La ciudad y los libros
Retrato Hablado
Albinson, exótico Albinson, exótico
Hay que comenzar por decir lo que esta foto no es: no es una pintura flamenca del siglo XVI. No es el cartel publicitario de un tablao flamenco. Tampoco es la portada de una National Geographic. La autoría de la foto pertenece a la narradora Enza García Arreaza, gentilmente cedida para este último retrato hablado de 2009. La locación es el extinto bar El Patio, famoso por sus onerosos tequeños con kétchup y el aciago humo del cigarrillo. La estética de la gráfica está inserta en lo que podríamos denominar una fantasía oriental. Evitando las obviedades, lo primero que llama la atención (y nos llena de inquietud) es la huidiza pollina que cubre, en parte, la frente del joven periodista. Es una pollina de clara estirpe rockera, aunque un tanto escasa y algo maltratada. Las pobladas cejas y los lentes de diseñador, sirven de marco obligado a unos adormilados ojos, producto (no se sabe) si del ambiente del local o una digestión pesada. La mano izquierda en la quijada sostiene, no sin coquetería, uno de los extremos de la floreada burka, en un intento por esconder la sonrisa tipo Mona Lisa que le cruza el rostro. La burka, justo es decirlo, es un accesorio que no le sienta bien a nuestro Albin: lo hace lucir como una señora que va todos los días a misa de seis. Sin embargo, con la arrolladora personalidad de nuestro amigo, ese detalle es sólo una brizna de paja en el viento. De esta foto echamos de menos la habitual vestimenta de Albinson. Están ausentes, para desgracia de este retrato hablado, la inmarcesible camiseta de los Ramones con la que aparece en todas las fotos del Facebook, la chaqueta negra de cuero que le confiere un aire a jefe de mafia chechena y los juveniles y destartalados Converses. ¿Que los zapatos no se ven? Yo sí los vi. Por Salvador Fleján 
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