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Boersner, Andrés

Obra publicada

  1. Rufino Blanco-Fombona entre la pluma y la espada. (FCU, 2009)

     

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Andrés Boersner nació en Caracas el 4 de octubre de 1960. Se hizo pipí en la cama hasta los trece años. Lo expulsaron de dos colegios pero se graduó de bachiller al filo de los veinte años. Su padre le comentó entonces: “pensé que nunca lo lograrías”. Hermann Hesse, Charles Bukowski y Guy de Maupassant lo enviciaron en la literatura de por vida. Estudió Comunicación social en la UCV (1980-1985). Maestría en literatura latinoamericana USB (1992-1994). No entregó la tesis, pero esto no lo sabe nadie. Su tutora, decepcionada, abandonó el país. Librero desde 1983, siempre con Librería Noctua.

Colaboraciones en revistas como Imagen, Zona Tórrida, Bigott,  Letras y Akademos (Venezuela) y Trama y Texturas (España) y en el diario El Nacional. La mayoría de sus artículos abordan el tema de los llamados “géneros menores” y especialmente los diarios íntimos. Ha publicado también mini-cuentos. Ha sido co-fundador de la revista Letras y La hoja alterativa (UCV), en la década de los ochenta. Coordinador y asesor de varias publicaciones, entre ellas la edición de los diarios de Blanco-Fombona (Monte Ávila, Caracas, 1992) y los diarios literarios de Alejandro Oliveros (USB; 2009). Co-autor del libro 50 imprescindibles, (Fundación para la Cultura Urbana, Caracas, 2002). Autor de la biografía Rufino Blanco-Fombona entre la pluma y la espada (Fundación para la Cultura Urbana, Caracas, 2009). En realidad ha hecho muy poco en 48 años de vida, pero está dispuesto a echarle bolas de ahora en adelante. 

Reflexión sobre la lectura

Los amigos suelen llamarse entre sí “poetas”. Es un estribillo similar al de los chamos que reparten los “uón” a diestra y siniestra. Aquí a cualquiera lo califican como “escritor”. Yo le tengo mucho respeto a esas dos palabras. Cuando me denominan “escritor” les pido que me identifiquen como librero. Y cuando me anuncian como “librero” prefiero que me llamen “lector”. Por encima de todo me siento así y me gusta eso, leer. Los que no son diestros ni amantes de la lectura  no pueden ser escritores o libreros. Lamentablemente conozco algunos que fungen como tales.  Leer es una de las posibilidades más hermosas que nos ha dado la vida. Y puede ser también la más creativa. Pero el lector es como el ama de casa que no recibe reconocimiento ni sueldo alguno. La recompensa viene de adentro. Como dice George Steiner, “leer bien es contestar al texto, ser equivalente al texto”. Borges no sería nada sin sus lecturas, vale decir, sin sus precursores.

Me interesa la literatura que nos interroga, que nos persigue; no la que responde y encasilla. Existen libros que nos sacuden por sus palabras, como algunos poemas que no entendemos; otros que tocan teclas que no conocíamos a pesar de que siempre estuvieron con nosotros; muchos que nos irritan por su inteligencia y con los cuales siempre discutimos y, estos son los mejores, los que se transforman con cada nueva lectura, como si fueran reptiles que cambian de piel. Esa es la literatura que me gusta. Los ABC, los qué hacer, los informes y manuales me producen tristeza. 

Libros predilectos

Nuestros libros favoritos no suelen ser los mejores que hemos leído. A veces tardamos años en reconocer con claridad por qué nos gusta tanto determinado libro o autor. Robert Walser es uno de los escritores que más me interesa en conjunto. Pero ninguno de sus libros, en forma independiente, está dentro de mis favoritos. Sus Microgramas serían lo más cercano, antes que su Jakob Von Gunten. Crimen y castigo, Cien años de soledad, Don Quijote o La montaña mágica son superiores a París era una fiesta o Días tranquilos en Clichy. Pero aquí se trata de nuestros gustos, donde la lectura impresionista, la emoción y el recuerdo privan sobre lo profesional. También dependen del tiempo. El lobo estepario y Narciso y Goldmundo (Hesse), los relatos de Bukowski, Escrito con odio (Argenis Rodríguez), Gargantúa y Pantagruel (Rabelais), fueron en algún momento los textos más importantes de mi vida. Hoy no los incluyo dentro de los favoritos pero los mantengo a la vista.

  1. Diarios de Julio Ramón Ribeyro, Rufino Blanco-Fombona, Pavese y Kafka.
  2. Del Orinoco al Amazonas, Alexander Von Humboldt.
  3. Ensayos y entrevistas de Borges, Octavio Paz, George Steiner, Isaiah Berlin y Cioran.
  4. Cuentos completos de Maupassant y Chejov y seleccionados de Poe, Horacio Quiroga, Monterroso, Kafka, Borges y Cortázar.
  5. París era una fiesta, Ernest Hemingway.
  6. Días tranquilos en Clichy y Los libros en mi vida, de Henry Miller.
  7. El mundo de ayer, Stefan Zweig.
  8. La leyenda del santo bebedor, Job, Hotel Savoy, Joseph Roth.
  9. Conversaciones con Goethe, Eckermann.
  10. El Libro de la Imaginación, Edmundo Valadés.
  11. El Conde de Montecristo, Alejandro Dumas.
  12. Cartas, Van Gogh.
  13. El oficio de escritor (Entrevistas Paris Review).
  14. Libro del Desasosiego, Fernando Pessoa. Oda triunfal y tabaqueria (Álvaro de Campos).
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