Guía del lector
Reseñas y crítica
Suite francesa Suite francesa
La vibrante ficción de los últimos días Suite francesa de Irène Némirovsky Por Violeta Rojo Publicado en Papel Literario de El Nacional. 10/11/2007 Irène Némirovsky fue uno de esos seres desdichados a quienes les tocó vivir tiempos interesantes y morir por ellos. Una mezcla de destino lamentable, educación sólida y talento asombroso son el germen de su extraordinaria Suite francesa. No sabría decir qué resulta más apasionante y conmovedor en los distintos textos que componen Suite francesa: la novela magistral sobre la ocupación nazi en Francia; la vida llena de terribles altibajos de Irène Némirovsky, su autora, quien vivió y sufrió la revolución rusa y ambas guerras mundiales; o el complicado periplo que experimentó el manuscrito de la novela hasta ser publicado, casi 60 años después de la muerte de su autora en Auschwitz. Son tres historias distintas, magníficas cada una de ellas, que juntas se convierten en un libro imperdible. Némirovsky nació en Kiev en 1903, en una familia judía y muy rica. Su familia se mudó a San Petersburgo y, al comenzar la revolución en 1917, a Moscú, creyendo que sería un lugar más seguro. Se equivocaron, por supuesto. Huyeron en trineo a Finlandia y de allí Suecia. En 1919 lograron llegar a Francia. En París, la vida volvió a su muy acomodada normalidad, pero los eventos sucedidos se convirtieron en el tema de sus primeros cuentos (Le Malentendu y L´Enfant genial). Estudia en la Sorbona, se gradúa con honores y simultáneamente lleva una vida de flapper coqueta colmada, según sus palabras, de champagne, flirts, gigolós, bailes y fiestas. En 1926 conoce a Michel Epstein, ingeniero de origen ruso, se casa con él y tienen dos hijas. Su vida podría ser la de una señora burguesa, pero Némirovsky es mucho más que eso y se va convirtiendo en una reconocida escritora que publica con gran éxito varias novelas: David Golder (que es llevada al cine en 1930), El baile, Jézabel, Le vin de solitude, Los perros y los lobos, entre otras. Esta vida rutilante en lo económico y muy exitosa en lo profesional, se ve dolorosamente afectada por el antisemitismo furioso de los años 30. En 1939, ella y sus hijas se convierten al cristianismo, posiblemente para evitar a las niñas la desdicha de que su religión las convierta en parias. Ese mismo año, Irène y Michel llevan a las pequeñas y a su niñera a un pueblo francés. Pocos días después, cuando se establece el Primer Estatuto de los Judíos, los Epstein-Némirovski pasan a ser considerados, literalmente, escoria: son judíos, extranjeros y ricos. A pesar de la difícil situación, entre 1941 y 1942 escribe La vida de Chejov, Las moscas del otoño y Suite francesa. El 13 de julio del 42 es internada en el campo de concentración de Pithiviers y luego deportada a Auschwitz, donde muere en la cámara de gas. Su marido dedica meses a escribir cartas solicitando la liberación de Irène, sin saber que ella ha muerto. Debido a sus cartas, el gobierno de Vichy toma conciencia de que Epstein es un judío libre y resuelven rápidamente la situación. En octubre lo arrestan y deportan a Auschwitz. Tuvo la suerte de ser ejecutado al llegar. Mientras, las maestras y la niñera de sus hijas, Denise y Elisabeth, las esconden en distintos lugares hasta el fin de la ocupación. No sólo salvan sus vidas, sino también una maleta con documentos familiares y un cuaderno, escrito en letra minúscula para ahorrar espacio. Más de treinta años después, las hijas de Irène Némirovsky (una escritora, la otra editora) tienen por fin el coraje de leer el pequeño cuaderno. Pensaban que encontrarían un diario de sus días finales, pero dan con una novela que Némirovski fue escribiendo en medio de las penurias de la ocupación, mientras usaba una estrella amarilla y sufría el racismo, sabiendo que la muerte podía ser una opción cercana. Lo excepcional de Suite francesa es que su autora escribe una novela sobre su propio día a día, pero elude el carácter documental e incluso el autobiográfico. Crea personajes sólidos, complejos, que viven lo mismo que ella recién sufrió: la huida de París, el hambre, la convivencia con los ocupadores nazis, la muerte rondando, pero que son independientes de su autora y que casi se convierten en seres de carne y hueso al