Lista de Autores

Lista de Autores

La literatura como una atracción permanente según Daniela Jaimes-Borges

Leer más...
Capote

Entrevistas

"La escritura forma parte de mi relación con la enseñanza" (E. Sánchez)

Leer más...
Escrituras

Escrituras

Escritores y lectores venezolanos recuerdan a Ernesto Sabato

Leer más...
Inicio arrow Autores arrow Escrituras arrow In memoriam

In memoriam

Por Ceci Egan y Beatriz Castro C.

 

Image

A la madre Tomasa Martínez

 

El mechón de pelo liso y negrísimo (con alguna cana impertinente) desafía la gravedad y se columpia de un lado a otro sin terminar de soltarse de las amarras del velo. Las carcajadas de mezzosoprano resuenan en las paredes de baldosas verdes. Los ojos negros presionan e interrogan, pero sin malicia, sin aterrorizar. Su figura es pequeña pero imponente. El olor del hábito (talco, naftalina) se queda como estela en el aire. 

Érase un hombre a una nariz pegado,
érase una nariz superlativa,
érase una nariz sayón y esquiva,
érase un peje espada muy barbado.

* * *

¿Cuál es el primer recuerdo que tengo de Tomasita? Estoy segura de que es alguna imagen borrosa de ella junto con Adita dictándonos esas palabras tipo “ascensor”, “piscina”, que formaban parte de las pruebas de Pedagogía de primaria. Aunque estoy convencida de que estos son mis recuerdos más antiguos, el que se me antoja primero es el de un día de clase en séptimo grado “B” (año 1992). Algún profesor estaba enfermo y ella le hacía la suplencia. Nos leyó “Oda a la cebolla”.

Cebolla
luminosa redoma,
pétalo a pétalo
se formó tu hermosura,
escamas de cristal te acrecentaron
y en el secreto de la tierra oscura
se redondeó tu vientre de rocío.

* * *

No le gusta la tarima del salón. La distancia –física, catedrática– no va con su estilo. Usa poco el pizarrón. Su instrumento es la voz y la imaginación. Se desliza entre los pupitres, rozando con el hábito y con sus palabras a cada alumna.

Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis 

Yo nunca le veo la cara. Paso la clase entera escuchando sus manos, regordetas y pequeñas, pero con dedos finísimos. Las manos proclaman, estallan, son abanicos, son montañas, pueblos y naciones.

¡Fuenteovejuna, todos a una!
La vida es sueño y los sueños, sueños son.
La llanura es bella y terrible a la vez…

* * *

A diferencia de Ceci, yo sí le veo la cara. Mis ojos desbordan emoción, asombro, ingenuidad ante lo desconocido, ansiedad por un mundo todavía ajeno. Ella se topa con mi mirada y me responde. No miento si digo que desde entonces esos ojos negros se hicieron cómplices de los míos. Ese día comenzó una conversación silenciosa que se mantuvo a lo largo de los años.

* * *

En la vida de un lector hay textos y personajes que marcan para siempre. Curiosamente, no todos los personajes están dentro de los textos. Muchos años después me encontré a mí misma en ese mismo salón de baldosas verdes recitando, con cierto temblor en la voz, esas palabras que determinaron el curso de mi vida académica. Yo sí usaba la tarima. No tenía (aún no tengo) esa presencia de los verdaderos maestros. La confianza en mis palabras no me daba para bajar el escalón y seguir estando elevada del resto.

En el castillo que últimamente acaba de adquirir Lesbia, esta actriz caprichosa y endiablada que tanto ha dado que decir al mundo por sus extravagancias, nos hallábamos a la mesa hasta seis amigos. Presidía nuestra Aspasia, quien a la sazón se entretenía en chupar como una niña golosa un terrón de azúcar húmedo, blanco, entre las yemas sonrosadas. Era la hora del chartreuse. Se veía en los cristales de la mesa como una disolución de piedras preciosas, y a la luz de los candelabros se descomponía en las copas medio vacías, donde quedaba algo de la púrpura del borgoña, del oro hirviente del Champaña, de las líquidas esmeraldas de la menta.

