OOPS!

Para Dakmar Hernández, por supuesto.
El compositor Kevin Johansen volvió al país acompañado de Ricardo Liniers, el conocido dibujante argentino, para ofrecer en Caracas un espectáculo que rompió con cualquier noción de fronteras entre las artes. ReLectura tuvo la oportunidad de conversar con Johansen y de asistir al concierto. He aquí los testimonios de una grata experiencia.
La pauta de hoy, decía el subject del correo que nos mandó Dakmar Hernández a Daniel Centeno y a mí, para nuestras respectivas entrevistas con Kevin Johansen. El cuerpo del texto, breve, decía lo siguiente:
Coincidentes y cercanas, mas no yuxtapuestas. Les copio la pauta de la productora general para evitar equívocos: Revista Sala de Espera /Daniel Centeno. 4:25 pm Revista ReLectura /Rodrigo Blanco. 4:40 pm
Un beso a ambos, nos vemos en la tarde.
A eso de las 4 de la tarde, ya nos encontrábamos Daniel y yo en el lobby del Hotel Pestana, en cuya terraza-lounge tendrían lugar las entrevistas. Pocos minutos después llegó Ariana Basciani, quien me haría la segunda con las fotos. Y media hora después, mi amiga colega de la Escuela de Letras, Elena Cardona, quien también iba a entrevistar a Johansen para alguna publicación cuyo nombre no llegué a memorizar. Así estaría de sorprendido por esa coincidencia de diferentes amigos gracias a una misma afinidad musical. La cosa empezaba bien. Incluso, a pesar del ligero retraso. Era poco más de las cinco y el hombre no aparecía. Ya Dakmar, siempre atenta, nos había llamado para avisarnos que estaban en camino pues el ensayo con Famasloop, para la canción que tocarían junto a Johansen esa noche en la Plaza Ávila del Centro Comercial San Ignacio, les había tomado más tiempo del estipulado. Sin contar con los retrasos típicos que ocasiona el tráfico caraqueño.
El retraso nos dio ocasión de armar un minigolpe de estado: las entrevistas de Daniel y la mía serían coincidentes, cercanas y yuxtapuestas. En vista de que cada uno sólo tenía 15 minutos para hacer preguntas, decidimos hacer la entrevista juntos y así ganar más tiempo con el cantautor (que no cansautor) argentino. Dakmar no tuvo problemas y así lo hicimos. El resultado, o al menos una versión editada, es lo que lo que ofrezco continuación. El complot fue particularmente benéfico para mí. No sólo por el tiempo extra que al final obtuvimos, sino porque yo estaba algo nervioso. Yo no soy periodista, no tengo experiencia haciendo entrevistas y menos a celebridades como Johansen.
Luego de la entrevista, me di cuenta de que, de haberla hecho solo, el resultado no habría sido tampoco desastroso. Johansen se reveló como un tipo verdaderamente accesible, inteligente y amable. Su humor, ese que estría por momentos su rostro en una de sus frecuentes sonrisas, estuvo presente a lo largo de toda la conversación. Un momento inolvidable que fue un anticipo del buen rato que tendrían todos los asistentes al concierto que ofreció el sábado 16 de mayo de 2009 junto a Liniers en el Centro Corpbanca.
La entrevista
La primera cumbiera intelectual fue mi madre

Fotografía: Ariana Basciani
Daniel Centeno: Haber nacido en Alaska y luego haber vivido en varios países debe haber creado en ti una conciencia particular sobre la pertenencia. Dicen que la música es el lenguaje universal. ¿Te amparaste ahí?
Kevin Johansen: Seguramente. Es una buena expresión. Recién estaba pensando en lo que decía Youssou Ndour, el famoso cancionista senegalés, que dice que la música es el primer idioma. Es una muy buena frase. Insiste en que la música viene primero. Porque si hubiera nacido en Tanganica estaría haciendo canciones en tanganiqués, o como se diga. Hace pocas semanas estaba pensando en eso cuando dicen de uno, que uno tiene dos culturas. Mitad norteamericano, mitad argentino y esas cosas. Y en realidad yo pensaba: uno es enteramente argentino y también enteramente gringo. Ese es mi caso. Como dicen en inglés you have the best of both worlds. Estoy en paz con eso y aparte que me parece que es algo que va en aumento. Hoy hay muchísima gente que tiene un padre de un país y una madre de otro. En mi caso quizás sea un poco más extremo, bipolar, literalmente.