influjo de la lectura: los burgueses y católicos Péricand; Gabriel Corte, escritor vanidoso; el matrimonio Michaud; el señor Corbin y su enjoyada amante; el muy rico y ridículo Charles Langelet, que huye de París con su colección de porcelanas. A través de ellos va mostrando la actitud de los parisinos ante el caos de la huida. No son decentes, no se comportan como héroes, pocos ayudan a los demás. Al mismo tiempo, los soldados en el frente sufren en igual medida. La guerra es sucia, sangrienta, lamentable, durante ella se pasa hambre y miedo, hace aparecer lo más bajo y terrible de los seres, que dejan de ser humanos. Sin embargo, Némirovsky no los enjuicia, sólo los muestra en sus miserias. Suite francesa es una novela panorámica, en la que la gran protagonista es una sociedad que vive una experiencia límite y actúa en consecuencia. Los muchos personajes de esta novela van mostrando con su comportamiento las contradicciones, tristezas, mezquindades, pequeñas tragedias y grandes dramas de la Francia ocupada Sin embargo, la ocupación se muestra no sólo como una desoladora humillación, sino como una circunstancia particular: no sólo son invadidos, sino que tienen que vivir con los nazis y, como suele suceder en la convivencia, terminan comprendiendo, queriendo, acompañándose fugazmente con ese otro tan despreciado. Aquí tampoco la autora juzga, sólo muestra la codicia, la ayuda, la maledicencia, el amor. Los franceses de la ocupación pueden ser Madeleine, quien no odiaba a los alemanes (
) pero cada vez que veía aquel uniforme parecía convertirse, ella, que tan libre y orgullosa había sido siempre, en una especie de astuta, cautelosa y asustada esclava, llena de habilidad para adular al vencedor y luego escupir a sus espaldas; Lucille Angellier, enamorada de un alemán; el sacerdote Phillipe, asesinado por los mismos huérfanos a los que cuidaba; la patriótica vizcondesa de Montmort, asustada por el peligro francmasón y el comunismo, pero que llama a los alemanes para que castiguen a los franceses hambrientos que le roban maíz. Los alemanes que muestra Némirovski son los nazis, pero también los pobres muchachos campesinos arrastrados a una guerra espantosa en la que preferirían no estar. Toda la novela (las dos partes que llegó a escribir de las cinco planeadas como movimientos de una suite) respira el mismo espíritu: la ocupación fue espantosa, pero algunos sacaron buen provecho. Los alemanes eran soldados que mataban a los franceses, pero éstos también se atacaban entre ellos; hay franceses malignos y alemanes malignos, franceses decentes y alemanes decentes; el heroísmo y la maldad no tienen nacionalidad ni condición. El volumen incluye un prólogo en el que se cuenta la vida de Némirovski, el escape de sus hijas y el destino del manuscrito perdido. También una selección de su diario, donde iba resolviendo la planificación de su novela. En éste incluye esquemas, pensamientos sobre ritmo o situaciones narrativas y comparaciones con otras obras. Es una especie de monólogo escrito, tan fascinante que nos hace sentir que a hurtadillas la escuchamos reflexionar en voz alta. Al final, la correspondencia enviada y recibida por Némirovski, Epstein y sus editores, mediante la cual podemos seguir la angustia de Irène ante el futuro; los esfuerzos de Michel para sacarla de Auschwitz, las muchas humillaciones que sufrió en inútiles diligencias para recuperar a una mujer que, sin él saberlo, ya estaba muerta. La vida de Némirovski, su novela, el diario y las cartas conforman un documento que permite atisbar con espanto la Europa de principios del XX, pero que también muestra el horror a donde conducen todos los totalitarismos. Como decía Irène en su diario: !Dios mío! ¿Qué me hace este país? Ya que me rechaza, considerémoslo fríamente, observémoslo mientras pierde el honor y la vida. Y los otros ¿qué son para mí? Los imperios mueren. Nada tiene importancia. Se mire desde el punto de vista místico o desde el punto de vista personal, es lo mismo. Conservemos la cabeza fría. Endurezcamos el corazón. Esperemos.
| comentarios (1) >> |
escrito por Mariroo, febrero 23, 2010
Violeta, Como disfrute tu escrito! Lei la Suite francesa hace anyos, pero ha sido uno de esos libros que lees y no olvidas jamas. Gracias.
| < Anterior | Siguiente > |
|---|

