Guía del lector
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Las bibliotecas y sus alrededores Las bibliotecas y sus alrededores
Biblioteca de Alejandría
A propósito de la masacre de libros de las bibliotecas mirandinas durante los años 2007-2008, bajo la administración de Diosdado Cabello en el Estado Miranda, y en miras a prepararnos para nuestra próxima recolección de libros en la Plaza Sadel de Las Mercedes, el 16 de mayo de este año, el equipo de ReLectura preguntó este mes a los escritores venezolanos: ¿Qué bibliotecas tienen algún significado sentimental (o intelectual) para ustedes?
Jesús Nieves Montero
Dos bibliotecas: la Rómulo Betancourt, del Parque del Este -o Francisco de Miranda, según dictamine la nomenclatura oficial- y la sede principal de la Biblioteca Pública de Nueva York. La primera porque en un evento casi profético, cuando tenía 9 años y acababa de regresar de Chile donde había participado con éxito en un concurso de conocimientos, unas personas de la biblioteca que se enteraron de esto me invitaron a que conversara con otros niños, y al salir me regalaron una antología de cuentos venezolanos publicada por la UCV y compilada por José Balza. Pasé días deseando que la Helena de Britto García no se electrocutara con su papagayo o viendo a Marcucho, el modelo, posar vanidoso. Todavía hoy revisito el libro. La neoyorquina, por la majestuosidad de su imponente fachada de catedral en la calle 42, y por el aire que se forma dentro entre los curiosos que leen periódicos y quienes cazan alguna chuchería literaria. Además, por las esculturas de la entrada: siempre me ha fascinado una frase que leí que decía que al viejo alcalde de la ciudad, Fiorello La Guardia, le gustaba ir para leer entre los leones. Realmente es casi algo épico cuando lo pienso así.
José Pulido
Los libros tienen un significado cuando se leen. Tan terrible como quemar libros o tirarlos a la basura es no leerlos. A veces creo que las bibliotecas están de adorno. La mayoría de habitantes de nuestra nación no conoce a sus autores y por eso no les duele si alguien hace una hoguera para que ardan los libros.
Juan Carlos Chirinos
La Biblioteca Simón Rodríguez, de la esquina del Conde; la Biblioteca Nacional, tanto en Caracas como en Madrid; la sala de Humanidades de la Biblioteca Central de la UCV; la Biblioteca de la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca: en todos esos hermosos lugares he sido feliz leyendo los libros que no me podía comprar y oyendo la música que no conocía.
Javier Miranda-Luque
Pues la biblioteca de la UCV, transitada por mí desde bachillerato, dada la cercanía al hogar paterno y sus cómodos horarios. Recuerdo una brevísima anécdota al respecto: cuando nos obligaron a leer Cien años de soledad, yo decidí no hacerlo y, como había que entregar un trabajo de no sé cuántas páginas, consulté directamente Historia de un deicidio de Mario Vargas Llosa, y obtuve una excelente calificación. Años más tarde, cuando a mí me dio la gana, fue cuando "macondeé" a mis anchas de lector.
Biblioteca de la Universidad Central de Venezuela
Gustavo Valle
Sin duda, la biblioteca de tierra. Estaba en el sótano de casa, donde todo olía a polvo, a cosa enterrada. Yo bajaba por unas escaleritas muy estrechas, con miedo a tropezar y romperme la cabeza. Y al llegar abajo encendía un bombillito turbio que colgaba de un clavo. Entonces aquella covacha se iluminaba y aparecía ante mis ojos la biblioteca de tierra. Con su aire de madriguera, con sus anaqueles del suelo al techo, ¡qué digo anaqueles! tablas de construcción, polvorientas e irregulares, y encima de las tablas los frascos de vidrio identificados por mi viejo, el ingeniero, uno al lado del otro, formando hileras ordenadas, como un batallón de libros o volúmenes. Había unos cuatrocientos, quinientos, quizás más. Y dentro de los frascos las muestras de tierra del distribuidor La Araña , de la autopista Caracas-La Guaira, de diferentes lugares del valle de Caracas. Yo me sentaba en el suelo de ese sótano como quien acude a una remota sala de lectura, y en silencio leía, o miraba, las etiquetas de cada frasco, pasaba mi dedo infantil por esas muestras de tierra atrapadas dentro de los cristales. A veces abría algún frasco (cota 800, por ejemplo) y me llevaba a la boca un poco de esa tierra, quizás para ensayar en el paladar una identidad topográfica, o sentir que todo eso tenía sentido, y de alguna manera me alimentaba. Y así iba descifrando, o inventando, el lugar que me tocó en suerte, la ciudad donde el azar me había asignado un destino. De modo que mis primeras lecturas fueron táctiles, gustativas, casi sinestésicas, pues antes de aprender a leer un libro aprendí a leer esta tierra perfectamente clasificada según su procedencia, de acuerdo a los diferentes lugares de Caracas de donde había sido extraída. Desde entonces sé que una biblioteca suele contener libros, pero hay otras cuyo saber está contenido en otras formas, en otros envases.
Armando José Sequera
Aunque nunca consulté un libro en ella, no olvido ni olvidaré la biblioteca de Pascual Venegas Filardo. La primera de tres visitas que le hice, fue como hallarme en un lugar muchas veces soñado. Allí había de todo, títulos incluso que no se conseguían en la Biblioteca Nacional ni en ninguna biblioteca pública. En cierto momento y como una deferencia hacia mí, el poeta Venegas Filardo se levantó de su mecedora, mientras disfrutaba de mi asombro, fue hasta un estante y sacó un ejemplar de mi primer libro. A continuación, lo extendió hacia mí, que era un autor de esa única obra y me dijo: "Hijo, ¿me lo firmas?"