Estando en la otra orilla, como alumna, la mañana en que Rubén Darío se hizo con la garganta de Tomasita y declamó el primer párrafo de “La ninfa”, supe inequívocamente que iba a estudiar Letras.

Hace poco más de un mes se lo hice saber. Parca en la expresión, pero apenas pudiendo contener una sonrisa, sólo me contesto: “Ah, pues si no me lo dices ni me entero”. Lo que no tuve el estómago de confesarle es que no estudié Letras sólo por las palabras, las historias, las novelas. Estudié Letras para poder hacer lo que ella hacía. Bajo riesgo de tornar esta crónica de la memoria en un artículo new age, voy a escribir la palabra temida: inspirar. 

* * *

Sabía que quería estudiar Letras. Las clases de Castellano en bachillerato eran momentos de placer. Cada libro era un reto, una aventura. Personajes, historias, palabras, argumentos. Ansiaba llegar a cuarto año. Me faltaba mucho por leer (me falta mucho por leer).

Mientras escribo, pasan por mi cabeza miles de escenas de mi cuarto y quinto año. Tomasita entre los pupitres leyendo algún fragmento. Tomasita entre los pupitres repartiendo hojas multigrafiadas (visualizo perfectamente la copia que nos dio de La primera taza de café en el valle de Caracas, de Arístides Rojas). Tomasita entre los pupitres mientras escucha nuestras voces que reproducen alguna obra de teatro (El sí de las niñas, de Moratín). Tomasita entre los pupitres explicándonos la primera redacción que tenemos que escribir (tema: el paraguas).

* * *

Algunos años después, recuerdo que estaba cenando en McDonald’s con un amigo después de salir de clases. Sonó el celular, pero no reconocí el número. ¿Cecilia? ¿Cómo te va? Es Tomasita. Me contó que la transferían, que no estaba feliz con el cambio, que dejar de dar clases era un gran sacrificio, pero con su estoicismo habitual le dio un manotón al guayabo y me pidió que tomara sus clases de cuarto año. Creo que las rodillas no dejaron de temblarme por varios meses. Pararse frente a un salón de adolescentes no requiere más que un poco de valentía, pero pararse a dar clases, a influir de algún modo en la formación del grupo, a exponer las vulnerabilidades de ambas partes, eso ya es otra historia. Hay que ser una especie de adrenaline junkie, de kamikaze o de lunático. Para colmo, me tocaba llenar unos zapatos que me quedaban enormes. Pero no pude decir que no…

Más allá de las dificultades habituales de enseñar en bachillerato, algo que no me esperaba era la resistencia al placer. Al placer de las palabras, claro está. Al arrebato que se puede llegar a sentir al leer una historia, un poema. Me di portazo tras portazo con mis alumnas. Dar clases se convertía, por momentos, en una negociación, en una campaña publicitaria, en un acto de malabarismo. Pero también hubo momentos de epifanía: preguntas inteligentes y desarmantes, cuentos hermosos, palabras de agradecimiento, camaradería. No sé si ese año llegué a “inspirar”, pero definitivamente salí inspirada. Una vez más, mi maestra me había dado una lección de vida.

* * *

Hoy en día la muerte se anuncia por Facebook y Blackberry. Hoy me enteré de que mi mentora había muerto. Hace poco más de un mes, conversando casi a gritos e interrumpidas por un chaparrón de esos que sólo caen en el trópico, nos despedimos de ella con la secreta convicción de que se iba a recuperar. Nos dijo que estaba dejando todo en orden. Sus cosas en la dirección del colegio, su cuarto atestado de libros. Su corazón ya estaba en orden. Salí de ese lugar que es tan mío, el colegio, con un nudo en la garganta. Las despedidas son despiadadas.

