Up or Down? La excelencia puede llegar a ser un lastre. Existen autores y proyectos cuyas obras no cumplen los requisitos de la expectativa. La gloria precedente, en ocasiones, impone prejuicios que entorpecen la objetividad. Cuando, en 1997, Quentin Tarantino estrenó su incomprendida Jackie Brown la crítica, embelesada por Pulp Fiction (1994), denunció con rigor un caso de estancamiento creativo. Este concepto de obra a medias, de producto fallido, también condenó el drama intimista de Kubrick, Eyes Wide Shut (1999). Grupos de analistas y diletantes coincidieron en que esta adaptación de la novela de Schnitzler era un trabajo menor del maestro. Martin Scorsese, recientemente, también confrontó el fenómeno de las tumbas de la gloria; la galardonada The Departed (2006), en muchos contextos, fue recibida como el trabajo final de semestre de un aspirante a director. La expectativa, en estos casos, generada por la gran obra Pulp Fiction, 2001: Odisea al espacio (1968), Naranja mecánica (1971), Taxi driver (1976), Toro Salvaje (1980), Goodfellas (1990), etc. obnubila la apreciación del receptor. Esto hace que, en los nuevos proyectos de directores consagrados, los fallos menores se magnifiquen y el más insignificante disgusto se convierta en refutación. La más reciente producción de Pixar, Up, padece este curioso síndrome. La genialidad de Wall-e (2008) opaca las andanzas de la casa volante. Up, en general, está bien lograda; es una película entretenida, jovial, con personajes simpáticos y situaciones hilarantes. Sin embargo, resulta un largometraje muy simple. En los últimos años, Pixar ha dado argumentos suficientes que permiten al espectador aspirar a la excelencia. Up, si bien cumple con el fin de entretener y amenizar alguna tarde de domingo, carece del ingenio de la casa. Al lado de Toy Story (1995), Finding Nemo (2003) y Wall-e; Up aparece como un trabajo menor. El formato del viaje ha demostrado, en más de veintitantos siglos, que es apreciado por el público. El argumento de Up, en este sentido, es original e irreverente. El anciano Carl Fredricksen, a la manera de Dorothy Gale en El Mago de Oz, inicia un viaje a un territorio ignoto. La casa, sostenida por globos de helio, abandona su ciudad y, tras múltiples peripecias, se instala en un lugar paradisíaco. El protagonista, acompañado de un niño impertinente, un perro idiota y un pájaro exótico, cumple su proyecto de mudar la casa y, al mismo tiempo, se involucra en nuevos conflictos. La marca Pixar, a lo largo del film, resulta fragmentaria; la genialidad es anecdótica; los personajes se tornan sensibleros y, en su mayoría, carecen de conflicto. El juguete problematizado de Toy Story, por ejemplo, no aparece en Up. La trágica escena en la que Buzz Lightyear salta desde el vano de la escalera esperando sostenerse en el aire e, intempestivamente, se estrella contra el suelo no tiene equivalente en la historia del viejo Fredricksen. Igualmente, los tiburones neuróticos de Finding Nemo que, mortificados por el psicoanálisis, cuestionan sus instintos asesinos hacen ver las fabulaciones de Up como una simple adaptación de La Abeja Maya. Si bien el viejito viudo genera simpatía en ningún momento proyecta el conflicto y la cercanía de un Wall-e. La fórmula comercial que, entre promociones de cotufas y Coca-colas, expresa que se trata de una película para toda la familia resulta muy adecuada. Up es una película agradable pero, en gran medida, incompleta. Pete Docter y Bob Peterson, directores del film, procuraron explotar el humor geriátrico. Esta reflexión sobre la vejez, lamentablemente, se apaga con el avance del film. La idea de que el personaje pretenda recuperar su infancia no justifica la transformación del anciano en una especie de superhéroe; esto, dado que el encanto de Carl Fredricksen está, justamente, en su chochera. El bastón se convierte en el único elemento que relaciona al protagonista con su edad natural. El mejor Fredricksen es el de la primera parte. Una vez que la cuestión onírica se apodera de la trama la ancianidad pasa a ser invisible y el formato persecutorio, a la manera del peor Indiana Jones, se apropia del desenlace. El niño Boy Scout es un personaje que para la historia de la factoría Disney, en general, y de Pixar, en particular, no aporta absolutamente nada. Es un carácter anacrónico en su temperamento y visiblemente político en su moral. Russell representa algo parecido a la infancia de Al Gore; es el niño de buen corazón que confronta una aventura de la cual sale airoso. Russell es, a todas luces, el personaje más plano de la película. El infante Fredricksen, que aparece en los primeros minutos, resulta mucho más sugerente que el intrépido explorador. La niñez del anciano se construye a través de los sueños, los temores, la timidez, la admiración por héroes falsos y la primera educación sentimental. A su lado, Russell no es más que un niño gafo. Es interesante el trabajo que el equipo de creativos de Pixar realizó con los perros. El equipo de perros de la Gran Sabana es lo mejor de Up. Los antagonistas son mucho más atractivos que la mascota noble. Dug es predecible, estereotipado formato pobre pero honrado. Alpha, el feroz líder de la tropa, termina siendo mucho más atractivo. El conjunto de roles y parlamentos caninos es ingenioso y original. Un personaje bluff, moralinoso e insípido es el pájaro púrpura. Este remake exótico del tucán