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A Salvador Fleján Un negro en salsa: Entrevista a Salvador Fleján
Por Enza García
La entrevista se dio sin pretensiones ni formalidades. Lo advierto desde el principio a todo aquel propenso a engorilarse cuando se trata del caso Fleján. La carne estaba en la parrilla y las cervezas a la mano.
¿Para qué sirven las Bienales de Literatura?
Para hacer el ridículo, será. Eso lo veníamos hablando en el carro. Yo decidí que nunca más asistiría a una cosa de esas. Porque yo no soy teórico ni estudioso de la literatura. Me encanta la literatura venezolana, la he leído casi toda, desde lo más fastidioso a lo más divertido. Y cuando a uno le toca teorizar sobre eso, casi siempre mete la pata, porque uno no es crítico sino escritor, y por eso decidí que si asistía era para leer un cuentito, porque eso es lo que yo hago, escribir cuentos.
¿Qué le dices a esas personas que señalan que tu literatura es frívola o vacía? En mi caso, suelo decir que me río mucho con ella, pero que no me conmueve.
Es que, precisamente, yo no quiero conmover a nadie. La gente que busca eso en mí está equivocada porque yo no ofrezco eso. Lo que yo ofrezco es mi visión del mundo. No quiero cambiarle la vida a la gente, no quiero que se sientan mejores personas, no quiero educar, no quiero dar lecciones éticas, yo no estoy hecho para eso. Estoy diseñado genéticamente para ser feliz y hacer feliz a la gente. Odio dos cosas en este mundo: a los intensos y a la literatura intensa. No me gusta. Ya para eso tengo con mi vida propia. Y bueno, a mí los dramas humanos me salen así, con risas. De repente yo sufro mucho y cuando lo escribo sale transformado en una cosa graciosa. Es lo que yo busco. Si quisiera otra cosa, créeme que ya hubiese ido a buscarla. Y no me gustaría que dijeran Fleján se puso intenso, qué ladilla. Cuando escribo quiero sentirme feliz, y la única forma que encuentro es ésta.
Un escritor dijo en una ocasión que sólo los licenciados en Letras deberían dedicarse a escribir y que los ingenieros, arquitectos y qué sé yo quiénes más, debían dedicarse a sus propios oficios. Entonces, ¿esto de escribir necesita rigurosamente una base teórica? ¿Estudiar Letras para ser escritor?
No, no. Yo conozco a ese escritor que dijo eso. Es mi amigo y lo quiero mucho, pero está equivocado. La historia de la literatura universal dice lo contrario. Los grandes escritores del mundo y de nuestro país no estudiaron Letras. Te puedo citar: Chejov era médico, Federico Vegas es arquitecto. Luis Felipe Castillo y Ernesto Sábato son físicos Eso no tiene nada que ver. Es un prejuicio absurdo, tonto y gafo. Eso es mentira. Lo que vale es el talento. Cualquier persona, así haya estudiado conservación de alimento, puede escribir siempre que haya nacido con el talento literario. Así seas recogedor de basura. Roberto Bolaño, por ejemplo. ¿Qué estudio él? Nada. Hizo diez mil empleos, como recoger basura, vender bisutería, vigilante de un camping y luego se dedicó a escribir y gracias a Dios pudo vivir de eso, pero ése no estudió Letras ni nada por el estilo. Esa tesis no tiene ninguna validez.
Hace rato me dijiste que tú no quieres andar por ahí dando lecciones morales con tu literatura. Pero hace algún tiempo, por Messenger, me dijiste que no te gustaba Mishima porque no tenía moral
¿Yo te dije eso? Estaría rascao. Quizás te dije eso influenciado por una lectura de Javier Marías. Vidas escritas es un libro maravilloso. En ese libro, Marías toma una fotografía y empieza a hablar del personaje, describe su contexto real o irreal y luego se lanza una disertación en la que creo a veces carga la mano con esos escritores que no son de su agrado. Uno de esos es Mishima, a quien destroza. Tal vez yo estaba influenciado por esa lectura, y lo estoy, porque en verdad he leído poco de Mishima y esa cosa que él hizo pues no sé. Creo que no está bien. Y ese tipo de escritores y tal no me gustan. No es que veo la vida de los escritores y leo el libro. Los libros te llegan solos, por azar a veces. A mí de repente me gustan escritores que son unas ratas, pero que escriben muy bien.
