Lista de Autores

Lista de Autores

Mharía Vázquez Benarroch comparte sus lecturas favoritas

Leer más...
Capote

Entrevistas

"La escritura forma parte de mi relación con la enseñanza en bachillerato" (E. Sánchez)

Leer más...
Escrituras

Escrituras

La niñez en la literatura • Las dos vidas de Salinger • Música, Rayuela y 8 1/2

Leer más...
Inicio arrow Autores arrow Entrevistas arrow A Carlos Sandoval

Sandoval y el artista de la intuición

Entrevistado por Enza García

Image  

 

Suele pasar entre los estudiantes de Letras: cuando alguien va a decir una barbaridad, una infidencia o una travesura, se apoyan en la ya legendaria frase de Carlos Sandoval. “Todo hay que decirlo”. Carlos no llegó tarde, ya estaba allí en los parajes del Instituto de Estudios Literarios, aunque sin afeitar, porque la mañana había empezado muy de prisa con unos trámites médicos de por medio. La entrevista tuvo lugar en una oficina, y empezó a propósito de las telúricas declaraciones que alguna vez dio cierto cineasta.

 

Alberto Arvelo declaró una vez que la crisis del cine venezolano está en los guiones, y la crisis de los guiones, en la literatura venezolana, porque acá no hay una literatura como tal. ¿Qué piensas de eso?

Ese es un viejo prejuicio. Sobre todo de los mismos escritores venezolanos, más que de los investigadores, porque ellos manejan otros patrones, quizás más anquilosados. No quiero decir que nosotros tengamos que producir un tipo de teoría o unos patrones de evaluación literaria, pero en el caso específico del estudio de la teoría literaria, aún hoy en 2009 sigue habiendo mucho desconocimiento y eso obedece, desde mi punto de vista, a la falta de un criterio educativo tanto en las escuelas de Letras como en la educación básica, que no ha permitido que se conozca la literatura venezolana. Y diré más, muchos investigadores de la literatura en Venezuela no se dedican a la literatura venezolana, porque acá uno investiga lo que quiere, y no digo que todos, pero muchos ni se preocupan por saber qué es lo que se está haciendo ahora, no conocen, no buscan. Y cada vez que me preguntan esto, yo digo que el desconocimiento hace que se den este tipo de apreciaciones tan tajantes, como que aquí no hay literatura. Entonces uno se pregunta capciosamente, si no hay, cómo es posible que desde 1830 hasta hoy tengamos un corpus crítico que explica el desarrollo de los grupos y tendencias que se han dado en nuestra literatura.

 

Bueno, eso es lo que pasa cuando un cineasta habla…

Sí. Cuando el cineasta habla de una especificidad que no le corresponde. Yo no digo que el cineasta tenga que ser un especialista. Pero para mí, que estudio la literatura venezolana, sería muy peligroso hablar del cine venezolano. Puedo decir si me gusta o no. Pero ya. Ahora, se da el caso de muchos escritores venezolanos que hablan mal de nuestra literatura. Siempre cito el caso de la Escuela de Letras de la UCAB, donde muchos odian la literatura venezolana, porque me lo dicen ya entrados en confianza: que no me gusta, que no me mueve o qué sé yo. Pero ellos tienen pretensiones escriturales, quieren ser escritores. Entonces les digo: “no le gusta la literatura venezolana, pero, y cuando usted publique, ¿cómo se le va a estudiar?” Esas contradicciones son producto de ciertas dinámicas y prejuicios que vienen circulando por allí.

 

¿Qué te aburre?

Me aburre la repetición. En lo literario me aburre el uso constante de algunas temáticas. Me aburre la falta de curiosidad de algunos escritores y algunos investigadores. Y cuando se pierde la curiosidad en esto que hacemos, que es una actividad artística, empieza la decadencia. 

