Guía del lector
Recomendadas
Lecturas de no ficción ¿Qué libros de no ficción han calado en el gusto de nuestros autores?

Ednodio Quintero
En mi caso podrían ser muchos. Me quedaré, no obstante, con uno: La rama dorada de J. G. Frazer.
Gabriel Payares
Después de una muy minuciosa búsqueda, logré dar con un texto que no es de ficción y que me gustó en este último mes, y que estaba ahí delante de mis narices: Un nuevo continente: Antología del surrealismo en la poesía de nuestra América de Floriano Martins (selección, estudio introductorio y notas). Caracas: Monte Ávila Editores, 2008.
Adriana Bertorelli
El primer libro de no ficción que recuerdo haber leído con voracidad y que definitivamente me marcó hasta hoy (y eso que tenía como 700 páginas) fue The executioner´s song de Norman Mailer. Trata sobre Gary Gilmour, el primer hombre que ejecutaron en 1977 luego de la restitución de la pena de muerte en Estados Unidos. Te pone en contexto desde antes de que los crímenes de Gilmour sean cometidos, hasta después de su ejecución y pone al lector en el lugar de preguntarse qué tan lógico puede ser aquello del ojo por ojo. El segundo libro de no ficción que me marcó fue El oro y la oscuridad, del periodista colombiano Alberto Salcedo Ramos. Para mi total sorpresa, me lo devoré de una sentada. Sorprendente porque jamás se me hubiera ocurrido que la historia de un boxeador conocido como Kid Pambelé, pudiera resultarme tan interesante y reveladora. Y, al mismo tiempo, comprender que se puede escribir sobre la realidad con mucha dosis de poesía. Es un libro muy hermoso que además hizo que me acercara con hambre al género y al trabajo que están haciendo otros escritores y periodistas en América Latina. Otro libro revelador fue Stiff que está traducido al castellano como Fiambre, de la escritora Mary Roach. Este libro me marcó porque el tema es bastante inusual y la manera de tratarlo lo es más. Mary Roach es una escritora de temas científicos con tanto humor negro que casi da culpa reírse tanto. Sobre todo, porque el tema de Stiff es cuáles son los múltiples usos que se les da a los cadáveres desde que comienzan a serlo. Jamás pensé que la vida de un cadáver fuera más interesante que la de muchos vivos. Actualmenente me estoy leyendo otra joya: The undertaking, life studies of the dismal trade, de Thomas Lynch, que es un dueño de funeraria ganador del American Book Award y de muchísimo reconocimiento en el ámbito literario. Además es poeta, y su poesía es tan buena como su prosa. Mucho de mi amor por la no ficción viene heredado de un excelente maestro que es Rafael Osío. A él le debo que me haya puesto muy buenos libros en las manos, incluyendo el de Salcedo, y el que me haya dado curiosidad por escribir el género. En Latinoamérica hay excelentes escritores de no ficción y excelentes revistas dedicadas a la crónica. Marcapasos es una revista venezolana extraordinaria, en Colombia está El malpensante y Soho, entre otras, y entre las mejores crónicas que he leído está una de la Argentina Leila Guerriero, sobre una viejita sospechosa de asesinar a sus 4 mejores amigas poniéndoles veneno en el té.
Federico Vegas
Mi género favorito es una de tus especialidades. Ahora estoy leyendo Conversaciones con Gunther Grass, de Nicole Casanova. Parece que Nicole no levanta tanta roncha.
Adriana Villanueva
La pregunta es amplia porque libros de no ficción pueden ser desde biografías hasta libros de texto pasando por epistolarios. Pero si a literatura de no ficción vamos imagino que la respuesta de la mayoría estará entre A sangre fría de Truman Capote y algún libro de Norman Mailer. Yo te voy a dar los tres primeros ejemplos que me vinieron a la cabeza, seguro que dejando muchísimos libros por fuera, porque la literatura de no ficción es uno de mis géneros favoritos: Las cenizas de Ángela del recientemente fallecido autor Frank McCourt. A la sombra de Sir Vidia de Paul Theroux y
Midnight in the garden of good and evil (no sé si su traducción al español es textual) de Peter Berendt. Son tres libros de no ficción que manejan de manera impecable técnicas literarias y se leen como novelas, seguro se me irán ocurriendo otros por el camino.
Jesús Nieves Montero
The art of fiction, John Gardner: creo que, más allá de la polémica que ahora todos repasan con las correcciones que le hacía su editor Gordon Lish, el hecho de que Gardner haya sido maestro de Carver ya comienza a despertar el interés. Lo mejor de Gardner en este libro es su crudeza, el modo de ser directo -que a veces raya en lo ofensivo- pero recuerda que la escritura tiene un componente artesanal, tiene oficio, que sólo se logra dominar estudiando las formas literarias y escribiendo de manera reflexiva con una convicción casi ciega en el valor de esta tarea. Es un libro aleccionador e inspirador a la vez.