Rodrigo Blanco: ¿En Argentina no sientes que eso ha sido un problema? Yo lo he percibido así con escritores como Andrés Neuman, a quien otros escritores o críticos le tienen cierto recelo por no pertenecer enteramente a uno de sus países o nacionalidades. Sobre todo, la argentina.
KJ: En mi caso, la verdad es que tengo muy buena relación con músicos de todos lados, y especialmente de la Argentina, España, Uruguay, Brasil. Creo que no hay ningún problema, o en todo caso, el problema es de otros. Recuerdo sí, cuando era joven, en Buenos Aires, quizás me daba un poco de pudor mostrar las canciones en inglés y cuando llegué a Nueva York con 25 años, al revés, quizás me daba un poco de cosa mostrar las canciones en castellano. Pero eso se me curó rápidamente, gracias al dueño de CBGB´S, que es mi mentor tormentor, como le decía yo.
DC: Llama la atención eso de que te diera vergüenza mostrar canciones en inglés, si tomamos en cuenta que salías de gira con Sumo.
KJ: Lo que pasa es que en ese momento los Sumo tenían 10 ó 15 años más que uno y bastante más camino hecho. La verdad es que fueron un ejemplo increíble. Cuando yo escuché por primera vez Dale, baby, dame nesquick, yo quiero verte next week, yo dije qué bueno, qué libertad. Y yo no tenía esa libertad, yo tenía mis tapujos, mis prejuicios. Y mis temores, ¿no? Que en realidad eran temores a los prejuicios de los otros.
RB: Con respecto al libro OOPS!, que te trajo a Venezuela, y a la expectativa que hay con este concierto tan particular que vas a ofrecer con Liniers, tú tocando y cantando y él dibujando en escena, ¿te parece que eso sea después algo natural, la confluencia de artes que se piensan distintas y que en realidad tienen mucho en común y pueden complementarse?
KJ: Sí, yo creo que hay muchísimos ejemplos de artistas que han hecho tapas de discos o que han colaborado con músicos en escena. Hubo un comentario en algún periódico en Buenos Aires sobre una especie de rebrote de dibujantes y artistas plásticos haciendo tapas de discos y que el primero que salió de la última tanda fue Logo, con Liniers. Después salió también con Liniers La lengua popular de Calamaro. Eso demuestra que hay una afinidad estética y una afinidad generacional. En el libro está muy claro que hay temáticas que hemos tocado sin darnos cuenta, el uno en una canción y el otro en una tira cómica. Como en McGuevara´s o Che Donald´s, que también está ahí en el libro, donde dice El revolucionario del mes, en vez del Empleado del mes. En nuestro caso es muy orgánico porque hay una amistad además de una admiración mutua. Hay una comodidad amistosa, no es como trabajar. Esto, la gira y el libro, es como una bonita conjunción de todo el trabajo que venimos haciendo.
DC: ¿Nos podrías contar cómo es tu proceso de composición? ¿Cuándo te das cuenta que una canción va en inglés, en portugués o en español? ¿Cuando será una cumbia, cuando va a ser un rock?
KJ: Con respecto al idioma, surge solo y trato de no traducir. Con respecto a la música todo es muy variado. Puede ir desde la típica situación de tararear una melodía y tratar de encontrarle una letra en seguida. Hasta puede la cosa empezar por el título. Con Desde que te perdí todo surgió con la idea de que a un tipo le fuera bárbaro desde que perdió a la mujer. Ya desde el título tenía la idea y ahí empezó a surgir la rumbita. Hay una cosa muy bonita que dice el amigo Paulinho Moska, de Brasil, que dice que la letra es como la persona y la música es como la ropa que se pone la persona.
Por cierto, anoche estaba escuchando al grupo C-4, el joropo y esa música que no entiendo dónde carajo está el uno. El jorobo tiene un parecido rítmico a la chacarera. Habría que encontrarle la vuelta. Hacer una joropera o una chacaropo.
DC: O una tonada de Simón Díaz.
RB: Bueno, Drexler en sus conciertos en Caracas ha versionado a Simón Díaz.
DC: Y Caetano Veloso también.
KJ: Simón Díaz, sí, el Atahualpa Yupanqui de aquí.
DC: Y tu hijo se llama Tom Atahualpa después hablas de los nombres raros.