 

El último entrevistado me dijo que acá hay una crisis de personajes en los jóvenes narradores…

Una crisis… Fíjate una cosa muy curiosa, Salvador Garmendia hablaba de eso, señalaba esa ausencia de construcción del personaje en la narrativa nuestra, que les faltaba profundidad psicológica. Y eso puede tomarse como la reflexión de un narrador sobre su propia ars narrativa o de la narrativa en proceso a la cual pertenece, pero yo no apuntaría que hay una crisis del personaje. Uno podría señalar crisis individuales en el sentido de que no encuentras una poética definida en estos escritores. Soy de quienes creen, como crítico, que los que tienen una actividad creativa, deberían mostrarme una poética, que hasta puede ser una de la dispersión y el caos. Entonces yo no diría que hay una crisis, diría que algunos autores tienen una crisis porque aún después de publicados no consiguen una orientación sobre lo que quieren cristalizar. Ahora, hay personajes bien construidos en los relatos que se han producido en el país, incluso desde finales de los años 90. Personajes que bien podrían ser inolvidables para algunos lectores. Yo comentaba en clases pasadas un cuento de Roberto Echeto, “El cohete”. La gente criticaba el cuento, acusándolo de frívolo. Entonces les dije: “¿Pero no les parece que allí está retratada una situación muy particular de América Latina?” Y al mismo tiempo les decía que cuando uno cierra el libro, le queda resonando ese personaje, ese gordo que inventa un cohete y que intenta además introducirlo en el mercado, y te queda esa resonancia, que quizás es un término poco crítico, pero que te quede como lector significa algo, y creo que significa que está bien construido. Insisto. Hay crisis en otros niveles, lo que ocurre es que quizás nosotros manejamos nociones del funcionamiento de la narrativa un poco anquilosadas. Tú tomas un cuento, un cuento de Salvador Fleján, “Miss Nueva Esparta”, digamos. ¿Pero qué pasa con estos lectores? Que no se han percatado de que la narrativa incorpora mucho más rápidamente elementos del contexto cultural en el que uno está viviendo. Entonces, cuando hablamos de crisis de personajes es porque estamos esperando un tipo particular de personaje, tipo Raskolnikov o Doña Bárbara, personajes simbólicos con una carga muy importante. Una de las riquezas y las bondades de la narrativa es que te pone a reflexionar cuentística, novelística y críticamente sobre el contexto en el que te estás moviendo.

 

Parece que hay un divorcio entre el artista y el crítico. ¿Pero no debería ser también el crítico un artista? ¿El hecho de escribir sobre el trabajo de los demás no te convierte en alguien que ejerce un género literario?

Hablando de prejuicios. Hay gente que todavía cree hoy en día que el crítico es un escritor frustrado, que no tiene talento para construir universos ficcionales interesantes, entonces por eso se dedica a criticar y, por lo general, se piensa que a criticar negativamente la obra de los demás. Pero eso no es así. El verdadero crítico que tiene vocación e interés y que ha cifrado su vida con la literatura, como lo hacen los poetas o los narradores, también debe tener un gusto por el lenguaje. El crítico debe tener una pasión por la literatura, y un sentido: producir conocimiento. No solamente es el puente que ayuda al lector a entender qué está ocurriendo en un proceso narrativo, además tiene una dimensión. A mucha gente no le gusta que uno le diga “a mí me parece que esto no está funcionando” y sobre todo si tú has cifrado tu vida en torno a lo que estás escribiendo. Entonces es muy difícil desligar una cosa de la otra. Si te pasas un año escribiendo un cuento y llega un tipo y te dice que esto no funciona por esto y por esto, además tiene que exponerte las herramientas por las que eso no funciona, porque no puede ser un ataque o una valoración sin ningún tipo de apoyo. Y cuando un crítico hace eso, el narrador se va a sentir un poco herido, lo cual es normal porque somos humanos. A ninguna mujer le gusta que le digan que esta fea o gorda, pues lo mismo pasa con la creación. Ahora, qué ocurre, que el crítico también tiene que ser un escritor, porque produce una discursividad, así que debe tener un verdadero dominio del lenguaje, aun cuando no esté escribiendo ni recreando lo que comenta. El crítico deber ser un artista de la intuición, ser capaz de observar las pulsiones y motivaciones. Eso que digo yo en mi curso de lo que se burla Álvaro Mata, el sentido de lo que el autor está haciendo, porque uno debe reconocer que un autor publica un libro por algo, y a lo mejor eso tiene que ver con el hecho de que quiere ser famoso, lo cual es legítimo, o a lo mejor lo que quiere es burlarse de la institución literaria, o usar el relato como un diván psicoanalítico. El crítico entonces debe decirlo, y ser un organizador del conocimiento, y aunque jamás sepa exactamente qué es lo que motiva al escritor, debe saber organizar. También depende de la estructura mental. Hay gente que  nace para narrar, otra para hacer poesía y otra que, como yo, puede captar cosas que no capta un narrador. Creo, tal vez porque soy muy romántico, que la gente que escribe quiere producir una obra de arte, entonces ese es el terreno en el que me muevo. La labor del crítico no sólo es valorar esas obras y expresar esa valoración de la mejor manera posible con el mejor uso del lenguaje, porque aunque no produzca narrativa, el crítico debe ser un escritor.

