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Oír a Darío 

Poemas de Darío Lancini (1932-2010)

 

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Fotografía: Vasco Szinetar

 

 

El poeta

 

Darío Lancini [1932-2010]. Poeta palindromista y reformador del ejercicio lúdico de la palabra poética. Formó parte del grupo Tabla Redonda, junto a Rafael Cadenas, Arnaldo Acosta Bello, Salvador Garmendia. En 1975, Lancini publicó un conjunto de palíndromos poéticos titulado Oír a Darío, un libro único en la tradición de la poesía venezolana y un hito maravilantemente móvil.

Columpiándose entre la dimensión de lo experimental y el clásico ejercicio de nombrar un universo personal, Lancini logró repetir con sus textos en capicúa ese ejercicio del poeta como el primer hombre en un mundo nuevo, ése que va nombrando a su paso y haciéndolo propio gracias al numen. Todos tenemos en la memoria los breves “Yo hago yoga hoy” y “Leí, puta, tu piel” a la hora de explicarle a un ajeno lo que convierte al genio de Lancini en una voz única en la literatura nacional, que con un solo libro es considerado mago y prócer de la emancipación del significante.

Los juguetes verbales de Lancini han llegado a la región de lo plástico, incluso con la osadía de explorar la marcha atrás de otros idiomas. Eso sucede con “Dogma”: un poema escrito para ser integrado a un holograma creado por Dieter Jung, artista alemán que es un referente obligado no sólo del arte holográfico, sino de la plástica contemporánea. Esta pieza se expuso bajo el título “Palindrom” (1986) [86x112 cm.], en la ciudad de Boston.

Pero Darío fue, todavía, más allá: se dio cuenta de que los grandes versos de la poesía universal han tenido tiempo de preñarse y así pudo descubrir, por ejemplo, en los famosos versos de la “Bonheur” en Una temporada en el infierno (1873) de Arthur Rimbaud: “Ô saisons, ô chateaux / Quelle âme est sans défaut?” el trocamiento que descubre Lancini en el sonido: “Ô Ces’t sons, ô chat, ô / Quelle âme est sans dés faux?”

Los palíndromos, los enigmas, los textos bifrónticos, los conjuros, todas son instancias reveladoras del poder antiguo de la palabra. Existen como juego posible del espíritu hablante del hombre, así que lo que Lancini atisba detrás del significante es el alma de la letra, sólo percibida por alguien desmedidamente atento al lenguaje: un chamán o un niño, que en este caso están igual de cercanos a lo sagrado. 

Luego de la edición de Oír a Darío, Lancini sólo publicó algunos “textos bifrontes” en prensa y algunas revistas, hasta que en 2008, en el tercer número de El Salmón - Revista de Poesía titulado Artefactos, el poeta asomó la estructura de lo que era su segundo gran proyeco poético: Logodédalo, una especie de aparato sonoro en estado de afinación. Víctima del sonido, ese primer hombre parece borronearse, desaparece a medida que nombra su camino: no en vano “Adán”, esa palabra tan presente en Oír a Darío, leída de vuelta es “nada”. El poema que antes era como una de esas serpientes cuyas marcas se disponen estratégicamente para confundir sus extremos y engañarnos con lecturas de ida y vuelta, ahora es una máquina sonora que descubre dentro de un texto otro que se construye gracias a los sonidos latentes que se esconden detrás de la trampa del significante. Ya el texto otro que se nos aparece no es una repetición especular, sino un habitante interno que reside y se articula en la complejidad invisible del sonido.

 

El Salmón Revista de Poesía / ReLectura.

Sábado 17 de julio, de 2010 / "Oír a Darío": Homenaje a Darío Lancini

 

*   *   *

 

 

Carta de Julio Cortázar a Darío Lancini (incluida en la reedición del libro Oír a Darío)

 

París, 13/3/77


Amigo Darío Lancini, acabo de recibir por Sergio Pitol su maravilloso OIRADARIO. Gracias, muchas gracias por estas horas fascinantes que he pasado con su libro, un libro interminable porque se vuelve a él una y otra vez, a solas y con los amigos, en plena calle, en pleno sueño.

Me ha hecho usted un regalo que no olvidaré nunca. Al mostrarnos así las dos caras del espejo, nos enriquece en poesía, nos entraña aún más en el vértigo de la palabra. Gracias,

Con un abrazo,

su amigo,


JULIO CORTÁZAR

 

 

*   *   *

 

 

Poemas de Darío Lancini

 

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Rey Ayer

 

Lear gime: —Yo herido diré

Hoy: Yo solo soy o dios o

loco.  Oí mares y ares.

Eras, Edades, oíd a la turba:

“Reo y rey… ah. Oye la ley

o ataca. A dudar, ¡oh!

Ayer Lear era el Sol.

Lear aparecerá.

Para ellos, Lear era el Rey.

Ahora duda. ¡Ataca! Oye la ley”.

