Cronicas

Crónicas

Cuitas de un bebedor de oficio y crónicas de gastronomía peruana

Leer más...
Librerías

Librerías

Las librerías más y mejor surtidas de Caracas

Leer más...
Lugares

Retrato hablado

Willy McKey registra una imagen que ilustra el duro racionamiento

Leer más...
Inicio arrow La ciudad y los libros arrow Crónicas arrow Mis dos primeros conciertos de Yordano

Image

El deseo

  1. El último disco de Yordano, El deseo, ha alcanzado las 10 mil copias vendidas.  

Mis dos primeros conciertos de Yordano

Image

 

Todos tenemos defectos. En los artistas, los defectos se revierten por pura magia del genio y terminan realzando sus dotes. En la gente común, los defectos son una ratificación (y a veces explicación) de su vulgaridad mundana.

La dentadura desbocada de Freddie Mercury, el ojo violeta de David Bowie, la fealdad entrañable de Celia Cruz, la ceguera de José Feliciano (y de Stevie Wonders y Andrea Bocelli) y la pierna ortopédica de Roberto Carlos son algunos de los múltiples ejemplos que podríamos citar al respecto. Pequeñas manchas que no hacen sino resaltar la grandiosidad del cuadro.

En la música pop venezolana contamos con un ejemplo no menos notable. Me refiero a ese gran cantante y músico que es Yordano di Marzo y su ya conocida tartamudez. No obstante, el primer recuerdo que tengo de un concierto de Yordano está ligado más a la tartamudez que a su talento.

La adolescencia es una mezcla pura de ignorancia y crueldad. Se trataba de uno de aquellos megaconciertos que tuvieron lugar en la base aérea de La Carlota, a mediados de los 90. Yo, junto a mis amigos del colegio, había asistido con el deseo principal de ver un grupo de moda que iba a clausurar el evento. Yordano tuvo la mala fortuna de presentarse justo antes de la agrupación de cierre: es decir, le tocó a ese maestro lidiar con cientos de miles de adolescentes y jóvenes llenos de sudor y tierra que estaban agotados y ansiosos por ver al famosísimo grupo.

A mi alrededor sólo encontraba solidaridad en el hastío. Aún recuerdo la reacción del público, al menos de la parte del público donde yo me encontraba, cuando Yordano cantó una frase de "Días de junio" que dice “yo no me voy, yo me quedo aquí”, que lamentablemente desencadenó un coro en respuesta que decía: “NOOOO”. Poco después, más de un desadaptado comenzó a arrojar cosas al escenario y fue entonces cuando escuché al alto cantautor decir algo que nunca se me borró de la mente: “No-no lancen monedas que son como pie-piedras”. Aquella frase, llena de piedad y trastabilleo, me la llevé esa noche a casa creyendo que no pasaría de ser una anécdota risible y olvidable.

Más de 15 años han pasado de aquel concierto. Atrás quedó el anís con frigurt, las canciones tontas de Los pericos y el deseo de ser una versión morenita de Jim Morrison. Qué voy a hacerle yo, ahora, si me gusta el whisky sin soda, si creo que la Fania es lo grande del mundo y que Yordano es uno de los mejores músicos que ha dado Venezuela.

Con esta marejada de imágenes y pensamientos, asistí el lunes 31 de agosto a lo que bauticé, arbitrariamente, como mi primer concierto de Yordano. Fue una sesión exclusiva para 200 personas en el auditorio del centro Corp Banca, donde se grabó el primer DVD en vivo del cantante.

Poco después de las 8 y 30 de la noche, salieron los músicos a escena y Yordano, como si quisiera anudar en la memoria mis dos primeros conciertos de Yordano, dijo que antes de cantar iba a hablar. Entonces explicó que se estaba grabando un DVD de la presentación y que por lo tanto era probable que hubiera algunas pausas por motivos técnicos, o que más de una canción tuviera que ser interpretada y grabada dos veces. Y así sucedió, a lo largo de la noche se mezclaron los problemas técnicos (o la superación de los detalles técnicos) con la música lograda: en el medio de estas dos instancias estaban las palabras entrecortadas de Yordano, a medio camino del silencio y de la fluidez incomparable de su canto.

