Guía del lector
Recomendadas
Personajes lectores Personajes lectores
La literatura es un territorio poblado de personajes que encuentran en el oficio de la lectura una especie de destino que muchas veces desemboca en la obsesión, la locura o la tragedia. Este mes, ReLectura les preguntó a los escritores venezolanos sobre aquellos lectores de la ficción que les resultan memorables. Lo primero que se nos ocurre es el protagonista de Continuidad de los parques, de Cortázar, un lector que sin que el lector del cuento se dé cuenta, se va convirtiendo en la víctima ficcional de la novela que está leyendo en el sillón de terciopelo verde. Rafael Castillo Zapata El mayor de todos, el más delirante, el más fanático y loco lector, el más hilarante y el más patético que conozco: Charles Kimbote, el crítico de John Shade en Pálido fuego de Nabokov. Mandrake, el detective/policía de Rubem Fonseca y la mesonera/telépata Sookie Stackhouse de Charlaine Harris. El inspector Montalbano de Andrea Camilleri es el último personaje en entrar a la cofradía de mi imaginación. Fue una desilusión verlo en la versión de la televisión italiana, e hizo tambalear por un tiempo a la versión literaria. Leyendo una nueva novela acabé con el traidor televisivo y ahora ha vuelto a reinar el auténtico personaje en esa mezcolanza borrosa y mutante que son mis héroes. Enza García Recuerdo a Harry W. Robinson del cuento El poeta fantasma de Miguel Gomes uno de mis lectores predilectos, como materialización de un maestro inesperado capaz de recetar grandes soluciones a los conflictos de la vida: Un poco de Yeats, un poco de Stevens, un poco de William Carlos Williams es todo lo que se necesita para morir en paz. Pero lo más importante: Quien lee con atención a Emily Dickinson jamás se suicida. Pienso en uno de los grandes personajes lectores de la literatura latinoamericana y de golpe encabezando la lista aparece Horacio Oliveira y sus compañeros del Club de la serpiente en Rayuela. Largas y extraordinarias conversaciones sobre literatura y filosofía, junto con Morelli, Wong, Perico y Gregorovius... Todos apasionados lectores. Ignatius Reilly y Mirna Minkoff, de La conjura de los necios de Kennedy Toole. Un tal Guaica de Historias de la calle Lincoln de Carlos Noguera. Madame Sophie Arnoux de La educación sentimental de Flaubert. Becky Sharp, de Las ferias de las vanidades de Thackeray. Leopold y Molly Bloom del Ulises de Joyce. Moll Flanders de Dafoe. Juan Pablo Castel de El túnel de Sábato. Nereo Pacheco (que era el carcelero real de la cárcel de La Rotunda) de Memorias de un venezolano de la decadencia de José Rafael Pocaterra. El Panchito Mandefuá de José Rafael Pocaterra. La María Eugenia Alonso de Ifigenia de Teresa de la Parra. Doña Bárbara, of course. Una tal Graciela que salía en La nave de los locos de Peri Rossi. Holden Caulfield del Catcher in the Rye de Salinger. Un hombre celoso increíble (no recuerdo el nombre) que sale He Knew He Was Right de Trollope. La Justine de Sade. La Blanche Dubois de Tennessee Williams. Hace miles de años leí un cuento fabuloso de una alemana que se llamaba Doris Dörrie que tenía unos personajes femeninos de la noche increíbles. Las mujeres de playa de Cesare Pavese. La mujer y el hombres adúlteros de La belle du Seigneur de Albert Cohen. La señora de servicio de la mujer adúltera. La Françoise de Proust. En fin, lo paro aquí porque asocio muchos de los personajes que más me han gustado con atmósferas que no tienen cara fija. Justo ayer, mientras escribía una nota sobre Verano, el libro de Coetzee, recordé a Mariam Halcombe, mujer lectora y personaje fascinante que vive en La dama de blanco, la novela de Wilkie Collins. Mariane Halcombe es un hito: su mente no opera bajo los códigos de la feminidad de su tiempo. Le interesa el mundo, opina con soltura, discute las ideas de los hombres, transcurre en estado de vigilia. Si se me permite, diré que se ha emancipado del temario, los lugares comunes y las conductas que se esperaban de las mujeres en su tiempo. Tom Ripley, Jane Eyre, Tom Sawyer, La Maga, David Martin, Anna Karenina, Cyrano de Bergerac, Robinson Crusoe, Ulises Lima, Sherlock Holmes, Monsieur Poirot, Tin Tin, Oskar Matzerath, Hamlet, Fausto, Madame Bovary, Philip Marlowe, Daniel Quinn, Don Quijote, María Eugenia Alonso, Pepe Carvalho, Sherezade. Los personajes lectores que más recuerdo son el colectivo que, en Farenheit 451, de Ray Bradbury, memorizan las grandes obras de la literatura universal para que no sean exterminadas por los bomberos. Recuérdese que, en esta novela, la labor de los bomberos no es apagar incendios o realizar rescates, sino quemar libros. Ese colectivo que memoriza obras como La Odisea es en verdad inolvidable. El profesor Peter Kien de Auto de fe (Canetti) es uno de los más repulsivos pero fascinantes de la literatura del siglo XX. La Alicia de Lewis Carroll, el Harry Haller de El Lobo Estepario, Juan Cristóbal de Romain Rolland, son entrañables. Recuerdo con cariño al librero Mendel que aparece en un cuento de Stefan Zweig. Pero los mejores son los personajes secundarios que leen en sus mullidas tumbonas, al pie de la chimenea y que encontramos en las novelas góticas inglesas o las naturalistas francesas del siglo XIX. También los de Agatha Christie, como Lord Edgware, que son asesinados en sus estudios, rodeados por libros. De la literatura venezolana no recuerdo un protagonista en especial, pero sí la reunión de personajes lectores que habitan en novelas como Al sur del Ecuanil de Renato Rodriguez (Eduardo y David, por ejemplo) o en las de Liendo y Massiani. Consciente de que muchos lectores ficticios son marcados por la tragedia o la locura y que esto lleva a pensar en una secreta sospecha cultural contra los lectores entregados con afán a las páginas de los libros, pienso en el lector de Continuidad de los parques de Julio Cortázar. Por muchos años y debido a este cuento, merodeé la idea de la ruptura de fronteras que ofrece la lectura. Otro lector que me es inevitable recordar es el Aureliano que descifra el manuscrito para descubrir que la culminación de su lectura marca la destrucción de su estirpe. Gracias a esta pregunta, me detengo en los finales trágicos, como el que probablemente alcanzó al lector del cuento de Cortázar y con seguridad, al último de los Aurelianos. Nunca me ha gustado que se culpe a los libros de la locura de Alonso Quijano, aunque algunos críticos interpretan esto como una ironía más que como un cuestionamiento hacia las novelas de caballería. Winston Smith de 1984 de George Orwell. Larry Darrel de Razors Edge de W. Somerset Maughan. Arthur Gordon Pym, de Poe. Mi lector-escritor ficticio favorito, sin lugar a dudas, habita en un pequeño cuento de Borges y se llama Pierre Menard, quien decidió acometer la empresa de escribir el Quijote. 
Carlos Pacheco y Luz Marina Rivas
Blanca Strepponi
Federico Vegas
Martha Durán
Leopoldo Tablante
Dibujo de Diego Celma Prado
Nelson Rivera
Mharía Vázquez Benarroch
Armando José Sequera
Andrés Boersner
María Antonieta Flores
Joaquín Ortega
Florencio Quintero
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

