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Vázquez Benarroch, Mharía Vázquez Benarroch, Mharía
Obra publicada
Caracas, mayo 1958. Se crió en un campo petrolero al sur del Lago de Maracaibo, y Caracas la deslumbró para siempre, al llegar a ella para estudiar primer grado de primaria. Finalmente Licenciada en Letras (UCV) y en Comunicación Social (UAB, Barcelona-España), PH. D. en Fine Arts (UCLA-USA), la vida le llevó la contraria y en vez de enseñar en una universidad, escribió gingles para jabones y refrescos, fotografió paisajes imposibles, danzó bajo las balas en más de trece países y terminó haciendo llorar y reír a las amas de casa, en el mejor y más divertido oficio que un escriturante pueda tener: las telenovelas.
Poeta, reportera internacional, fotógrafa y guionista de telenovelas (actualmente escribe para Colombia y Chile). Ganadora de premios nacionales como el Fernando Paz Castillo, Bienal Chío Zubillaga, Bienal de Calabozo, también posee Premios internacionales como el Miguel Hernández (Sevilla, España) y el Queen Mary and Westfield Collage de la Universidad de Londres. Sus reportajes de conflictos políticos, desde 1977 para la BBC de Londres en español, gozan de reconocimiento internacional. Fue profesora titular de Literatura latinoamericana en la UAB (Universidad Aperta de Barcelona, Catalunya), durante seis años. Dirigió desde 2001 a 2004, la redacción del periódico on-line de La Vanguardia, en Catalunya. Participa desde 1979 a 1982 en los talleres de escritura de Fundarte (Gabriel Rodríguez) y del Celarg (Tomás Eloy Martínez, Narrativa y Luis Alberto Crespo, Poesía). Es colaboradora permanente de la Revista Quimera (España), y en Caracas dicta su Taller de Poesía y Narrativa Imago Mundi, desde 2006, donde abre camino al nuevo talento venezolano.
Su obra poética y narrativa (cuentos y obras teatrales), están traducidos al italiano, inglés, alemán, sueco y catalán. Ha traducido poesía al español, del inglés, catalán, gallego, italiano y ruso para varias editoriales europeas.
Su trabajo poético aparece incluido en las siguientes antologías: Antología de Poesía Amorosa de Venezuela. El Dulce Mal, autor: Harry Almela (Editorial Aguilar, Caracas 2008), colección de Leonardo Padrón; Quienes escriben en Venezuela, de Rafael Ángel Rivas (Conac, Caracas, 2004), El coro de las voces solitarias. Una historia de la poesía venezolana de Rafael Arraiz Lucca (Editorial Sentido. Caracas, Venezuela, 2002); Poesía en el Espejo. Estudio y antología de la nueva lírica femenina venezolana (1970-1994) de Julio Miranda (Fundarte, Caracas, 1995); Literatura de fin de siglo (Inti Revista de Literatura Hispánica. Editada por Julio Ortega. Brown University. Providence, 1993), Flor y Canto, Antología de Poesía Venezolana de Elena Vera (Academia de la Historia, Caracas, 1985), Antología de Voces Jóvenes de la Asociación de Escritores de Venezuela (AEV, Caracas, 1983). Aparece en el Diccionario de Autores Venezolanos, Universidad de Los Andes (Mérida, 2006).
Sobre la escritura
La necesidad de mirar hacia atrás para fijar raíces. Hacer memoria, tocar tierra. Escribir para mí es tocar tierra. Hija de inmigrantes de varias guerras y muchos países perdidos, siempre sentí la necesidad de fijar un lugar que me perteneciera, que fuese sólo mío, una patria para perdurar el misterio que somos, y esa patria tiene dos territorios: Caracas y la escritura. Imposible vivir sin la una o sin la otra. Ambas me invaden, me esclavizan y me subyugan Pero luego de la huída, siempre vuelvo a ellas, como a un violento amor sin salida.
Escribir, es un modo de conjurar, batallar por algunos gozos, realizar la nekia infernal contra la rutina y el olvido. Escribir es hacer una oración, una epifanía de vida, para seguir luchando contra el ángel de la muerte.
En Cinco voces para el Templo, lectura de poesía en la Biblioteca de la UCV, en la que MhVB participó junto a Patricia Guzmán, Sonia Chocrón, Gabriela Kizer y Jacqueline Goldberg. Caracas, 2009. Aquí en la foto, todas ellas junto a Nelson Rivera.
Mis libros: mis fervientes dioses
Mis dioses literarios son diversos, se entretejen en una red de adoración y consulta, que no cede a la fuerza de los años, y que continua vigente en mi extrema vigilia de escritora. En la extrema soledad de la escritura, de esta angustiosa letra que ha viajado y vivido en muchos países, ellos, los autores favoritos, me acompañan, me confortan y siempre me recuperan a Caracas, a su desoladora pero siempre querida presencia. Con mi padre, Álvaro, y mi abuela Sofía, vinieron Verne, Kipling, Byron, William Blake, Milton, la Torá, Las Mil y una Noches, y Shakespeare, siempre Shakespeare. Luego, ya adolescente, me sedujeron Rilke, Heidegger, Rulfo, Cortázar, Huidobro, Vallejo, Neruda, Ungaretti, Cuasimodo, Moravia, Faulkner. Luego vino la Escuela de Letras, y Hanni Ossott, Rafael Cadenas y Margara Russotto me marcaron a fuego con su poesía y sus dioses particulares, conmovió a mi corazón con Pessoa, Cavafis, Hölderlin, Dylan Thomas, Robert Frost, William Carlos Williams y Emily Dickinson, María Fernanda Palacios me llevó a Kafka y a Proust; León Algisi me descubrió a Platón y a los inmortales griegos, y el querido López Pedraza me abrió el mundo del inconsciente, haciendo de C. G. Jung un faro, en mi oscuro camino. Después, la vida y la caja tonta de la TV, me trajeron como amigos insondables a José Ignacio Cabrujas, Salvador Garmendia y Julio César Mármol, y junto a ellos descubrí la pasión por Góngora, Dumas, Hammet, Patricia Highsmith, Quiroga, Yourcenar, Oshima, Oé y Maupassant. Cada poema, cada palabra, aun en mis novelas, eso que escribo y que soy día tras día, rinde su tierno tributo a quienes debo mi marca de poeta, por afecto y por altura: Manuel Rivas, Álvaro Mutis, José Emilio Pacheco, Juan Gustavo Cobo Borda, Julio Miranda, Armando Rojas Guardia, Hanni Ossott, Patricia Guzmán, Juan Sánchez Peláez, Gustavo Pereira, Ida Gramcko, Enriqueta Arvelo Larriva y José Antonio Ramos Sucre. Con ellos:
vuelo como Ícaro cada noche y cada mañana recojo mis alas quemadas (*)(*) Poema de Amarrando la paciencia a un árbol.
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