* * *

Han pasado más de diez años. Estoy de visita en Caracas. Sé de la enfermedad de Tomasita. Ceci me avisa que está en el colegio. No puedo dejarlo pasar. Y allí estamos, conversando casi a gritos e interrumpidas por un chaparrón de esos que sólo caen en el trópico. Ella está igual, un poco hinchada, pero con la misma mirada de siempre. Nos escucha, la escuchamos. No sé si ella sintió lo mismo que yo, tampoco sé si Ceci sintió lo mismo que yo. Tres cómplices de las letras. Tres personajes de una misma historia. Distintos argumentos. Una misma pasión.

* * *

En un balance final, supongo que muchas de las que estudiaron conmigo también fueron tapias, más que alumnas. Sin embargo, estoy segura de que todas recuerdan con cariño a esa anti-monja que nos mandaba a escribir cuentos, que refunfuñaba cuando perdíamos horas de clase en misa, que recitaba a Sor Juana Inés de la Cruz con los ojos entrecerrados, que se convertía en verdugo cuando había mala ortografía.

Hay gente a quien se le hace fácil y natural enseñar; otros tienen que sudarlo. Me incluyo en este último gremio; sin embargo, rememorando el vértigo que sentí en el estómago aquella mañana en que la escuché recitar a Rubén Darío, sigo irremediablemente atada a ese compromiso que es la docencia y a ese placer que es la palabra escrita, con la esperanza de que alguna vez le llegue a alguien del modo en que Tomasita me llegó a mí.

* * *

Nunca fui una alumna de veintes, pero creo que ella veía en mis ojos la necesidad de su reconocimiento. Y sin duda lo tuve. Muy a su manera, con su apoyo al grupo de teatro Terminus, con sus miradas cómplices esperando la respuesta acertada en alguna intervención en clases, con su saludo cariñoso, con sus consejos, con sus recomendaciones, con sus confesiones, Tomasita me hizo saber que estaba orgullosa.

Tomasita está sentada en la mesa de los profesores, mientras el salón entero completa uno de sus exigentes exámenes. Escribo, escribo, escribo. Las palabras saltan a la página en blanco. Debo responder todas las preguntas, tengo que saciar mi necesidad de demostrar todo lo que la literatura me da. Ella lo sabe, está ahí, sigue ahí.

* * *

Está lloviendo en Dublín. Es un día triste. De pronto he recordado un poema que siempre recita mi abuelo. Se me ocurre que Tagore lo escribió para Tomasita:

El último viaje 

Sé que en la tarde de un día cualquiera
el sol me dirá su último adiós,
con su mano ya violeta,
desde el recodo de occidente.

Como siempre habré musitado una canción,
habré mirado a una muchacha,
habré visto el cielo con nubes
a través del árbol que se asoma a mi ventana.

Los pastores tocarán sus flautas
a la sombra de las higueras,
los corderos triscarán en la verde ladera
que cae suavemente hacía el río;
el humo subirá sobre la casa de mi vecino...

Y no sabré que es por última vez...

Pero te ruego, Señor: ¿podría saber antes de abandonarla,

por qué esta tierra me tuvo entre sus brazos?
Y, ¿qué me quiso decir la noche con sus estrellas?
Y mi corazón, ¿qué me quiso decir mi corazón?

Antes de partir, quiero demorarme un momento, con el pie en el estribo,

para acabar la melodía que vine a cantar.
¡Quiero que la lámpara esté encendida para ver tu rostro, Señor!
Y quiero un ramo de flores para llevártelo, Señor,
sencillamente.

* * *

Hoy en Madrid ha sido un día caluroso. El sol reina sobre un cielo azul sin nubes. Me entero por un mensaje de Ceci que Tomasita descansa en paz. No puedo dejar de pensar en ella. No puedo evitar que en mi mente se reproduzcan, como escenas de una película, líneas enteras de los libros que leímos con ella. No puedo dejar de pensar en lo afortunada que he sido. Doy las gracias.

