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Omar Khayyam: Espejos de oriente

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La apología es un discurso en defensa o alabanza de algo según el DRAE. Quisiera asociar su significado al de la palabra inglesa Apology. No es que el profeta necesite una disculpa particularmente. Todo aquel que ha inspirado fuego en el alma de los hombres la merece. Sólo así podemos aspirar a un poco de conciencia después de que el fantasma de los egos ha causado colosales destrozos y tanta gloria vana.

Thomas Carlyle dedica una conferencia a Mahoma (El héroe como profeta). En ésta se esfuerza en redefinir la imagen que occidente tiene sobre el profeta. Su ensayo exalta la sinceridad y humanidad de Mahoma, hombre sencillo, sin mayores ambiciones, que un día recibió la inspiración ecuménica de Dios. El concepto de sinceridad de Carlyle crea un puente entre el iluminado árabe que valoró por encima de todo la fe de sus creyentes y los cristianos que lo acusaron de calumniador. La sinceridad de Mahoma provenía de una retórica cristalizada en su alma, convertida en divinidad. Poco le interesa a Carlyle la verdad de sus palabras, siendo que éstas tuvieron la fuerza suficiente para reunir unas tribus dispersas e idólatras en un imperio de millones de creyentes.

Esta noción de sinceridad está muy apegada a la idea de que por encima del autor, las palabras que éste emplea se manifiestan en la realidad de sus lectores, según como sea leída. La obra se vuelve vida en las manos de los lectores, pasando a un segundo plano las pretensiones de su creador.

El Corán, libro fundacional de la religión islámica e influencia principal en el medio oriente, funda una lengua, un pueblo y un imperio a la vez. A la muerte de Mahoma y con la extensión del Islam, los distintos pueblos que lo adoptaron fueron muestra de una súbita cohesión y desarrollo. En la simbiosis entre el Corán y el pasado surgieron matices e interpretaciones casi imperceptibles en occidente.

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Es en la antigua Arabia donde vemos una lectura casi carente de interpretaciones. La fuerza de la palabra de Alá se manifiesta fielmente en las concepciones de los hombres. Entre el sol y la arena se engendran espejismos, y la única manera de evitarlos es abrazando las palabras de Dios. Inclusive, las imágenes que surgían del Corán estaban vedadas para su ilustración por el riesgo de causar idolatría, siendo la caligrafía el canal por el que se expresaban las impresiones causadas por el texto. Es bajo esta rigurosa aridez que el hombre estaba más cercano a toda la belleza que le podía brindar la ley de Dios.

Hay opiniones encontradas sobre la calidad literaria del Corán. Carlyle lo encontraba extenuante, una prueba para los académicos de occidente. Gran parte del libro se concentra en una legislación, seguido de exhortaciones de Mahoma a sus enemigos. Sin embargo, en los pasajes se puede evidenciar que, al igual que en el mundo cristiano, la vía a la divinidad se cumple a través del arrepentimiento.

Azora XX: TA HA

Bondad de Dios para con los árabes

Asé le hemos hecho descender un Corán en árabe, en el que hemos reiterado amenazas. Tal vez ellos sean piadosos o este Corán les refresque la memoria. ¡Ensalzado sea Dios, el Rey, la Verdad! No te precipites en la predicación antes de que se te haya inspirado su texto inspirado. Di: «¡Señor mío! ¡Aumenta mi ciencia!».

 

Finalmente, la poesía está bajo tela de juicio en el Corán, como algo que puede poner en riesgo la uniformidad de la fe entre los creyentes.

Azora XXIV: Los Poetas

Impotencia de los demonios

Los demonios no han descendido con el Corán. No les convenía ni podían. Cierto, ellos son incapaces de oír.

No invoques, junto a Dios a otro dios, pues estarías entre los atormentados. ¡Amonesta a tus relaciones más cercanas! ¡Extiende tu ala protectora sobre los creyentes que te siguen! Si te desobedecen, di: «Yo no soy responsable de lo que hacéis». ¡Apóyate en el Poderoso, el Misericordioso, que te ve cuando te levantas y cuando te mueve entre los que se postran! Él es el Oyente, el Omnisciente.

