Guía del lector
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13 de junio: Ateneo en la memoria Se supone que cada mes y por cada evento, me corresponde escribir una reseña donde sea portadora de aciertos y celebraciones: decir que la asistencia fue masiva, que los ponentes fueron esplendorosos, que seguimos promoviendo un espacio para que el caraqueño se relaje y disfrute colectivamente el hecho artístico. Pero sería una hipocresía enorme relatar el evento del mes de junio con un lenguaje cifrado por una sensación que no nos acompañó. El júbilo y el recuerdo de tiempos dorados no pudo anteponerse a la indignación, la desesperanza y la rabia ante los tiempos que nos acechan, tiempos al que todos, desde arriba o desde abajo, hemos estado dándoles cuerda. La asistencia no fue masiva como el mes pasado a propósito de la gastronomía y la literatura, y tan poco masiva fue, que dos de los ponentes, a pocos minutos del encuentro avisaron que no vendrían: Javier Vidal y Gustavo Rodríguez. Los ánimos de quienes somos ReLectura se vieron crispados y pesimistas. Pero la gente empezó a llegar, Héctor Manrique apareció con su buen ánimo y disposición, luego llegó el cálido Armando Gota con sus años y energía. Y de golpe, hizo su entrada la gente de Teatro Naku, que con presteza montaron su carpa para un performance donde una gitana nos diría el futuro. De más está decir que aquello fue impactante, y que el títere fue una de las cosas más vivas de la noche. Armando Gota recordó que el Ateneo de Caracas fue un lugar para el encuentro, donde habitaron personajes llenos de encanto y misterio, como el viejo Eduardo, dueño del cafetín, que lo sabía todo y hasta hacía sus recomendaciones a la hora de escoger un espectáculo. O a María Teresa Castillo, a quien recordó como la Virgen de todos los artistas. Finalizó diciendo, pues, que el Ateneo no es un edificio y que aún debemos tener fe en las generaciones que se están formando. Sonia González, directora de Teatro Naku, mujer de voz dulce y estampa serena, nos leyó una oración para el Ateneo, texto conmovedor en el que recordó la casa tibia y fresca donde se hicieron montajes o se leyó poesía, donde grandes maestros abrieron sus brazos para formar artistas. González agradeció ser hija del festival de teatro que otrora se llevó a cabo en los espacios que ahora son destinados a una universidad de las artes y recordó a tanta gente hambrienta del pan que el Ateneo les ofrecía, y finalizó diciendo, pues, que la rabia también está permitida, contándonos cómo Teatro Naku, la mejor compañía de teatro de títeres del mundo, según un reconocimiento recibido en Praga este año, ahora ya no tiene sede permanente. Personalmente, debo confesar que la intervención de Héctor Manrique fue la que más me conmovió. Este país se jodió, fue la frase con la que abrió su discurso. Y se jodió, porque además tiene una memoria muy frágil. Y tener memoria es algo que nos aleja un poco de los animales, pero quizás muy poco, y es por eso que acá en Venezuela tenemos un ministro de cultura que es veterinario. Porque la precariedad nos define, porque somos un país pequeñito que sueña pequeñito. Alguien dijo que Manrique estaba alterado, pero por Dios, Manrique se daba cuenta frente a todos nosotros de que la arquitectura es una forma fundamental de la cultura y de la memoria del hombre, se daba cuenta de que al caminar con sus nietos, en un futuro, no tendría un espacio para enseñarles y decirles que allí había crecido. La indignación del director del GA80 no sólo obedecía a la política brutal y sorda del actual gobierno, también por la apatía del caraqueño, por la memoria sin retorno, por la incapacidad campante de ejercer un compromiso, incluso en aquellos directamente involucrados con la vida del Ateneo de Caracas. La sala debió estar repleta de dolientes, pero no. Algunos de golpe tuvieron que estar lejos de la ciudad o en una fiesta o qué sé yo. ¿El miedo? Sí, ahora casi todo el mundo tiene miedo y por eso asienten como cachorros al curso de la historia. Pero en serio, y era una de las interrogantes que se planteó Manrique: ¿vamos a dejar el curso de la historia en manos de estos líderes? ¿En manos de Chávez? Manrique nos dio la respuesta a aquellos que también nos planteamos qué es el teatro: el momento en el que algo sucede, cede la confrontación y la paz invade. Pero si los tiempos exigen un compromiso con la lucha y la defensa de nuestros espacios, no sé ustedes, pero al menos los pocos de esa noche, al parecer, no están dispuestos a permanecer en paz.




| comentarios (2) >> |
escrito por Foco Fijo, junio 24, 2009
Es que los del Ateneo debieron soltar eso solos, de buena gana. Ya llevaban muchos años allí, toda la vida, y lo habían degradado demasiado.
De hecho, la directiva de eso es de aquellos tiempos en que la cultura era asunto de viejas desocupadas. ¿O parece casualidad que la Castillo fuera la presidenta?
escrito por chavez, septiembre 20, 2009
ahora haremos obras revolucionarias donde los aplausos seran pagados por el pueblo, cultura revolucionaria gratis, libros para los que no saben leer
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