 

Image 

 

Hablemos del Plan revolucionario de lectura.

Evidentemente, el plan de lectura que se está promoviendo tiene un sesgo ideológico, como suele ocurrir en este tipo de regímenes. Pero yo creo que ese plan se va a caer por su propio peso. Mira, yo soy un venezolano nato, caraqueño, que sufre dispersiones, que tiene todos los arquetipos del que nace en este país, y sé que el problema de esta revolución y del venezolano en general es que no estamos preparados para hacer las cosas organizadamente. Por eso es que la gente se asusta mucho con lo que está ocurriendo, con la revolución bolivariana. Siempre digo que no hay que alarmarse, porque aquí las cosas, como siempre ha ocurrido, se dictan pero nunca se cumplen. No hay material humano a veces para llevar a cabo algunas empresas. Entonces, creo, incluso hablando de la revolución bolivariana, que se han ganado muchos espacios, pero chica, tenemos diez años con la amenaza de una dictadura, que nos van a hacer esto y lo otro, y yo no veo nada, salvo la vivencia crispada de muchos venezolanos ante lo que va a ocurrir. Mi mujer dice que yo soy el único anti-chavista feliz, porque es que cuando veo los planes, en el que incluyo este plan de lectura, noto que no tienen la más mínima viabilidad. Hace unos cinco o seis años fui a una reunión que convocaron en la universidad para explicarnos las desventajas de la política de seguridad social, y recuerdo que de allí salimos aterrados, que si nos iban a quitar el I.P.P., y aquí estamos, Enza, después de esta entrevista tengo que ir al I.P.P. a buscar una carta aval para algo que le van a hacer a mis padres. Entonces te das cuenta: aquí no va a pasar nada. Insisto, nosotros somos poco serios, tanto que hablamos y hacemos poco. Demasiado bonchones.

 

¿Qué te gusta de la nueva narrativa?

