Autores
Lista de Autores
Guzmán, Patricia Guzmán, Patricia

Obra publicada
En el jardín de la casa de Emily Dickinson
Caracas, 1960. Licenciada en Comunicación Social. Poeta, periodista y profesora universitaria. El periodismo cultural sirvió como eje de su actividad profesional. Además de dirigir la sección de Arte del diario El Nacional, creó y dirigió los suplementos literarios Bajo Palabra de El Diario de Caracas y Verbigracia de El Universal. Es autora de seis títulos de poesía que han merecido la atención de la crítica nacional e internacional, que distingue su voz como infatigable e impregnada de resonancias de la literatura mística de Occidente. Su nombre ha sido incluido en las más importantes antologías de poesía venezolana. Poemas de todos sus libros han sido publicados en revistas y suplementos especializados de habla hispana y en el país, y traducidos al italiano, al francés y al inglés. Formó parte del Taller Calicanto de Antonia Palacios y del que condujera Luis Alberto Crespo en la Casa Rómulo Gallegos. Obtuvo el Doctorado en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de La Sorbona (París). Forma parte del cuerpo académico de la Escuela de Comunicación Social, de la que fuese directora, de la Universidad Católica Andrés Bello. En 1997, dictó cursos en la Universidad de Brown (Providence, Rhode Island) con rango de Profesor Asociado Visitante del Departamento de Estudios Hispánicos de dicha universidad.
Lectura y escritura
Mi experiencia vital y escritural está íntimamente ligada al libro y a la lectura. La lectura despierta, enciende en mí, al dar con una palabra, frase o imagen, la urgencia, la disposición a escribir, a iniciar lo que aspiro sea un poema. Le debo, en buena parte, a las lecturas que he acometido los libros que he alcanzado a escribir. Mientras leo, tengo la sensación de ir sorteando acantilados, entreviendo, auscultando, y hasta arrastrada y compelida a decir, a repetir un sonido o silencio no miento ni exagero que he sentido. Pero no soy una lectora rápida, con método, ni intento estar actualizada. Llego a los libros y/o éstos llegan a mí bajo el signo de la coincidencia, diría, providencialmente. Confieso más: mi biblioteca está dispuesta como un pequeño santuario. Muchos de mis libros dan la cara (no la franja vertical que registra los datos) sobre todo si en la portada está la imagen del autor que también puedo tener en portarretratos sobre mi escritorio.
Mis libros (o mejor, autores) preferidos Son mucho más de diez libros, de procedencia, naturaleza e intensión diversas. Pero más que mencionar libros me resulta más afín y sincero mencionar autores. Debo comenzar por San Juan de la Cruz y Santa Teresa pues me resultan imprescindibles, tanto como el relato El cantar de cantares entrañado en mí desde la primera línea del Rey Salomón. Grande ha sido mi entrega a Hölderlin, Blake, Rilke, Celan, Cavafy, Eliot. Con sobresalto recorrí la Divina Comedia de Dante. Horas consagré a Proust, En busca del tiempo perdido, dejé los ojos en la arena de La muerte en Venecia de Mann. Henry Corbin con sus comentarios a los relatos visionarios de carácter simbólico-místico de Sohravardi, y Heidegger leyendo a Hölderlin, me sedujeron, tanto como el teólogo sueco Emmanuel Swedemborg con El cielo, sus maravillas y el infierno, y El secreto de la flor de oro, El libro de los muertos tibetano, La Biblia y La Torá. Cuando comencé a leer poesía, me volqué y aún lo hago sobre Góngora, Antonio Machado, sobre César Vallejo y sobre Borges, sobre el Altazor de Huidobro, además de sobre El arco y la lira de Paz, e hice del Libro del Desasosiego de Pessoa mi bitácora existencial. En paralelo leí a Lezama Lima, Ungaretti, Quasimodo, Pavese, más adelante alcancé a llegar hasta Venecia de la mano de Brodsky. Nunca abandonaré los claros del bosque de María Zambrano, a la Duras ni a la Yourcenar Memorias de Adriano, Fuegos y esa gran pieza de poesía narrada que es El último amor del Príncipe Genghi. Leer y conocer a Severo Sarduy fue un acontecimiento y cuánto me sobrecogió la edición póstuma de sus Pájaros de la playa, tanto como escucharle cantar los poemas de Un testigo fugaz y disfrazado; me dejé llevar por los relatos de Mishima (El muchacho que escribía poesía), como antes por la Annabel Lee de Poe y por supuesto por El Cuervo, por Beckett, y por Los muertos de Joyce y por toda la cuentística de Cortázar, amén de Rayuela. Transité muchos días tras la poesía que subyace en las páginas de Gallegos, de Elisa Lerner, de José Balza, como lo hiciera en su momento ya lejos en las de Rulfo, Sábato, Fuentes, Donoso, Vargas Llosa, Mutis y García Márquez. El asombro me invadió al dar con Blanca Varela y al paso del tiempo con Marosa di Giorgio e Ingeborg Bachmann. En este entretejido laberíntico, debo mencionar con inmensa emoción y agradecida por cada uno de sus libros a Ramos Sucre, Enriqueta Arvelo, Elías David Curiel, Rafael José Muñoz, Luz Machado, Vicente Gerbasi, Ana Enriqueta Terán, Antonia Palacios, Ida Gramcko, Elizabeth Schön, Reyna Rivas, Sánchez Peláez, Palomares, Crespo, Silva Estrada, Montejo, Cadenas, Hanni Ossott, Rojas Guardia. Tributo diario rindo a la memoria y a las voces ojilladas por la pasión de erguirse en el intersticio de lo real y de la palabra, de Virginia Woolf, Emily Dickinson, Sylvia Plath, Anna Ajmátova, Marina Tsvétaeva y Simone Weil.
En "Cinco voces para el templo", lectura de poesía en la Biblioteca de la UCV, en la que Patricia Guzmán participó junto a Sonia Chocrón, Mharía Vázquez Benarroch, Gabriela Kizer y Jacqueline Goldberg (2009)
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