Está anocheciendo. Mi habitación me recuerda la descripción que Tomasita nos hizo de la suya. Una cama y libros, libros, libros. No sé si algún día llegue a marcar la vida de alguien como ella marcó la nuestra. Me conformo con saber que tuve el placer de conocerla, de ser parte de su historia, de ser un personaje más. Me conformo con cumplir día a día con mi trabajo de editora de textos. Sé que de esta manera estaré homenajeándola todos los días, porque cada vez que me enfrento a un texto, cada vez que corrijo, Tomasita está ahí, a mi lado. La de hoy es una escena triste pero la obra, como siempre, debe continuar.

 

Dublín / Madrid, julio de 2010

 

comentarios (13) >> feed
...
escrito por Ton, julio 12, 2010

Chicas, las acompano en el sentimiento... es increible todo lo que una persona puede haber hecho por uno... y que suerte podernos contar entre sus alumnas, por siempre.

...
escrito por adiliamoros , julio 12, 2010

Eso si es un profe aquel que deja en nuestra sangre la suya,las felicito por haberlo comprendido y las acompaño en su nostalgìa...

Sin comprenderte en su momento, hoy con respeto te despido pensando en aquel poema de Facundo Cabral.
escrito por Clementina Bayot, julio 13, 2010

Amaba la literatura y debo reconocer a mi pesar que Tomasita y yo sabiamos que ambas lo disfrutabamos, pero ninguna de las dos lo reconociamos... yo era de aquellas alumnas promedio en todas las demas materias pero bastante destacada en Castellano, jamas tenia que hacer un esfuerzo en esa materia en particular, y usualmente siempre tenia altas calificaciones en su materia..... Recuerdo mis aventuras con 'Ana Isabel una niña decente', 'El Tigre en la vitrina', 'Casas Muertas' de Miguel Otero Silva y tantos otros que ella nos guio a leer..... eso lo disfrute y mucho! pero a aquel adolescente jugeton, rebelde e irreverente que era yo, que sentia enormes ganas de sobresalir, de que me vieran y de que me consideraban, no me gustaban las normas y disfrutaba de retar a las autoridades,.... el resultado? botada del colegio despues de haber estadio alli por 13 años por conducta... por escribir una version de Ruben Blades que se llamaba Tomasa Navaja! y que Coco Cruz tuvo la osadia de mostrarle a la Tomasita nuevamente treinta años despues este año pasado antes de su partida..... quizas hoy con todo lo que he leido, de su muerte, de como inspiro a tanta gente, pues he de reconocer que ella vivia con pasion su mundo de las letras, que toco a mucha gente y que aun a la gente que no quiso tocar como a mi, paso de refilon y dejo en muchas como yo, tambien su digna huella incomprendida en su momento, pero no menos imborrable. Descansa en paz Tomasita!

Adiós a Tomasita
escrito por Mercedes Sotillo, julio 13, 2010

Las leo a ustedes, exalumnas de una más joven generación. A Beatriz, hija de mi amorosa compañera Begoña, y, con un nudo en la garganta, reconfirmo, una vez más, la excelencia del Colegio donde me formé, bajo la atenta y sin descanso tutela de mujeres como Tomasita Martínez.
Ellas, que renunciaron a las vanidades que nos seducen a todas las demás, para entregarse a nosotras, niñas y jóvenes, la mayoría de las veces displicentes y malagradecidas, siempre deseando escapar de sus normas y de su vigilancia .
Tomasita, Sagrario Santiesteban, Leyla Urbina, y muchas otras más, con la vista fija en un horizonte invisible para nosotras, silenciosamente entregadas a la voluntad de Dios.
Aunque no fui su alumna, yo sí compartí con ella, hombro a hombro, como profesora, y eso me dio la oportunidad de colocarme en otra perspectiva y rendirme ante la evidencia de que ella y las demás no sólo quedaron sembradas en mis recuerdos, sino en lo hondo de mi alma.
¡Que Dios te tanga en su gloria, Tomasita! Intercede por tu amado Colegio Cristo Rey y por Venezuela.
Mercedes Sotillo