Me gusta el arrojo, el atrevimiento, las múltiples posibilidades de estos narradores para explorar cualquier temática y cualquier estructura narrativa. Antes, hasta la vanguardia, uno podía clasificar la literatura venezolana por períodos y escuelas. De los años 60 en adelante vino una época más difícil, porque había más escritores y tendencias. Sin embargo, la crítica estudiaba por décadas. Hoy día observo que hay un mayor compromiso estético con lo que se está haciendo, se están tomando más en serio el trabajo. No es que antes no pasara, porque Balza sería un ejemplo de alguien que se tomó muy en serio la actividad creativa, pero esos eran casos esporádicos. Hoy día ocurre que los escritores actuales, estos jóvenes que han publicado en esta década que avanza, tienen un mayor arrojo sobre diversos temas y estructuras. No tienen miedo. Siempre hay caídas, lo cual es normal, pero han asumido un compromiso estético, porque asumen que la narrativa es una actividad fundamentalmente estética, que luego puede servir para muchas cosas: catarsis, fama, lo que tú quieras, y eso lo observas en el manejo de las estructuras, en la construcción de un personaje, en el uso de la lengua. Estamos asistiendo por fortuna a un momento interesante. No me atrevería a decir que es un boom, porque habría que estudiar muchas cosas. Desde el año 2003 hubo una suerte de boom editorial, que quizás tiene que ver con la entrada de divisas al país, por razones de políticas de Estado. Lo que está sucediendo ahora, y lo creo porque no creo en las generaciones espontáneas, es el resultado de varios factores: primero, somos más. Hay mayor conciencia profesional en los narradores. El otro día Rafael Arráiz Lucca dijo que aquí hacían falta escritores profesionales, pero yo sí creo que aquí hay profesionales que asumen su actividad como una práctica que está por encima de sus otras actividades. Y tanto Roberto Echeto, como Rodrigo Blanco, Lucas García, Eduardo Febres, Ana García Julio, Carolina Lozada tienen textos a los que te puedes acercar y quizás no te gusten todos, pero tienes que reconocer que hay un trabajo conciente respecto de lo que es la narrativa, el compromiso estético. Y eso hay que investigarlo. Así como existe el hecho muy curioso de que muchos de estos narradores están vinculados con la academia, porque tienen una condición que les permite conocer no solamente la creación, sino además la teoría y la crítica, y eso hay que estudiarlo porque quizás ha hecho que nuestra narrativa entre en campos distintos. La otra vez Balza se asombraba y me decía: “Carlos, qué cosa tan curiosa este muchacho, Rodrigo Blanco, que escribe tan bien y da clases de teoría literaria en la Escuela de Letras”. Y yo le decía, pero es que claro, estamos en un momento en el que la práctica narrativa no está reñida con la teoría como sucedía antes. Cuando revisas las obras reflexivas de grandes escritores de la literatura universal, como Kundera, o el caso de Mientras escribo de Stephen King, te das cuenta de que son autores que han reflexionado sobre el producto que le dan a los lectores, y creo que eso es algo que hacía falta en la narrativa nuestra.

 

¿Dónde está la crítica actualmente? ¿En la academia o en Internet?

En los dos sitios. Fíjate que desde los años 70 para acá, la crítica venezolana se ha vuelto más profesional, porque a partir de esa década, los postgrados en literatura permitieron que se formasen algunos escritores que tenían un mayor talante crítico. Lo que ha ocurrido es que esa crítica es altamente especializada y suele aparecer en las revistas de investigación de las universidades. No es el tipo de crítica que uno podría leer en un Papel Literario, ni como las reseñas de libros de El librero. Y fíjate, uno revisa El librero y allí no hay un crítico profesional en ese sentido; digamos, alguien como Carlos Pacheco. Lo que puedes encontrar es un tipo de crítica más expansiva y divulgativa. Pero el asunto es que te puedo hacer una lista de críticos que en efecto producen para otro público, el público de las universidades. Y por otro lado, está esta crítica también muy interesante que se da en los blogs y otros medios de Internet. Es otro fenómeno que se debería estudiar, la relación entre Internet y nuestra narrativa actual. Uno allí puede colgar sus cosas y de paso se va enterando de otros asuntos. La otra vez hicieron una encuesta en no sé cuál revista electrónica sobre cuál novela de ese medio era la más leída, y resultó ser la novela electrónica de un escritor venezolano, Jorge Gómez Jiménez. Y esa obra no existe en físico y no es una novela que conozca toda la crítica. De hecho, hay mucha gente que sólo publica en blogs y por ahí te enteras de cosas de las que no sabrías por la prensa diaria. Ahora, vamos a matizar: hay varios tipos de crítica. Si a mí me pidieran una columna de crítica literaria para un periódico, yo escribiría algo mucho más accesible, porque depende del tipo de público al que nos estamos refiriendo, pero tampoco hay esos espacios, y el que no los haya no es algo por lo que uno se deba lamentar. Porque ahora por fortuna está Internet, y cuando no está, quedan esos otros espacios, uno sigue escribiendo y dando clases, y cuando da clases sabe que cuando uno dice algo sobre la narrativa actual, sobre todo a gente que realmente la lee, pues entiende que allí tiene un público cautivo y que la crítica funciona. Creo que la crítica universitaria que leemos un grupo especializado, con una jerga muy crítica y a veces hasta complicada, es algo que nosotros consumimos, pero francamente la más interesante es esa que se da en los blogs, porque te deja saber qué se está publicando, qué se está leyendo y cómo la gente se lo está tomando. Libros que nunca han sido reseñados en prensa se ven reseñados en todas partes en Internet. Y aquí además funciona mucho el método del boca a oído, que si mira, léete tal novela, y eso quizás no llegue nunca a lo escrito, pero sí al gusto de los lectores y a las ventas. Por ejemplo, cuando Falke fue reseñada en prensa ya iba por la segunda edición, porque la gente ya sabía que debía leer ese libro porque tenía cosas interesantes. Así que si me lo preguntas, la crítica está en todas partes, en la universidad, en Internet, en las conversaciones. En este país pasan cosas muy curiosas, aquí la gente habla de la poca lectura, ¿pero tú has visto quebrar alguna librería Nacho? ¿Te has dado cuenta de que cada vez que abre un centro comercial, hay por lo menos una Nacho o una Tecni-ciencias? Y tú puedes decir, bueno, que la gente compra libros por moda, ¡pero los compra! Y no sé si los compra para leerlos o para adornar la casa. Chica, aquí hay dos Ludens y tres Alejandrías, y salvo casos muy particulares, pues yo me imagino que aquí las librerías no han quebrado porque de verdad venden. Entonces es otro fenómeno más para estudiar, pero esa no es mi área.