¿Acaso he de informarte sobre quién descienden los demonios? Descienden sobre todos los embusteros pecaminosos que explican lo oído, pero, en su mayoría, son embusteros; descienden sobre los poetas, y son seguidos de los seductores. ¿No los ves cómo andan errantes por todos los valles y dicen lo que no hacen?

Exceptúanse los que creen, hacen obras pías, invocan con frecuencia a Dios y se defienden después de haber sido vejados. Quienes son injustos sabrán hacia qué destino se dirigen.

 

En el texto, el poeta se revela como un posible enemigo de la fe. No por ser capaz de extinguirla, sino por organizar creaciones que disponen del lugar de Dios en el corazón de los hombres.

ImageCinco siglos más tarde, el imperio árabe se extendió desde la península ibérica hasta Irán bajo el califato Abasí. En esta expansión la lengua árabe se enriqueció de los gramáticos persas. El pueblo más fuerte arribó sobre las tierras de la antigua Persia, donde la Jahiliyyah, o «edad de la ignorancia» (toda la cultura anterior o externa al Islam) albergaba una gran riqueza cultural. En comparación, la tradición musulmana iraní está profundamente ligada a la imagen. Sobre su suelo se gestó el imperio de Darío, y antes de él se cantó el viaje de Gilgamesh para revivir a su amigo Enkidu. Inclusive, se piensa que el dios griego Apolo desciende del antiguo panteón persa. Es aquí donde el espíritu de la cultura encarna en el tiempo de la palabra sagrada. La purificación a través del dogma puede conducir el caudal creativo a una poesía mística.

En esta parte del mundo, el sufismo (ala del Islam que busca lograr contemplar el rostro de Dios y así conseguir la iluminación) tuvo su gran auge. Su doctrina de meditación sobre el Corán, buscando la interiorización de sus enseñanzas, más que su cumplimiento ciego, permitió una gran variedad de poetas místicos que pusieron en sus versos la experiencia de la paz experimentada en el oasis interior que habían labrado a lo largo de sus vidas. Ellos fueron motivo de burla del poeta de Nishapur, Omar Khayyam.

Vino y eternidad

ImageKhayyam nació en 1.048, cinco años después de que el califato fue expulsado por los selyúcidas turcos, también musulmanes. Se dedicó a la astronomía y la matemática, y al final de su vida a la poesía. Su brevísima obra, el Rubaiyyat (que significa «poemario») apenas se forma de 170 poemas. En ellos nos revela el mundo como un grano de arena en el desierto, gracias a las imágenes del universo que examinaba noche tras noche en el observatorio de Merv. Khayyam ha sido llamado escéptico por su particular aproximación a Dios y las creencias islámicas. La verdad es que hay poco de escepticismo en su obra. Su postura ante la fe fue no practicarla bajo la ignorancia y el temor. Para él la misericordia y las amenazas de Alá eran improbables, pero no desdeñaba la vida y el mundo como creación. El deleite por el vino reemplaza y supera el fervor religioso.

Todos saben que jamás murmuré una oración. Todos saben también que jamás traté de disimular mis defectos. Ignoro si hay una Justicia y una Misericordia. Si las hay, estoy en paz, porque siempre fui sincero.

En los monasterios, sinagogas y mezquitas hallan refugio los débiles temerosos del Infierno. Pero el hombre que ha experimentado el poder de Dios, no cultiva en su corazón las malas semillas del miedo y de la súplica.

El mundo inabarcable: un grano de polvo en el espacio. Toda la ciencia del hombre: la palabra. Los pueblos, las bestias y las flores de los siete climas son sombras. La nada es el fruto de tu constante meditación.