KJ: (Risas) Sí, eso fue una libertad que me tomé a pesar de la familia de la madre de Tom, que estaba muy shockeada. Los convencí diciéndole que el segundo nombre es como una anécdota, se pierde en el olvido. Si quieren, les dije, no lo decimos en el colegio.
RB: Háblanos de tu canción más conocida, La cumbiera intelectual. Tiene mucho humor y mucha crítica.
KJ: Es una observación social, si se quiere sociológica, sobre el Buenos Aires que me encontré al volver en 2000. Me fui en el 90 y la cumbia ahí estaba muy mal vista. La música tropical que llegaba a la Argentina no era de muy buena calidad, salvo algunos guaguancós y algunas bandas muy buenas que hacían un poco más de honor a la buena cumbia. Hay toda una generación, la de Charly García y Spinetta, que nunca en su vida harían una cumbia. Es como mal vista, como de bajo fondo social. Eso cambió mucho. Empezó a haber una mirada mucho más latinoamericanista en la Argentina. A su vez que cambió toda la cuestión social. Entonces cuando yo empecé a ir a las bailantas, a modo de curioseo, noté eso, que había mucha más interacción social de distintas capas. Había chicas de clase media bailando cumbia muy contentas. Ahí surgió un poco la idea de la cumbiera. Partió de ahí pero después volé, me fui al carajo, ¿no? Canto como si yo fuera un pibe medio de clase baja, que no entiende nada y que se encuentra a esta cumbiera que le enseña todo.
RB: Aunque está esa posición del que no sabe nada, para construir esa letra hay que saber de literatura. ¿Cómo te llevas con la literatura? ¿Cómo se conecta con tu proceso de composición?
KJ: y yo tuve una madre políglota. Ella hablaba siete u ocho idiomas. Va a sonar muy edípico pero la primera cumbiera intelectual fue mi madre. Ella era de las madres que incitaba a leer. George Orwell o Aldous Huxley me tocó leerlo a los 13 años. Eso innegablemente me nutrió mucho. Después, también estuve casado con dos bailarinas argentinas. Una era novia, en realidad, me fui a Nueva York con ella y nos casamos por los papeles. Pero a los 3 años nos separamos. Ahora es una gran amiga y ella me enseñó mucho del mundo de la danza, por eso también hay comentarios ahí sobre grandes coreógrafas.
Pues sí, la primera cumbiera fue mi madre. En realidad, mi relación con la lectura fue muy buena hasta que ella falleció, hace seis años. Ella, en ese sentido, me alimentaba y me sugería mucho. Era incansable, de esas personas que se leen todo y están informadísimas y saben lo último. Y tienen argumentos para decir es una cagada tal cosa, o, está buenísimo. Y yo, bueno, vengo releyendo a Henry Miller. También ahí tengo a Murakami esperándome. Pero, estoy muy cinéfilo, si eso te ayuda (risas).
DC: ¿Qué cine ves?
KJ: Veo de todo. Ahora, hace poco, estuve haciendo una revisión de Woody Allen bastante exhaustiva. Vi Vicky, Cristina, Barcelona, que me pareció muy entretenida. Muy interesante cómo (Allen) se ríe de todos nosotros.
DC: Leí en algunas entrevistas donde decías que, contrario a lo que parecía, no escuchabas mucha música actual.
KJ: Escucho muchísima música todo el tiempo. Los oídos no se pueden cerrar. A veces pongo la tele y hay un reguetón sonando y averiguo qué es. Sé lo que es Wisin y Yandel, sé lo que es Calle 13 y conozco la diferencia. De hecho soy muy amigo de los Calle 13, que son gente muy linda. Con respecto a lo que me preguntas, me da por épocas. A veces me concentro y paso semanas escuchando la cantidad de discos que amigos u otras personas me dan por los países que uno va visitando. Estoy en la pomada, como quien dice. Estoy al tanto.
RB: Llevas cerca de una semana en Caracas. ¿Has visto muchos McGuevara´s por acá?
KJ: y no. Bueno, no sé, el tema acá es delicado
DC: Ya en una ocasión dijiste lo de delicado con respecto a Venezuela y el disco que le regalarías a Chávez.
KJ: Y sí, es que ustedes los periodistas pinchan, buscan ronchas, buscan el barro, el lodo. Yo dije una cosa muy inocente. Que le recomendaba a Chávez un disco de Caetano para que se conectara con su lado femenino. Es bueno para un hombre fuerte, un hombre así tan poderoso. Es algo saludable. Lo dije con cariño.
