi padre me advertía: No importa lo que seas, mientras seas siempre el mismo. Daniel Centeno Supongo que será Hansel y Gretel quienes, no contentos con vencer a la bruja, van y la matan de una manera digna de asesino en serie... Aunque, en cierta forma eso es lo que hacen casi todos los personajes de los Grimm, de Andersen, etc. ¿No? De resto, siento que la literatura no se comporta bajo esquemas de valores absolutos. Hay mucho antihéroe suelto en tantas páginas: malos con coranzoncitos, buenos cabrones, pícaros como uno, religiosos para enviar al infierno, bolsas que provocan picar en trocitos... Federico Pacanins Javert, policía miserable, es el malvado de peor especie imaginable: quien se ampara en la lectura literal de la ley y daña al prójimo. Por causa de la maldad de este personaje, hasta la propia interpretación de la ley penal cambió en la Francia de Victor Hugo y sus Miserables. Leopoldo Tablante El judío Fagin de Oliver Twist, de Charles Dickens. Mharía Vázquez Benarroch Quizás los haya más malvados en la literatura, pero es Tom Ripley, el fascinante neurótico, psicópata y frío asesino de Patricia Highsmith, el que me muestra la maldad pura, sin culpas, profunda... El que al terminar cada novela de su ciclo, me provoca un escalofrío en la espalda, de sólo pensar que puede ser humanamente posible. Gustavo Valle Long John Silver de La isla de tesoro y también otro pirata, esta vez de la vida real: Alexander Olivier Exquemelin quien escribió aquella joya llamada Bucaneros de América. Ambos malvados cuentan con mi total devoción, que se hace extensiva a casi todo los piratas que operaron en el Caribe, en especial frente a las costas de Venezuela. Muy a mi pesar menciono al conde Drácula, que viene a ser más bien una víctima con dientes afilados, un malvado histórico al que le han nacido ya demasiadas crías. Adoro, sí, a los malvados franceses, esos sí eran jodidos, pues suelen tener ese aderezo de mente torcida y turbia que tanto gusta. Así, todos, o casi todos los personajes masculinos de Justine del Marqués de Sade, y el fantástico Maldoror del Conde de Lautréamont. La condesa Bathory que fue personaje real y también literario, uno de los más horripilantes de la historia. Como vemos, en asuntos de maldad la realidad muchas veces le gana a la ficción. En correrías policiales elijo a Harry Starks, mafioso y homosexual, grandísimo hijo de puta que reina en las novelas de Jake Arnott y que muchos han vinculado con Jack el Destripador y Mr. Hyde. Pero lo que más me interesa son los autores que tratan malvadamente a sus propios personajes y los someten a las peores torturas: Voltaire con su Cándido sería el ejemplo perfecto. El pobre Cándido termina la novela hecho un estropajo. O Céline, que pone a su alter ego Bardamu a hacer y, sobre todo, a decir barbaridades. O el caso emblemático de Malcolm Lowry que somete al cónsul Geoffry Firmin a un tormento infinito y etílico en Cuernavaca. Y para cerrar con broche de oro, elijo al gran pensador de mal, ese mala leche inteligentísimo y exquisito, el inigualable George Bataille, que Dios lo tenga en su gloria, el hombre que nos enseñó a ver el mal como una de las Bellas Artes. 


| comentarios (1) >> |
escrito por rosa emilia, agosto 29, 2010
yago (otelo), ricardo III, heathcliff (cumbres borrascosas) y danglars, fernand y villefort (el conde de montecristo)
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