Con cariño a Tomasita.
escrito por Begoña Cortiñas, julio 13, 2010

Hace mas o menos un mes estuvimos juntas, tu nunca me diste clase, en los dos años de humanidades, que pasé en el Colegio.
No sé como ni cuando comenzó nuestra amistad, si recuerdo que conversabamos en los recreos y en esos ratos nos fuimos haciendo amigas. Después cuando Beatriz comenzó a estudiar en el colegio,volvimos a retomar esa amistad.
El Colegio Cristo Rey ha perdido una de sus mejores profesoras y una persona excepcional para tratar tanto a alumnas,profesores y padres.
Al leer lo escito por Ceci y Beatriz, siento envidia de todas las alumnas que si la tuvieron como profesora, estoy segura de que hubiera disfrutado muchísimo esas clases.
Querida Tomasita desde donde estes,danos tu bendición.

...
escrito por carla, julio 13, 2010

Volví a verla en 2006 cuando mi promoción cumplió veinte años de graduada. Le llevé de regalo Obabakoak de Bernardo Atxaga, el mayor escritor vasco de nuestro tiempo. No estaba segura de si ella era navarra, pero intuía que sí. Me lo agradeció de manera sentida a la vez que recordaba con cariño a mis papás. Me preguntó por mi vida. Le dije que estaba divorciada y que ahora vivía en pecado pero era feliz. Asintió con una sonrisa piadosa más comprensiva y reconfortante que la de la mayoría de mis amigas que no llevan hábito ni velo. Escribir y leer es lo que más amo en la vida además de a mis hijos, al flaco, viajar y al cine. En la UCV tuve como maestros a Cabrujas, Chocrón, Ulive, Gené y un larguísimo etcétera, pero en mí, la pasión por las letras y los muchos viajes y vidas posibles a través de ellas, la insufló la madre Tomasita. No sé si nunca lo supo, jamás se lo dije. Espero volver a verla, dentro de mucho tiempo, para poder darle las gracias por incentivar en mí el amor por el conocimiento.

...
escrito por carla, julio 13, 2010

Gracias por el extraordinario texto Ceci y Bea.

Hasta luego Madre Tomasita
escrito por Mariann R. Aristiguieta, julio 17, 2010

La quiero profundamente sin saber por qué, aunque motivos no me falten, el sentimiento que me produce pensar en ella va más allá de cualquier recuerdo o explicación racional que pueda darle. Es un sentimiento indisoluble con el recuerdo que tengo de mi colegio, tatuado con su cara, su voz y sus gestos.
Durante mi bachillerato no destaqué particularmente por mis notas pero ella nunca dejó de hablarme de mi inteligencia, concepto para mí un poco abstracto y al que sinceramente no le daba demasiado valor, y aun hoy en día tampoco se lo doy. De hecho antes de llegar a este mood de despedida siempre me he reprochado a mí misma el no haber aprovechado a cabalidad las clases de la madre tomasita como otras de mis compañeras que si que la seguían y debetían libro tras libro, yo no. Más bien me recuerdo preguntándole la mañana del examen a compañeras como Ela (que partió antes que Tomasita) o a Rona una breve sinopsis del libro para luego destacarme inventando argumentos y razones en los exámenes; pero aún así años más tarde cuando me ha tocado releer, o más bien leer por placer obras como Fuenteovejuna, La Trepadora o Casas Muertas, entre muchas otras siempre tengo la voz de Tomasita tan nítida como si acabara de llegar del colegio de alguna de sus clases, e incluso llegan a mi memoria debates que mantenían durante la clase acerca de muchos de los tópicos expuestos en los libros y me rio pensando ahhhh se referían a tal o cual cosa... y es cuando siento pena de que mi cuerpo hubiera estado allí mas no mi mente. Pero aún así me maravilla cómo desde el inconsciente logró calar en mí más que nadie más durante esos años de colegio.
La recuerdo preguntándome siempre por mi papá, y que siempre le gustaba citarlo a él en lugar de a mi mamá cuando algo hacía mal porque ambos eran de la misma ciudad de España (León), y me imagino que toparse con un compatriota de ciudad allende los mares debe ser muy emocionante, si yo todavía me emociono cuando veo un venezolano por europa y eso que hay para tirar para el techo, más en este caso.
Tuve la suerte de verla por última vez en el 2007 cuando hice un viaje a Caracas para buscar mis notas en el colegio y fue ella quien me las dio :-) Me preguntó que dónde vivía y le dije que en Barcelona y sonrió, acto seguido me preguntó por mi papá y le dije que estaba bien y volvió a sonreir.
Su partida me ha entristecido mucho porque la quiero como a ningún otro profesor. Es una sensación extraña pero en verdad siento que la quiero.
Descance en paz Madre Tomasita.-