de Fruti Lupis viene a ser el sostén ético de la segunda parte de Up. El niño bueno quiere proteger al animal de un desalmado villano; el viejo Fredricksen, tras cumplir el sueño infantil de instalar su casa al borde del Salto Ángel, decide ayudarlo. El conflicto es plano y artificial. La cuestión maniquea deviene en persecución graciosa a la manera de Tom, Jerry, Speedy González, Silvestre, Correcaminos y demás victimas/victimarios de oficio. El conservador Piolín, en este contexto, al lado del pajarraco púrpura se presenta como un personaje complejo y existencialista. ¡Y qué pésimo villano es Charles Muntz! Ha de ser, junto a los desafortunados antagonistas de Los increíbles (2004), el malvado más convencional de Pixar. Su conflicto, que existe y podría configurar un personaje sólido, se disipa con el avance de la trama. Muntz no lucha por una reivindicación, por un reconocimiento póstumo o un afán de gloria, supuestamente, merecida. El hombre abandonado en la selva, otrora héroe aventurero, pasa a ser una especie de Coronel Kurtz sin conflicto, una parodia de salvaje. Charles Muntz es malo por convicción, un individuo vil que adoctrina perros, destruye la naturaleza y odia a los niños. El desengaño de Fredricksen sobre este héroe de su infancia es otro de los argumentos que se diluye. La tensión deja de ser tal para dar paso a las persecuciones habituales donde, como en las legendarias Olimpiadas de la Risa, siempre ganan los buenos. Técnicamente, Up es inobjetable. La continuidad y perfectibilidad del proyecto iniciado con Toy Story en 1995 persiste en la pieza Docter/ Peterson. Recomendaría Up, únicamente, para pasar el rato; para llevar al cine al hijo(a), al hermanito(a) o al sobrino(a). La primera media hora es lo mejor del film. Luego, la trama se estanca y se repite. No quisiera dejar de comentar la cuestión patriotera. Tanto Pixar como Docter y Peterson están al margen de esta situación. Hago referencia a un fenómeno de recepción sociológica que los directores, seguramente, ni siquiera contemplaron. Amigos, conocidos e interlocutores ocasionales han referido con entusiasmo la aparición en esta película de naturaleza venezolana. La visualización de un tepuy en un proyecto Pixar se ha convertido, para algunos, en motivo de orgullo. El Salto Ángel que, por cierto, en la película no se llama Salto Ángel se ha utilizado como un argumento patriotero que, cual proclama de Cipriano Castro, pretende reivindicar fortalezas culturales e idiosincrasias puristas. Tras el estreno del film, distintas redes sociales con retórica ultranacionalista han propuesto que la cascada nuestra cascada sea promocionada como maravilla del mundo. La plenitud y belleza de este paisaje no es discutible. Lo que a todas luces me resulta perverso es que se pretenda ofertar un accidente de la naturaleza como producto nacional. Si el viejo Robert Schomburgk, allá por 1834, hubiese caminado algunos kilómetros más y en lugar de establecer su controversial línea en el Esequibo lo hubiera hecho en el Orinoco, el romanticismo sobre la geografía de Up habría resultado intrascendente; nadie celebraría un Salto Ángel inglés. Resulta legítimo para el creyente agradecer a Dios por la sublime creación de la cascada; el animista, por su parte, podrá brindar sus ofrendas a la Madre Naturaleza pero afirmar, con afán patriótico, que la venezolanidad se refuerza a través de un paisaje me parece un absoluto desatino. Gizeh, Teotihuacan y Babilonia, entre otros espacios, forjaron sus maravillas a través de la cultura. El Salto Ángel, simplemente, está ahí; su vínculo con la República creada en 1830 es sólo una cuestión de azar. La Gran Sabana no la hizo Guzmán ni Pérez Jiménez. El nombre de Venezuela, es verdad, aparece en algunos fotogramas del film. La Venezuela que visita Fredricksen, curiosamente, es un lugar despoblado en el que, más allá del símbolo libertario de la cascada, sólo existe un pájaro prehistórico de colores estridentes y una banda de perros amaestrados que, por una especie de walkie talkie, ceden su voluntad a un iracundo misántropo. Cualquier parecido con la realidad es la más pura y azarosa coincidencia. Por Eduardo J. Sánchez Rugeles
| comentarios (5) >> |
escrito por Miguel Vásquez, agosto 11, 2009
Eduardo:
No pude pasar del tercer párrafo de tu comentario...Los dibujos animados no son lo tuyo.
escrito por Eduardo J. Sánchez R., agosto 11, 2009
Ja,ja,ja. Cuando escribí la nota me acordé de ti. Sabía que tocaría alguna fibra sensible. Reconoce que no es la mejor película de Pixar. Saludos.
escrito por Orson Huele, agosto 11, 2009
Por el argumento, estamos ante la version Pixar de "La estrategia del caracol".
escrito por guido, febrero 17, 2010
tanto dar vueltas para llegar a que no te gusto la pelicula?. Al fin y al cabo es cosa de gustos, a mi me parecio pesima (para el nivel de Pixar) Wall-e (que robot mas "mamon", llega a ser muy muy desagradable con su cursileria) y para mi UP volvio a levantar el liston, y parece que varios opinan lo mismo, no por nada es la primera Pixar en ser nominada ademas del tipico oscar a mejor animacion al oscar de mejor pelicula, asi que al parecer se concuerda con Miguel: La animacion no es lo tuyo....
escrito por mayerlynmedina, marzo 13, 2010
Entre gustos y colores!!! Up, no es una pelicula para ni#os!! Y tan mala no puede ser.. ya que se gano un Oscar
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