¿Tú lees poesía? ¿Crees que la narrativa se puede nutrir de la poesía?
Mucha gente piensa que yo no leo poesía y mi tesis de grado en la Escuela de Letras fue sobre el poeta venezolano Eleazar León, que acaba de sobrevivir a un cáncer terminal. Ahí te lo dejo.
Hubo una pausa. Fleján se paró a buscar una cerveza y al volver quiso hacer un comentario más sobre una pregunta anterior:
Cuando yo empecé a escribir cuentos me dije esto me gusta a mí. Tengo la firme convicción de que eso me gusta a mí. Y parece ser que le gusta a muchas otras personas. Entonces comencé a escribir mis cuentos, y me permití someterlos a concurso y resulta que todos ganaron, cosa que me sorprendió muchísimo. Imagínate, de los seis cuentos de Intriga en el Car-Wash, cinco ganaron premios. Y yo dije, será que esto no estaba en la literatura venezolana, que hacía falta algo, como tú dices, vacío, que haga que la gente se ría, no que le cambie la vida. Y qué bueno que esto guste, me dije. Me alegró muchísimo. Bueno, ahora estoy en otra línea de trabajo.
Ajá, háblame de eso, ¿hacia dónde te diriges en la vida?
Mi segundo libro de cuentos tiene dos nombres tentativos. En un principio se llamaba Televisión confidencial, ahora creo que se va a llamar Las inquilinas. Son cuentos más personales, no diría autobiográficos, pero tienen mucho. Hay otros que no tienen nada de eso, pero ese libro tiene esa unidad que le quise dar, que es el tema de la televisión, como en La cuchara de Uri Gueller o Las inquilinas. Porque, además, yo diría que mi mayor influencia, más que la literatura, ha sido la televisión.
Vuelvo a citar. Hace poco un librero me dijo que el problema de la literatura venezolana es que acá los escritores piensan que el mundo queda en sus ombligos, que utilizan nada más que sus experiencias personales para escribir, sin ser capaces de ficcionalizar o investigar, dejando un producto vacío.
Ah, bueno, entonces el problema no es sólo mío, al parecer no soy el único vacío, si partimos de la opinión de este librero que no sé quién es.
Y no te lo voy a decir. Pero dime, qué piensas de eso: ¿tú partes de tu ombligo?
Bueno, yo tenía muy mala opinión sobre la literatura venezolana y fue una de las cosas que me animó a escribir, porque quería hacer algo que no se pareciera a lo que teníamos, nunca dije que algo mejor, pero sí algo diferente. Cuando yo escribo pienso que quiero hacer algo que me gustaría leer. Cuando escribo parto de esa premisa. Y al parecer esa necesidad estaba en el aire cuando salió mi libro. Y antes y después han salido muchas otras estéticas, buenas y malas, de gente que también está escribiendo, sobre todo jóvenes que me gustan mucho. ¿Ajá?
El asunto es qué le responderías a ese librero que piensa que acá no hay escritores de oficio y que sólo escriben del mundo en su ombligo.
Bueno, recuerda que cuando uno escribe piensa que se la está comiendo, que es el acabatrapo. Pero nosotros pertenecemos a una tradición. Oscar Marcano dice que venimos de una tradición que nace con Andrés Bello, pero no creo que sea así. Me encantan algunos escritores venezolanos, pero los que me han influenciado a mí no necesariamente son de aquí. Yo rescataría a Oscar Marcano y a Federico Vegas, que son autores de cabecera para mí, pero mis influencias son de otro lado, de la literatura norteamericana, de Villoro, Bolaño. Ahora, también hay escritores contemporáneos que me gustan mucho.
No entendí del todo cómo Fleján acababa de responderme lo que le había preguntado. Pero me interesaba más la pregunta que venía a continuación.
Hablando de Federico, ¿tú perteneces a la mafia Vegas?