 

A ver, ahora dime, ¿tienes alguna novela por allí guardada?

Yo soy un crítico literario, básicamente. Y a veces me provoca escribir narrativa. Pero en verdad soy un crítico que a veces hace narrativa. No me importa que cuando alguien lea un texto diga que es muy técnico o muy crítico. Porque estoy muy claro y no tengo pretensiones en ese sentido. Lo que mejor me sale es la crítica literaria, y las crónicas, a veces.

 

 

Para finalizar, Sandoval me comentó con esa ráfaga de emoción con la que suele hablar, sea a propósito de una entrevista, una clase de maestría o durante un sancocho, que se está preparando el Primer Congreso de Narrativa Venezolana, a finales de noviembre en Margarita. Le dije que le daríamos publicidad en ReLectura a ese asunto, así que los invito a visitar www.elgestodenarrar.humanidades.org.ve. Y algo más, porque todo hay que decirlo, Carlos Sandoval tiene un blog de crítica literaria: serviciocrítico.blogspot.com. Y cojan palco, por ahí viene un estudio detallado de lo que Sandoval piensa de esta narrativa en crecimiento.


 

comentarios (3) >> feed
los olvidos de charly sandoval
escrito por gonzalo picón febres, junio 10, 2009

¿"estamos en un momento en el que la práctica narrativa no está reñida con la teoría como sucedía antes."?
Y qué dice Sandoval del propio Balza, Meneses, Liscano, Chacón, Palacios, Di Stefano, Quintero, Barrera Linares y un larguísimo etcétera? Parece que le faltan lecturas al profesor de IIL, o se calla astutamente para que le cuadre su teoría de que los escritores "de ahora" saben de teoría literaria... es decir, alabemos a Rodrigo Blanco, otra vez... a otro perro con ese hueso...

Hablando de prejuicios...
escrito por Picón Salas, junio 13, 2009

Qué cantidad preuicios tiene el profe, ¿no? A cada afirmación, un prejuicio que lo avala. Amigo, ¿no habrá usted sucumbido usted a su propio ego?... Y ojo: no soy escritor ni nada que se le parezca.

...
escrito por ricardo ramírez, junio 14, 2009

Carlos Sandoval rules

Escribir comentario
quote
bold
italicize
underline
strike
url
image
quote
quote
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley

busy
< Anterior   Siguiente >

Patrocinante