Post Data a Tomasita parte 1
escrito por Gabriela Larrazábal de Ayala, julio 19, 2010

Cuando leo todo lo escrito en estos comentarios me invade una gran emociòn y orgullo por nuestra insigne profesora y aunque no sé si estoy siendo un poco intrusa al invadir este espacio quisiera compartir algo que escribí con ocasión de su partida.

POST DATA PARA TOMASITA

Mi muy querida Tomasita:

¡Cómo no escribirte una post data después de tantas cartas, enviadas a ti, que tus enseñanzas y valores inculcados me inspiraron!

“En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho vivía” una mujer, llamada Tomasita, de las “de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor”! Cómo no citar al Quijote de Cervantes cuando me dirijo a ti, mujer siempre dispuesta, principios conservadores, desprendida y luchadora!

¡Cómo no aprovechar la pluma que me enseñaste llena hoy de amor y profundo agradecimiento a ti, a la vida y a Dios!

¡Cómo no decir el correspondiente discurso con ocasión de tu certera entrada al Cielo!

No es fácil acostumbrarse a tu ausencia. Cierto es que nuestro trato no era diario, ni tampoco demasiado frecuente, pero eras como un gran árbol que me daba sombra con un gran tronco que me servía de apoyo en la vida. Era una amistad tácita, conjugada en presente con un sí incondicional. Y ahora siento un vacío que no sé explicar. No sé explicar porque es un vacío lleno. La madre Teresa de Calcuta decía: “Cuando encuentres un hueco en la vida llénalo de amor”. Y no me falta amor para hacerlo. Un amor íntegro, pleno de fortaleza, rectitud, congruencia, lucha, servicio, justicia, honestidad, fe...muchas virtudes en una sola persona, que fue una de mis maestras, no sólo de literatura, sino maestra de vida.

Fueron muchas las veces que conversamos largamente. Como alumna, Dios me dio la luz para descubrir que en ti tenía la maravillosa oportunidad de nutrirme de tus conocimientos y admirar tu inteligencia y tu sensibilidad estética, adentrarme muy de la mano contigo en lo profundo del pensamiento humano a través de las reflexiones literarias. Cuánto discutimos sobre nuestros gustos y nuestros puntos de vista acerca de autores y obras de la literatura y en medio de la pasión de la adolescencia, sin yo darme mucha cuenta, porque estoy segura que tú si lo sabías, me llenabas de criterios y valores que encauzarían mi caminar por la vida hacia el “discernimiento”, hacia la toma de decisiones, hacia el éxito. Y así seguiste, formando “buena gente” como nos llamabas siempre al saludarnos. Como madre, también tuve muchas bellas oportunidades de conversar, ya como amigas, pero siempre, de mi parte, con ese deseo nostálgico de encontrar en tus palabras y en tu ejemplo la guía y el apoyo que necesitaba y que siempre encontré.