DC: Una última pregunta, ¿alcanzar la fama a los 40 años no es lo más anti rockstar que existe?
KJ: (risas) Total en realidad fue a los 35 (risas). La verdad es que creo que todo esto ha sido muy bueno. Yo siempre fui un tipo inocente, muy inconsciente, en el mejor y en el peor de los sentidos, con lo que hacía. Nunca lo tomé como una carrera. Sólo componía canciones, tenía ganas de mostrarlas y, afortunadamente, tuve landmarks, como dicen en inglés, momentos clave donde algunas personas que sabían mucho me decían tú puedes, vamos, you can do it.
El libro y el concierto
La nota de prensa que explicaba en qué consistía el concierto era lo suficientemente extraña como para resultar interesante. Kevin Johansen, cancionista argentino, presentaría varios de sus éxitos mientras, en el mismo escenario, Liniers, connotado dibujante (también argentino), haría dibujos que serían proyectados en una pantalla gigante. Una verdadera simbiosis entre lo visual y lo sonoro que prometía una experiencia radicalmente distinta a lo que está habituado a ver la mayoría del público que asiste a los recitales.
Como prueba de que este aparente desatino había funcionado, estaba el libro OOPS!, una colorida, original y hermosísima confirmación de aquella sentencia mallarmeana de que el mundo existe para llegar a un libro. Publicado por Ediciones de La Flor (sinónimo, para muchos, de Mafalda y de Quino), el libro contiene una entrevista a Johansen y a Liniers donde se cuenta la historia de estos particulares conciertos. Igualmente, podemos leer las letras de las canciones de Johansen acompañadas de las ilustraciones francamente divertidas de Liniers. El día del concierto se vendieron, hasta agotar la existencia, los pocos ejemplares que llegaron a Caracas. Así que si tienen algún familiar o amigo que viaje a Buenos Aires, o si les queda algo de cambio en el cupo de Cadivi, no duden en encargarlo. Vale totalmente la pena.
A las 8 de la noche del 16 de mayo, el jardín de senderos que se bifurcan, mejor conocido como la sala de conciertos del edificio Corpbanca, estaba abarrotado. La expectativa era inversamente proporcional a los pocos instrumentos que se veían en el escenario. Apenas un atril y un guitarra en el costado derecho y una mesa enorme llena de papeles, creyones, hojas blancas y potes de pintura. Parecía que fuésemos a presenciar una obra de teatro cuyo tema fuera un divorcio o una mudanza o una sesión incierta de retratos.
Cerca de las 8 y 30 de la noche, cuando ya los aplausos nerviosos del público pedían el comienzo de la presentación, aparecieron Johansen y Liniers, vestidos como si fueran parte del público o como si en realidad sólo estuvieran en un estudio compartido donde matan el tiempo entre trazos y canciones. Se saludaron juguetonamente, a la manera de unos payasos ancianos que creen en su rutina y empezó el espectáculo.
No voy a entrar en detalles. No creo que mis palabras puedan resumir lo que los colores y las notas musicales tampoco pudieron resumir esa noche. Sólo queda decir que fue un concierto único, distinto y que yo sepa, nadie salió defraudado. La atención oscilaba entre los dibujos de Liniers y la música de Johansen, como si uno y otro estuvieran soñándose. Un dibujante que pone algo de música para inspirarse, o un cantante que pulsa sus acordes y canta, mientras imagina que aquello que toca es el producto de la imaginación de un niño. La bisagra entre ambos ámbitos y entre esos dos ámbitos y el público, fueron las emociones. La reinante, sin duda alguna, fue el humor. Tanto así que, por momentos, uno tenía la sensación de estar en el casting de la nueva alineación de Les Luthiers. El sketch final, en que Johansen sacó una guitarra eléctrica rosada con el rostro inmenso de Hello, Kitty, o cuando Liniers improvisó, con esa misma guitarra, una versión de Knocking on heavens Doors, fue para botar lágrimas de risa. Y esta conciencia profesional de que el arte es un juego, no impidió que otras emociones (las básicas que conforman la paleta humana) afloraran durante las dos horas que duró aquella entrañable presentación.
Por Rodrigo Blanco Calderón
A continuación podrán apreciar en la serie de fotos algunos momentos privilegiados del concierto. Las fotos del concierto son cortesía de Mariana Tineo, CAM Producciones.
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