Guía del lector
Reseñas y crítica
Norte es sur
Los dedos empantanados de Jorge Carrión
Carrión no es como aparece en la fotografía de la solapa de Norte es sur, la edición de Debate sobre sus crónicas en Latinoamérica publicada este año. Tengo el defecto de desconfiar de la verosimilitud de la fotografía, y la expresión de ese rostro no se parecía a la que vi en él cuando le estreché la mano a la entrada de
Carrión es consecuente con lo que dice y escribe: es fiel a sus obsesiones. Es un road writer. No es un escritor que necesite viajar para escribir, ni tampoco alguien que escribe de sus viajes. Para Carrión, la escritura es eso: viaje. Para ser más específicos, viaje literario. La literatura que Carrión busca hacer no es la del testigo-contador. Él no es Herodoto, ni Marco Polo, ni un Cruzado, ni alguien que escribe memorias de sus aventuras por
Entonces salí a la calle y me di cuenta de que nunca había tenido una casa. Que los dos hogares-infancia y adolescencia-que me habían dado mis padres habían sido eso, mis hogares, pero no mis casas. Que ninguno de los tres pisos que había alquilado en Barcelona había sido mi casa. Por eso, precisamente, había pensado hasta entonces que era libre, porque la desposesión, a mis ojos, pasaba por el alquiler, lo provisional, lo nunca tuyo aún. No sé (no sabía, no sé) si la libertad tiene que ver con eso.
Estas palabras las escribe Carrión en En territorio Neruda, uno de los textos incluidos en Norte es Sur, edición de Debate en donde reúne sus textos sobre América Latina. Digo textos, no crónicas. Me parece que el autor trasciende el género: participa del diálogo, de él como protagonista-testigo, del escritor como gestador de realidad vista y vivida en sus tránsitos: En qué momento, cómo y por qué decirles que ese material-esa historia, es vivencia-será novela o relato o crónica de viaje. Cuál es el hilo invisible que une el material con la extensión y con el género.
Considero que de los textos del libro, los mejores son Brasilia es nombre de gata ciega, en donde retrata como nadie la particularidad de esa ciudad inventada en la selva, llena de salvadores de la humanidad, profética, apocalíptica y moderna y La piel de la boca, en donde realiza un trabajo cercano a la antropología (me pregunto que tan cercano estará Carrión a los escritos del etnólogo francés Marc Augé) en el barrio porteño de
Debo irme, no podré quedarme para las preguntas luego de su exposición, ni para las cervezas luego. Lo lamento. Me quedan preguntas: ¿qué opina de Cees Nooteboom?, ¿qué piensa de Cartas de Islandia, de Auden y MacNeice?, ¿qué es, para un road writer, lo crepuscular?. Me quedan unas últimas palabras, en su conferencia y de su libro: De la teoría en el tiempo a la práctica en el espacio. Es decir: Las yemas de los dedos empantanadas en el teclado.
Carrión no es como la foto en el libro: de sobra se ve que tiene un rostro que muta con cada destino, como todo nómada, como todo verdadero escritor. Por Ricardo Ramírez
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