Post data a Tomasita parte 2
escrito por Gabriela Larrazábal de Ayala, julio 19, 2010

Recientemente, tuve dos bellas ocasiones de recibir una vez más la bendición de tus lecciones de vida. Me acuerdo el año pasado cuando lloré ante ti, angustiada y decepcionada y recibí tu cariño, la fortaleza y la esperanza que me devolvió casi mágicamente la serenidad. Y hace apenas unas semanas, fui a ti para despedirnos, o mejor dicho, para despedirme, porque era yo quien me iba de tu vida, porque tú siempre vas a permanecer en la mía a través de todo el legado que firmaste en mi mente y en mi corazón. Quise conversar contigo, con tu alma, con tu lucidez, con la mujer franca. Y así lo hicimos, durante dos horas casi ininterrumpidas que Dios nos regaló. Me hablaste de tu enfermedad, de tu familia, de tu muerte, de tu fe, hablamos de la belleza, hablamos de amor, hablamos de Dios. La teoría había quedado en el salón de clase y la práctica aparecía y lucía con tu ejemplo: “los árboles mueren de pie”. Me dijiste que todas las decisiones que habías tomado en tu vida habían resultado acertadas, que tu decisión vocacional había sido la mejor, pues no hubieras sido feliz de otra manera, que habías entregado tu vida a servir y a formar y que lo seguirías haciendo hasta cuando Dios te lo permitiera, que tu enfermedad había sido un regalo, una bendición, que te había servido para valorar lo esencial y realmente importante de la vida, y para darte cuenta de la solidaridad de la gente y de lo mucho que te queríamos. Que conocer con tiempo la decisión de Dios de llevarte con El te había permitido organizar mucho y despedirte de todo y de todos, que estabas más que agradecida por la vida feliz que tuviste. “Siempre fui feliz...No puedo ser incongruente con mi vida, debo asumir esto con agradecimiento y con mi deseo de seguir dando hasta donde pueda...debo morir como viví… no puedo ser de otra manera”. Sabias palabras que espero recordar si Dios también me regala la oportunidad de despedirme de los que quiero el día que me toque vivir mi muerte.

Se siente raro llegar al colegio y pensar que no estás. Tengo que pensarlo porque aún no lo siento. Todavía se siente tu presencia porque eras lo que el padre Del Rey dijo ayer en la misa: Una heroína silenciosa. Sin bulla, sin aspavientos, callada y humilde, con temple y firme. Construiste cátedras, hermanas, docentes, mujeres y miles de corazones sin distingo, domaste ímpetus bravíos, encauzaste aguas desviadas y llevaste barcos a buen puerto.

Por ahora y siempre que Dios nos lo permita, tus hermanas de Congregación, tu familia, tus alumnas y ex alumnas, tus representantes, todos tus colaboradores, tus amigos, tu “buena gente”, aquí seguimos. ¿Cómo dejar de luchar, si esa fue tu gran lección? Debemos seguir, llenos de alegría y de profundo agradecimiento por habernos enriquecido con tus enseñanzas y tu cariño. Debemos seguir construyendo, con la fuerza de tu ejemplo, servicio incansable, para gloria de Dios.

¿Por qué escribirte una carta, si ya no estás? Porque..... ¡sí estás! Estás allá, en tu meta máxima y anhelada, ante la presencia de Dios, pero sigues aquí y mi deseo es que sigas estando, en cada cabeza, en cada corazón, en cada proyecto y en cada ilusión, de todos y cada uno de los que conocimos, admiramos y disfrutamos de tu valor personal. Quiero que estas palabras que hoy escribo sirvan para ayudar a mi memoria en caso de que falle, aunque nada sale de la cabeza si está en el corazón, y para testimoniar lo que fuiste ante las venideras generaciones, porque tu labor continúa silenciosamente…

Mi muy querida Tomasita: no es un adiós. Una vez escribí esto que te entregué la última vez que nos abrazamos y nos dijimos lo mucho que nos queríamos: “En el no tiempo de la eternidad, tal vez haya un no espacio para sentarnos nuevamente a conversar, disfrutando de la complicidad que siempre Dios nos regaló”.