On writing, a memoir on the craft: creo que las aprehensiones que algunas personas tienen con Stephen King, en buena medida mueren acá, porque con maestría, King conjuga un fragmento autobiográfico con su "caja de herramientas" donde estudia a vuelo rasante varias estrategias para resolver el arte de crear ficción narrativa. Es un libro sorprendente y lo releo cada vez que puedo.
The art of fiction, David Lodge: con una actitud menos amargada que Gardner, Lodge va armando con ironía, sarcasmo y humor un inventario de tópicos novelísticos que ofrece un verdadero "detrás de las cámaras" -o de la computadora- de la creación de una novela. Hay algunas cuestiones extrañas como la ausencia de ejemplos de textos fuera del ámbito europeo, pero es totalmente comprensible como una decisión de marco de referencia cultural y, sin duda, excusable.
The art of fiction, Henry James: una vez me tomaron desprevenido en una clase preguntándome: "¿y cómo aprendía a escribir la gente antes de que existieran estos manuales y talleres?" Aunque la respuesta puede ser múltiple, una de las cosas que extraje y he conservado es el recuerdo de este esfuerzo editorial de principios del siglo XX que recopiló la mayoría de los prólogos de las novelas de Henry James donde este hombre, innovador de la forma novelística, se dedicó a explicar los procedimientos sutiles y complejos que le daban vida a sus libros. Son notas que permiten comprender a James y me invitan a retomar alguna de sus novelas.
La novela de una novela, Thomas Mann: estas notas, que tienen la rigurosidad y complejidad de las historias y el pensamiento de Mann, reconstruyen los días de Doktor Faustus, el exilio norteamericano, la pasión por la música polifónica y una serie de preocupaciones de un creador maduro que sabe que está escribiendo, una vez más, una obra maestra, aunque no falten algunas inseguridades, algunas artísticas, otras derivadas de la destrucción moral del lugar donde tiene su arraigo y la turbulencia del mundo. Me costó muchísimo conseguir mi ejemplar, ahora lo venero.
Ser escritor, Abelardo Castillo: textos muy breves, a veces casi aforísticos, le permiten a Castillo recapitular sobre sus décadas como conductor de talleres literarios para irnos enviciando en la magia de la escritura y la lectura. Una frase que nunca olvido de este libro: "Literatura es lo que escriben los otros", seguido de lo cual explica que los libros propios nunca deben colocarse en la biblioteca donde están los autores "de verdad".
Reading Lolita in Tehran: Azir Nafisi, profesora universitaria de literatura, narra la forma como experimentó que la utopía de la revolución iraní se convirtió en represión y persecución para ella y sus alumnas, situación que las llevó a emprender un círculo de lectura clandestino en su casa, en el que podían leer a Fitzgerald, James o Nabokov. Con este libro entendí lo que es literalmente poner en riesgo la vida por leer ficción, es como ver un correlato real de "Continuidad de los parques", pero en el sillón de terciopelo verde se encuentran sentadas todas estas jóvenes que se declaran rebeldes ante el impedimento de acceder a los libros y su discusión de forma libre.
Javier Miranda-Luque
El único y su propiedad, de Max Stirner, me remite una y otra vez a la adolescencia. Es una jaculatoria de individualismo lúcido que resulta acojonantemente vigente (a pesar de haberse escrito en 1884). Cito y recito un brevísimo párrafo: "Escribo porque quiero dar existencia en el mundo a ideas que me son propias. Si yo previese que mis ideas fueran a arrebataros la paz y el reposo, si en esas propuestas que siembro viese los gérmenes de ideas sangrientas y una causa de ruina para nuevas generaciones, no las esparciría menos. Haced de ellas lo que queráis, haced lo que podáis, eso es asunto vuestro y por ello no me preocupo". Texto tremendista y tremendo que invito a transitar sin bostezos ni charlatanería churrigueresca. Ah, y otro libro de no ficción que frecuento con virulencia es el DRAE (aunque en su ciberversión). Nada menos. Nada más.
Carlos Noguera
Sólo nombraré uno (elaborar una lista sería una labor interminable): Diarios completos de Anaïs Nin.
Antonieta Madrid
Respondo a tu encuesta de agosto: He releído algunos libros de lingüística (Ferdinand de Saussure) y Orden y Caos de Urs Jaeggi.
María Antonieta Flores
Entre los recientes, la Correspondencia entre Kawabata y Mishima, El cuerpo nunca miente de Alice Miller y de los viejitos, La imaginación simbólica de Gilbert Durand. De los clásicos, El arco y la lira de Octavio Paz y la obra de Bachelard.
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