ImageLos adultos contemporáneos (categoría infame a la que ya me acerco) son una especie que sabe ser cruel a su manera. No son ignorantes, o no tanto como se puede serlo en la adolescencia, pero se aferran a lo sabido, al pasado, para cerrarle la puerta a lo nuevo. Aún cuando eso nuevo se los brinda una parte importante de su propio pasado. Digo esto pues me dio cierta pena ver que los seguidores de Yordano, esos mismos que han comprado masivamente su último disco (El deseo lleva cerca o más de 10 mil copias legales vendidas), no se hayan tomado el trabajo de escucharlo de verdad y aprender las nuevas canciones. Canciones que no desmerecen en absoluto de los temas que lo hicieron famoso y que el público pareció tolerar como una especie de relleno.

No obstante, y para retomar el asunto de los defectos o de los errores, esa fidelidad perruna a las viejas canciones y al cantante mostraron su reverso emocional y solidario. Además de avatares como que tuvieran que cambiar la cinta o el disco donde grababan, o que el metrónomo no estuviera con el tiempo correcto, parte de las interrupciones del espectáculo se debieron a pelones cometidos por el propio Yordano. Esto sucedió en la segunda parte del concierto, después del descanso de 15 minutos que tuvieron los músicos cuando ya habíamos completado la segunda hora de recorrido musical. Yo preferí permanecer sentado. Estaba en la tercera fila, bastante próximo al escenario y pude ver cómo una parejita de ancianos ubicados en todo el centro de la segunda fila, como quien dice entre ceja y ceja de Yordano, aprovecharon el receso para marcharse a su casa. Hicieron bien, pues la grabación se prolongó hasta las 11 y 30 de la noche.

El anfitrión, sin embargo, notó la ausencia y antes de retomar el tracklist de la noche, preguntó por la pareja. El público, esa hidra amorosa de 200 cabezas, respondió al unísono que se habían marchado. Y no sé si fue porque el hecho le dolió un poco, o si sólo fue algo visual (pues, repito, los asientos de la pareja estaban en todo el frente del escenario) pero a partir de esta ausencia Yordano trastabilló en el instante en que precisamente todo se vuelve para él (y para quienes lo escuchan) movimiento y vuelo. Primero fue con "Mi luna en dos", una hermosa pieza de El deseo, y luego, para escándalo del propio Yordano, nada más y nada menos que con "Perla negra". En ese instante sucedió algo mágico: un hombre acompañado de la que supongo era su esposa, se acercó hasta la segunda fila para ocupar el vacío dejado por la pareja de ancianos. La sala en pleno celebró el gesto y a partir de entonces el público, los músicos, los técnicos y Yordano se unieron en un mismo elenco para culminar con éxito la grabación del DVD del concierto.

ImageDos momentos del recital amenazan desde ya con fijarse en mi memoria por los próximos 15 años. Uno de ellos se dio antes del falso final cuando le tocó el turno a "Por estas calles". Junto a un arreglo rejuvenecido en la guitarra, Yordano adaptó parte de la letra a nuestro dramático presente. “Y los que andan de cuello blanco… y de uniforme son los peores”, fue la primera estocada. “Tienen amigos en altos cargos muy influyentes y hay algunos que hasta llegaron a presidentes”, fue la del remate. Quiso la casualidad que tres días después, el jueves de esa misma semana, tuviera yo la oportunidad de conocer en persona a Ibsen Martínez. Y fue él quien me recordó que esa telenovela, estrenada en 1992, le debe su nombre al tema de Yordano, pues su tono de denuncia callejera calzaba perfectamente con el perfil de la historia. A Yordano le bastó agregar un sustantivo y cambiar un verbo para comprobar que 20 años, o 17, no son nada.

El otro sucedió un poco antes del que acabo de contar. Fue, musical y sentimentalmente, el momento climáxtico de la noche: "Días de junio". Desde los primeros acordes, la sala del Corp Banca acompañó a todo pulmón la interpretación y quizás por la emoción de ese instante inolvidable, quizás por el temor de arruinar ese instante inolvidable, Yordano volvió a trastabillar. No sabría decir si se trató de un traste pisado a destiempo o de una palabra que se escapó de la memoria de repente (la fisura apenas duró un segundo) pero lo cierto es que el público le quitó la autoridad sobre su canción, la hizo suya y continuó cantando, y los músicos continuaron tocando y Yordano retomó la clave y cantó con nosotros y se hizo presente la música y la poesía.