Hasta cuando Dios quiera!!!
Gabriela.

Caracas, 14 de julio de 2010



Recordando a tomasita
escrito por luis machado, agosto 24, 2010

Bueno, yo conoci a tomasita hace poco como 6 años, cuando inscribi a mis hijas en el cristo rey, y fue una persona verdadera inigualable, sencilla, bondadosa, y muy acertadas en sus comentarios, hace poco me entere de la noticia y a pesar del poco trato, lo senti mucho, por que me di cuenta que transmitio mucho a sus amigos, y alumnas, y estoy seguro que desde el corazon de cada uno de ellos , ella siempre estara alli

RECORDANDO A TOMASITA A TRAVÉS DE LA QUE FUE MI TOMASITA, CECI.
escrito por LILIA CONVIT CÓRDOVA, agosto 30, 2010

Hola Ceci, cómo estás?

Como bien sabes soy la cursilería en persona, y lo confirmé al leer lo que escribieron. Cada una de las cosas que describieron a Tomasita me hicieron recordarte a ti. Me dolió muchísimo su partida, jamás pensé que sería tan fuerte. La vi apenas uno o dos días antes de que estuviera en cama y para darle la noticia de mi boda. Probablemente fui la última persona que anotó en su ordenada agenda.

Quiero que sepas que esa admiración que ambas sentimos por ella la siento yo por ti, mi profe de Castellano y Literatura!! Jamás voy a olvidar el primer día de clase cuando llegaste con Tomasita (si mal no recuerdo) y nos contó de ti beca en Italia y tu pasión por la Literatura, Y NO SE QUIVOCÓ!

Aún conservo tus ensayos y cada detalle que me corregiste. Siempre recuerdo que me hablabas de mi obcesión por el PUNTO Y COMA, y de verdad, trato siempre de evitarlo jeje

Gracias por permitirme compartir contigo lo que escribieron y hacerme recordar quién fue "mi Tomasita" y quién despertó mi amor por la lectura que aún conservo.

Te quiero mucho

Lilia Convit

RECORDANDO A TOMASITA A TRAVÉS DE LA QUE FUE MI TOMASITA, CECI (fe de errata)
escrito por LILIA CONVIT CÓRDOVA, agosto 31, 2010

Hola Ceci, ¿cómo estás?

Como bien sabes soy la cursilería en persona, y lo confirmé al leer lo que escribieron. Cada una de las cosas que describieron a Tomasita me hicieron recordarte a ti. Me dolió muchísimo su partida, jamás pensé que sería tan fuerte. La vi apenas uno o dos días antes de que estuviera en cama y para darle la noticia de mi boda. Probablemente fui la última persona que anotó en su ordenada agenda.

Quiero que sepas que esa admiración que ambas sentimos por ella la siento yo por ti, mi profe de Castellano y Literatura!! Jamás voy a olvidar el primer día de clase cuando llegaste con Tomasita (si mal no recuerdo) y nos contó de tu beca en Italia y tu pasión por la Literatura, Y NO SE EQUIVOCÓ!

Aún conservo tus ensayos y cada detalle que me corregiste. Siempre recuerdo que me hablabas de mi obsesión por el PUNTO Y COMA, y de verdad trato siempre de evitarlo jeje

Gracias por permitirme compartir contigo lo que escribieron y hacerme recordar quién fue "mi Tomasita" y quién despertó mi amor por la lectura, amor que aún conservo.

Te quiero mucho

Lilia Convit

Escribir comentario
quote
bold
italicize
underline
strike
url
image
quote
quote
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley

busy
< Anterior   Siguiente >

Patrocinante