La ciudad y los libros
Retrato Hablado
Ranchos del futuro Ranchos del futuro
Caracas es una ciudad tan absurda y enloquecida que llega un momento en que uno decide, al menos durante una parte del día, no escuchar sus delirios, sus disparates. Hace un par de meses iba caminando por la Francisco de Miranda, acababa de salir de la estación Altamira y me dirigía al Centro Plaza. Entonces, a pesar de todas mis prevenciones, capté un retazo de conversación que caía dentro de esa categoría de cosas que he decidido no escuchar por razones de salud mental: un kiosco con aire acondicionado y DirecTV.
La frase la pronunció un hombre joven, con el flux y la corbata ya desarreglados por el cansancio del día, a otros compañeros de trabajo que lo acompañaban y que soltaron de inmediato una carcajada. Al escuchar aquel ruido que se sumaba al ruido de la ciudad, inmediatamente lo odié. Me lamenté de que nuestro característico buen humor hubiese alcanzado formas tan degradadas como la del absurdo espontáneo y colectivo. Pocos pasos después, como movido por una intuición, levanté la vista y ahí lo tenía, justo a mi lado, como cada vez que transito por la misma acera de esa avenida: un kiosco con aire acondicionado y DirecTV.
Ahora lo asumo con gracia y cada vez que camino por ese lugar acompañado por alguien le señalo el kiosco y le regalo a esa persona una estampa indeleble de nuestro insólito exotismo: esa alquimia que nos permite transformar la miseria en color local. Sin embargo, cuando no estoy frente al kiosco y pienso en él me invade cierto desconsuelo. Ver ese kiosco con aire acondicionado y DirecTV es la mejor prueba de que todas nuestras formas de representación (provengan de la literatura escrita o del imaginario popular) están condenadas al realismo. No importa cuán delirante sea un chiste o una idea o una propuesta relacionada con Caracas, éstas siempre encontrarán un equivalente en la realidad, una referencia real que las supera.
La fotografía fue tomada en plena noche, cuando ya el ajetreo de la zona se ha calmado y la imagen luce solitaria y como concentrada en sí misma. Visto así, más que un kiosco parece un rancho del futuro. O ni tan del futuro, pues ya estamos habituados a ver ranchos con antenas de DirecTV. El aire acondicionado puede ser una realidad en muchos de estos hogares improvisados que resultarían eternos de no ser por la amenaza siempre presente de las lluvias. Un aditamento tecnológico en medio de la más profunda miseria que pronto puede llegar a ser una constante en todo el país.
Quizás el aire de presagios que me produce el mentado kiosco tiene que ver con el mecanismo típico de los sectores populares de adaptar el entorno a sus posibilidades de vida. Un mecanismo que se vuelve ley y yugo inflexible cuando, además, se vive bajo un gobierno que estimula y reivindica la pobreza como algo necesariamente bueno.
Desde ese día he agarrado la manía de observar los kioscos con más detenimiento. He encontrado en muchos, como un rasgo de familia, el mismo chichón marca LG que salva a los kiosqueros del calor inclemente que debe de imperar en sus jaulas de malas noticias, tarjetas de teléfonos y chucherías. Pronto todos tendrán su respectiva antena de DirecTV, y a esto le sucederá el respectivo baño y la respectiva cocina y lavadora. Pequeños ranchos portátiles que harán más confortable ese infierno, esa cárcel que es ganarse el pan día a día durante cada día de la vida.
Por Rodrigo Blanco Calderón
| comentarios (1) >> |
escrito por gisela kozak, mayo 23, 2009
Hay kioscos donde sus dueños duermen. Habría que agregar a tu descripción la planta de elictricidad o, en su defecto, el robo de luz del poste más cercano.
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