— Oh, ayer yo era brutal.

Adiós, Edades. Ares era y será

Mío o coloso ido yo solo soy.

Yo herido diré hoy: Emigra el

                  Rey ayer.

 

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Edipo

 

La turba brutal acata. Yo solo

                                    pasaré.

                    Sus eras arrasaré.

Ve y oye, te dice:

       ¡Domina, Edipo, la torre

                             derrocada!

No yerres, Edipo Rey.

                  Oblígales a la paz.

¡Oh!, al nocivo Layo gimen. El

ara yo pasaré veloz o le verás

                   apoyar al enemigo.

Ya lo vi con la hoz. A Palas el

ágil boyero pide ser rey o nada.

¡Corre! ¡Derrótalo! Pide ánimo.

Decídete y oye. Verás, arrasaré

                                    sus eras.

Apolo soy.

¡Ataca! La turba bruta lo pide.

Eras, Edades, oíd a la turba.

 

---------------------------------------


Naves

 

Son dioses ilusos.

          Se van.

¡A babor! ¡A remar!

Al oír a Dante

Lao-Tsé revela el alba.

Homero es ídolo.

Solázalo, Sol.

Odiseo remó.

Háblale al Everest

O al Etna, Darío.

La ramera robaba naves.

         S.O.S.

Ulises, oídnos. Se van.

 

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Sísifo

 

Pausado poeta,

Lee.

Solo ibas,

sereno.

Tal poeta

yo soy.

Orad.

Ni paranoico

me emocionará

Píndaro.

Yo soy ateo,

Platón,

eres sabio

lo sé.

El ateo

poda su apófisis.

 

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Aries

 

¡Oír! Eso pitonisa dice:

“Te paseas, ráfaga. Mal

                        año.

Toda de argén y oro se divisa

                     el alba.

Hería la ácida saeta.

Sí, era reo. Lo dirá Zodíaco.

Ya dan oro, coronel Iván.

Irá zarina, cédela.

Nerón a ti te acoge, icono

                     caído.

Y eres acusado. No das ucase.

¿Rey o diácono ciego? ¡Cae, titán!

                      Oren.

Al edecán irá zarina vil en oro

Coronada.”

—Yo caído zar, ídolo era.

¿Reís, atea sádica?

Al aire háblale así: “Vid es oro

Y negra edad otoñal amaga. Farsa es

Apetecida, si no, tipo serio se irá.”

 

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Zeus

 

Asoma, vate o poeta.

Vamos a soñar.

Átropos asoma.

Vamos a oír las Eras.

Oíd: Se ata,

se desata,

es ágil,

es Zeus.

Asoma Venus o nada

Nos une.

Vamos a Suez.

Se liga,

se ata,

se desata:

es Dios.

Ares al río asoma.

Vamos a soportar años.

Asoma, vate o poeta.

Vamos a Suez.


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 ¡Ojo!

 

Lenin el ojo revive rasurada la

                                  barba.

La paloma anida la Paz.

Era ruso vital. Repuso su redil.

Lenin el ateo pobre

puso su país —URSS-Rusia—, puso

                               superbo, poeta.

Lenin el líder usó superlativo

                su rareza paladina.

Amó la palabra.

Balada rusa: “Revive, rojo Lenin,

                   el ojo…”

 

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La mar

 

¡Ah! El anís es azul al ocaso.

Claro, la canícula hará mal.

Alejábase bello sol.

¡Sumerge la usada roda!

A remar.

¡A La Habana, bucanero Morgan!

Oleaje de la mar…

¡Al remo! ¡Corre!

Playas…

Ay, al perro comer la rama le

deja el onagro, morena cubana.

¡Bah! A la ramera adorada su

alegre muslo Sol le besa.

¡Bajel a la mar! ¡Ah!

Alucina calor al cosaco.

La luz asesina le hará mal.


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Amor azul

 

Ramera, de todo te di.

Mariposa colosal, sí,

yo de todo te di.

Poda la rosa, Venus.

El átomo como tal

es un evasor alado.

Pide, todo te doy: isla,

sol, ocaso, pirámide.

Todo te daré: mar, luz, aroma.

 

 

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Arca sacra

 

 

                     Bar.

              Benigno ron.

  Ivre. —¡Beban, aves! Yo bebo,

               níveo Noé.

                   ¡Vino!

         (Y Noé llenó copas)

  ¡Salud al amor! Ganó la zorra

                  Noche.

    Ríe, rata rara, la nave sacra

                lene se va.

     ¡Sal y arroz a la cava, león!

   Amo la pacífica paloma, Noé.

     La vaca, la zorra y las aves

    en el Arca se van al Ararat

                    a reír.

   ¡Eh! Con arroz al onagro mal

                adulas, sapo.

     Con el león, yo, níveo Noé,

                 vino bebo.

Y se van a beber.

     ¡Vino, ron, ginebra!

¡Barca Sacra!

 

 

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