En la poesía de Khayyam nos encontramos con el miedo a la muerte. Lo conduce a vivir en el entusiasmo de los placeres, pero no en la búsqueda de la felicidad, advertido de lo vano y doloroso que suele ser ese camino. En esto, y en sus ironías y paradojas se asemeja al poeta inglés John Donne, como un hombre que supera los dogmas y ve entre sus barrotes las verdades más simples e irrefutables de la vida. Comparten el mismo temor a la muerte, pero entre ellos dista el arrepentimiento, que Khayyam nunca hizo expreso, mientras que Donne lo escribió en su enfermedad.

De la felicidad sólo conocemos la palabra. Nuestro compañero más viejo es el vino nuevo. Acaricia con los ojos y con los dedos el único bien que no falla: el ánfora viva de sangre de la vid.

Omar Khayyam

Puedes torturarme, imagen de una nueva felicidad. Podéis modular vuestros arrullos, voces del amor. Contemplo a mi querida y solo escucho su voz acariciante. Me dice: «Dios te perdonará». Pero yo no acepto este perdón y tampoco lo imploraré.

Omar Khayyam

¿Debe el ajetreo apartarte de aquí?

Esa es, ay, la peor dolencia del amor.

Al pobre, al sucio, al falso, puede el amor

admitir, pero no al hombre atareado.

Quien tiene ocupación y hace el amor, tal injuria

comete, como si un hombre casado cortejara.

Fragmento de Despuntar el día de John Donne

 

La iglesia es católica, universal, y así son sus acciones; todo lo que ella hace, pertenece a todos. Cuando bautiza a un niño, esa acción me concierne; pues este niño está ahora unido a su cabeza que también es mi cabeza.

Fragmento de Nunc lento sonitu dicunt, Morieris de John Donne:

 

 

Esta comparación pretende acercar dos personajes que subvirtieron hasta donde les fue posible el camino para llegar a Dios, ambos bajo sistemas religiosos muy estrictos y punitivos.

Las proporciones son vitales en la poesía, y más en la que exalta los excesos. Para alabar la creación en el cuerpo y no en los templos es necesario dibujar los límites de la vida, como una prisión temporal o como un juego, a fin de preservar las formas hasta el final. Borges descubrió este bosquejo de Khayyam, a quién menciona en el poema Ajedrez.

Esta es la única certeza: Peones somos de la misteriosa partida de ajedrez que juega Dios. Nos mueve, nos eleva y nos arroja después, uno a uno, al abismo de la nada.

Omar Khayyam

En el oriente se encendió esa guerra

Cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.

Como el otro, este juego es infinito.

 

También el jugador es prisionero

(La sentencia es de Omar) de otro tablero

De negras noches y blancos días.

Fragmentos de Ajedrez de Jorge Luis Borges

 

Las tradiciones orientales no son diferentes del todo a las nuestras. Quizá, como dijo Jung, son opuestas en esencia. Su ejemplo opone a la psique del hombre occidental que parte de lo racional frente a la del hombre oriental que surge de lo irracional, ambos con destino al lugar de origen del otro. El punto de encuentro está en la mitad de ese viaje. La historia dibuja esos encuentros, donde los cruzados llegaban armados caballeros desde Europa y los moros les enseñaban el significado de su investidura. Hoy, en oriente, la ley de Dios permite lo que nosotros llamamos atrocidades. Las reconocemos claramente porque en nuestros países la brutalidad se labra a la sombra, y nosotros la aceptamos con la misma parsimonia del poeta oriental de Borges, que contempla en silencio «durante cien otoños».

 

Por Rodrigo Marcano

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comentarios (1) >> feed
sobre jayyam!!!
escrito por alinne mekler, marzo 29, 2010

me gusto mucho tu nota sobre jayyam, es directa ni en pro ni en contra, exponerlo asi como lo haces es digerirlo mucho mejor...estoy segura que ya habras leido el libro de nosmbre SAMARCANDA (no recuerdo al autor), pero es una novela sensasional de la vida de omar y sobre lo qu llega a causar su "poemario", muchos años adelante, si ya lo leiste bueno que te digo me enamore de ella, sino...te estas perdiendo de algo genial...saludos y otra vez linda nota!!!! smilies/wink.gif smilies/grin.gif

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