Fue así como pude enmendar el error cometido a mediados de los noventa. Y esto es importante pues los errores estéticos no prescriben, pero siempre están abiertos a la indulgencia.

 

Por Rodrigo Blanco Calderón

 

comentarios (4) >> feed
Gracias por los recuerdos da ayer y de ahora
escrito por Mitchele Vidal, septiembre 12, 2009

Rodrigo, no estuve allí pero me has hecho sentir como si estuviera.
Para mí Yordano, es una de las notas más altas de la banda sonora de mi vida. La primera vez que lo escuché fue gracias a un disco que trajo mi hermana a la casa. El acetato en cuestión ¿hacía falta decir que era un long play? se titulaba GIORDANO, tal y como se escribe su nombre en castellano; mismo que fue "castellanizado" por la disquera con fines comerciales. Desde el comienzo me cautivaron sus poesías melódicas y esa voz profundamente seductora, sin querer.
La primera vez que lo vi, fue en Mata de Coco. Ya algunas de sus canciones se peleaban el primer puesto en la radio. Apenas se movía, más bien se aferraba al micrófono en esa imagen que se volvió ícono. No salía de su asombro cuando el púbico más que corear, cantaba todas sus canciones y se fue soltando, poco a poco hasta convertirse hoy, justo es decirlo, en el único -al menos para mí- de aquella generación prolífica de los ´80 que no sólo no se repite, sino que mejora con los años.

Una cosa más. En aquella época, tenía yo una amigo entrañable que escogió morirse antes de envejecer y se fue muy pronto. Cantaba estupendo y era gaguísimo. Nadie entendía cómo Darío -que en el cielo siga cantando- cantaba sin gaguear. Su respuesta estaba servida cada vez que alguien le preguntaba por aquel contrasentido: "¡Yordano también es gago y cómo canta!"

Más que enamorada de Yordano 11-09-09
escrito por AnitaAntelo, septiembre 12, 2009

Hola Rodrigo..Bueno no fui al del 31 pero fui al de ayer, pues sin palabras quedé. Comparto esa imagen de "Por estas calles" me quedaré con ella siempre. En esta oportunidad no le dio por tartamudear, saludó a la gente en los balcones y realmente no habló mucho. Luego también con el falso final su papá bajó hasta el pie de la tarima, él saludó a su familia y luego remató con "Otra cara bonita". Al principio el público "los adultos contemporáneos" como tú mismo dices (en los que todavía no me incluyo porque tengo 21 añitos) simplemente escucharon las nuevas canciones, pero poco a poco la gente fue entrando en calor a pesar del frío sabroso que suele sentirse por esos lares. Yo sí me paré varias veces a aplaudir, canté hasta bailé y todavía tengo la misma sonrisa de ayer, cosas que sólo hace un cantante como Yordano, por ejemplo. Fue una noche estupenda.. Un besito.. nos seguimos leyendo

PERLA NEGRA
escrito por GLORIA M, septiembre 17, 2009

Epale Rodrigo!.

Particularmente pienso que muchas mujeres hemos vivido un momento "perla negra"-sin ejercer el oficio que se supone en la canción-. Esta canción la escribió ya hace unos cuantos años, es decir, era él muy joven. Sin duda es un hombre vivido, que conoce bien a los seres humanos (y lo sabe desde muy joven, repito), sumado a esto nació con talento musical, y es lo que lo convierte en el artista que tanto te llena.

Saludos!

...
escrito por Rao, septiembre 17, 2009

¡¡¡Hola, Rodrgio!!! Asumiendo mi ignorancia musical, reconozco que no conozco nada de Yordano más allá de "Por estas calles" y "Perla Negra"; pero al leerte me provoca salir corriendo a comprar por lo menos su último disco. Gracias por compartir con nosotros tu experiencia y por hacerlo tan bien, que por un momento me senti allí... Que los Dioses continúen bendiciendo tu talento...

Escribir comentario
quote
bold
italicize
underline
strike
url
image
quote
quote
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley

busy
< Anterior   Siguiente >

Patrocinante