(Risas) A Federico lo conocí hace como 14 años. Eso fue en el aula 201 de la Escuela de Letras, una vez que el Conac se inventó un tour de jóvenes escritores venezolanos, que si Israel Centeno, Slavko Zupcic, otro pana que no recuerdo, y Federico. En ese entonces todos éramos jóvenes, ninguno llegaba a 30, menos Federico, que tenía 45, a quien dejaron de último, después de que estos chamos empezaron a leer esas cosas de estilo criollo-neogótico. Entonces Federico leyó La carpa, o sea, se lanzó con ese cuento bellísimo. Ese día estaban varios profesores de la escuela, entre ellos, Gisela Kosak y Castillo Zapata, quienes estaban a punto de irse cuando estos muchachos empezaron a leer. Pero cuando este señor de 45 años se leyó aquella cosa todos quedamos embobados, preguntándonos de dónde había salido ese loco. A la mañana siguiente fui a comprarme El borrador en Suma, me costó 4.000 bolos. Y entonces me dije que tenía que ser amigo de este tipo como fuera. Unos añitos después hice contacto con él, y bueno, somos muy amigos. A ti te consta.
Ajá, ¿entonces somos o no somos una mafia?
Bueno, chica, esa es una vaina que salió de un blog o qué sé yo. Comenzaron a decir que Rodrigo y yo somos de esa mafia. Lo que somos es un grupo de amigos y ya, que nos identificamos, pero bueno, tú no te sientes conmovida por lo que yo escribo y nos queremos, ¿no? ¿Y somos una mafia? Pues no. Eso es mentira que uno no critica a los amigos. A mí Rodrigo me dice cuando no le gusta lo que escribo y yo también se lo digo a él. Y a Federico lo tengo a monte.
La última pregunta de rigor: ¿Hacia dónde va la literatura venezolana?
Hay un crisol de posibilidades y todas me gustan. Soy fanático de este llamado boom literario. Creo fervientemente que lo que viene es tremendo. Soy realmente optimista. Hay por lo menos quince nombres que van a hacer historia. Es una renovación de la literatura, hay mucha gente escribiendo con calidad. Son unos talentos. No quiero decir nombres porque dejaría muchos por fuera.
Pero dime, chico, dime nombres.
Voy, a ver, libros recientes que he leído: bueno, lo obvio, tú y Rodrigo. Carlos Ávila, Eduardo Febres, Roberto Martínez Bachrich es muy bueno, pero él ya tiene tiempo. Mario Morenza, Miguel Hidalgo. Hay otras propuestas distintas pero no menos buenas, como la de Fedosy Santaella y Roberto Echeto. Méndez Guédez que me encanta aunque ya es otra generación. A Marianne Díaz la tengo pendiente. Yael Farache me encanta, tiene muy buena pluma. Por eso digo que lo que viene es bueno. Lo que viene es chévere y apunta a una renovación total. Esos viejos nombres como Balza y no sé quiencito van a quedar allá. Yo soy un enemigo de la literatura fastidiosa, y lo digo. ¿Quién quiere fastidiarse?
Justo a tiempo. Ya la carne estaba en su punto. Le confesé a Fleján del mal que me aqueja cada vez que entrevisto a alguien: surge un amor platónico para mi prontuario. Pero Fleján advirtió que él ya está comprometido. La noche concluyó con mis primeras lecciones de salsa, y al que no le guste esta entrevista, pues que me lo diga.
| comentarios (5) >> |
escrito por ladilla, julio 09, 2009
Y de qué sirve que te lo digan???, tus entrevistas son una inmensa ladilla, debes estar de lo más enchufada con esta gente o trabajándoles ad honorem. Quién dice que tus pregunticas insistentes de niñita fastidiosa tienen algo que ver con el interés de los demás?, y lo del enamoramiento yo diría que es admiración por la profundidad que te falta desarrollar: una cosa es ser espontanea y otra son los comentarios ridículos que para colmo publican. Ojalá pudieras depurar tu estilo...es bueno que estudies sobre el tema y te asesores. Suerte
escrito por Daniel Esparza, julio 09, 2009
Negro, pura lucidez. Eso de que "uno no es crítico sino escritor" está de aplauso. Enza, el que se engorila pierde, dígalo. Aplauso pa tí, aunque sea mafiosa.
escrito por Eduardo Salcedo, julio 09, 2009
El no sentir la obligación de responder las preguntas de la pésima entrevistadora por parte de Flejan salvó las cosas. Siga así Salvador, hablando de cosas con sentido.
escrito por Olegario, julio 13, 2009
No vale sigue haciendolas , en el proceso entrevistador y entrevistado crecen ambos y los beneficariios de esa evolución somos los lectores, adelante
escrito por el apócrifo, noviembre 05, 2009
jajajajajaja Joven Fleján, acabo de leer eso de q tu adn está diseñado para serle feliz a los demás, eso mismo diria Chávez.
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