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Poemas de Joaquín Ortega 4 poemas de Joaquín Ortega
Palo Verde
Te elevas
Y aunque adulto
Repites la residencia de papagayos
Como un Brooklyn nuestro
Esperas despierto hasta siempre
Como una metrópoli separada
Donde nunca se guardan carruajes
Amable y peligrosa comarca de rostros conocidos
De los culos más buenos que nunca te saludan
De las cavas de cerveza
A las que le sobran manos y le faltan monedas
De las jodas y las peas que abundan y jamás te niegan
Refugio de hermanos más allá del estacionamiento
Conurbanos de protestas
Inmigrantes a débitos forzados
Galeotes de tesoros momentáneos
Noche y mañana que antes de irse regresa
En horas eternas de motores febriles y escaldados
Noctámbulos
Escupidos y remolcados por la serpiente plateada que desanima al frío
Cuando niño
Mi edificio era
Mi otra nave espacial
Con la vida es vándalo de opresores
Góndola del peregrinaje astral.
Caracas, Tebas
A la rabia
Profesé furia
Estuve fuerte en maldecir
Y maldije
Señalando culpables para que los lincharan
Le enseñé las uñas a inocentes
Para merecer sus silencios
Celebré borracho sobre pieles de cobardes hechas cincha
Tomé a la mujer ajena
Y la separé en la oscuridad de sus hijos
Mientras la lloraban esperando
Yo reía relamido sobre sus muslos
Royendo ensañado
Todo borde
Toda teta
Escupiendo sus aprecios
Desde Tebas hasta Pompeya
En el terminal de los tiempos
Maté a las niñas de todas las matronas
Haciendo que tragaran aquel espíritu venenoso
Robé hasta hacer esclavas a las hijas de mi padre
Y vendí tras unos dados la estrella de todos los sepulcros
No hubo envidia que no traspusiera mi mente
Ni vicio que no solfeara en mi lecho
Con las manos
Juntando a la tierra
El Compasivo fabricó fuego
Y pude rasgar el seno
Sacando a los ogros
Sus semillas
Su alimento
Plenitud
Yo era un niño que observaba la luna llena y que le tenía miedo a los apagones, que no confiaba en los gatos hasta que un día, uno negrísimo rozó mi mano izquierda.
Al cabo de un rato se trepó a mi regazo y ganó mi mano derecha para sus caricias.
Obtuvo mi confianza para comer de mis pestañas -que luego escupiría sobre mi frente-
Secas las amontonaba para luego pasarme sus tetillas y su sexo cerca de la boca -apretada con fuerza hacia sí misma víctima de una higiene heredada-
Al finalizar sin éxito su primera tentación, se bajó de mi frente.
Quedé tumbado de espaldas, sólo para verlo transformarse en niña, bailando desde una pantalla, dibujando una serpiente.
Y me hizo que la amara, y que luego las amara a ambas, pero allí no había aventura ni nada nuevo -ni siquiera viejo-
Todo se resumía en la misma insulsa y rutinaria vuelta alrededor del borde de un caldero.
Salté de esa hojilla circular que hacía tiempo había perdido el filo.
Perdí la partida curtiendo lo distante.
Así, a solas escribo y a solas muero, sin interés por otra huida y sin siquiera interés por el miedo.
Chaguaramos rotos
Chaguaramos rotos
Tan abajo como el aire
La montaña que pasó en silencio antes de ser derrumbada
Apoyada en sus patas delanteras
Como elefante ido de cabeza
Perdida en un regato que traga el alma antes que a los cuerpos
Mintiendo la mala palabra en una fricción y cinta
Lavanda bajo la cacería
Oferta de piernas póstumas en su alegría de ruedas ajenas
Otra promesa secada al sol
Paredes desgarradas que se sostienen por la sombra de
Un faro mudo imaginario
Chispazos de arena
Marmolada en círculos ebrios
| comentarios (3) >> |
escrito por Vero Roig, abril 09, 2010
hermosisimos poemas
los escuhè el dìa de la lectura en el buscòn
imprescindibles, que de buen tono tenerlos aqui en Relectura
escrito por Greta, abril 29, 2010
quien te conozca que te compre
escrito por omar noria, abril 29, 2010
Joaquín: Caracas-Tebas es exultante. Me dio por inventar un personaje, actriz de tu poema, enamorada del dueño de la Wells-Fargo y a quien robas para llevártela de viajera a una de esas noches beodas de Chacao con tus panas, sólo para mostrar tu imaginación en el humor de los vinos, y las cervezas que se tragan a borbotones.
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