Antonieta Madrid
Todas las bibliotecas que conozco en mi país y en el exterior tienen gran significado para mí, incluso las privadas y la mía propia.
Juan Carlos Méndez Guédez
La Biblioteca Nacional de Venezuela, en la época cuando quedaba cerca de las Torres del Silencio. En los años ochenta me reunía allí con mis compañeros del Urbaneja Achelpohl para hacer investigaciones sobre literaturas indígenas y se nos atendía con mucho profesionalismo y amabilidad. Jamás podía imaginar en ese momento que las bibliotecas serían territorio de pistoleros y que los libros serían administrados por sargentuchos. Las abuelas tienen razones cuando dicen verdades bíblicas como esta: Bienaventurados los brutos y los canallas porque de ellos será el reino de la puta revolución.
Fedosy Santaella
La biblioteca de mi papá, en mi casa de Puerto Cabello. Gracias a esa biblioteca comencé a leer. Son fundamentales también las bibliotecas de la casa Guipuzcoana, en la misma ciudad. Aquel caserón antiguo y enorme se quedó grabado en mi memoria para siempre (espero que las puertas del cielo se parezcan a las de esta casa). Si no me equivoco, allí había tres bibliotecas. Una para niños, llena de juguetes de todo tipo. Luego estaba la de los estudiantes, y arriba, la de los adultos, donde, creo recordar, se encontraba la oficina del cronista de la ciudad. Estas bibliotecas, las cuatro, son fundamentales en mi vida.

Biblioteca Nacional
Adriana Bertorelli
Yo crecí en la Biblioteca Nacional. Es parte de mi infancia y de mi vida. Yo vi gestar el nuevo edificio en el Foro Libertador y vi mil veces a mi mamá (que fue directora de relaciones institucionales de la Biblioteca Nacional por más de 20 años) quedarse hasta cualquier hora de la noche para hacer llamadas, pedir dinero a instituciones, trabajar con las uñas para poder montar exposiciones, pedir, pedir y pedir para que los venezolanos tuviéramos una red de bibliotecas digna. Ni para mi mamá, ni para Virginia Betancourt su hermana por elección, existía mayor obsesión que poder construir la nueva biblioteca. Pero de la que guardo el recuerdo más hermoso es de la Biblioteca Raúl Leoni que queda en El Cafetal. Allí, iba de niña a un plan vacacional llamado "Aventuras en vacaciones". Cuando tenía como 8 años, la directora de esa biblioteca, llamada Josefa Román, nos leyó el poema "Azul" de Cruz Salmerón Acosta. Al terminar, arranqué a llorar sin entender muy bien por qué lloraba. Luego de leerlo, nos explicó por qué Salmerón estaba tan triste, nos contó de su lepra, nos habló de su amada de ojos azules que él ya no iba a poder ver nunca más. Ese día, Josefa me hizo descubrir la poesía. Desde ese día le pregunté sobre Salmerón y ella me habló también sobre Ramos Sucre, aunque en ese momento no logré entenderlo. Por supuesto, me aprendí el poema y a partir de ese día, Josefa, que vivía enfrente, me llevaba a su casa en vez de esperar en la biblioteca a que mi mamá me fuera a recoger. Muchas veces cenábamos y hablábamos mientras mi mamá llegaba y Josefa hacía arepas con revoltillo y unos tomates enanísimos que siempre me parecieron mágicos. Josefa me hizo descubrir la poesía, y de allí en adelante. Mil gracias, Josefa.
| comentarios (2) >> |
escrito por Victor H, mayo 12, 2009
La campaña sobre la "destruccion de libros por razones ideologicas" comenzó desde diciembre pasado, apenas tomaron posesion las nuevas-viejas autoridades del Iabim. Uno puede entender las "razones" (pese a la irracionalidad) para iniciar la campaña: crear un "issue" para atacar al gobierno, cuestionar el desempeño de la gestion anterior y hasta crear un clima de zozobra en la institución para demostrar que estan mandando.
Como la campaña sigue, hay que seguir dando respuestas.
1) Las desincorporaciones se hicieron segun las normas establecidas en el Manual de la Unidad de Servicios Bibliotecarios aprobado por la Junta Directiva del IABIM. Busquenlo y comparen.
2) Los procedimientos son colegiados, involucran a distintas instancias de la institución y estan debidamente documentados con informes técnicos y hasta fotografias.
3) La nueva-vieja administración del Iabim no cuidó jamas las condiciones medio ambientales de la colección. Solo por nombrar dos casos puntuales: mas de la mitad de la colección de las bibliotecas de San Pedro y de El Clavo se dañó por la humedad debido a filtraciones.
4) Paradojicamente la gestion 2005-2008 reacondicionó todos los espacios con sistemas de aire acondicionado, deshumificadores, extintores y sistemas de seguridad fisica, justamente para preservar las colecciones. Y adicionalmente incorporaron a las 56 bibliotecas mas de 300 mil libros.
5) La campaña argumenta razones ideologicas, pero contradictoriamente afirma que libros de Marta Harnecker tambien fueron destruidos. Y entonces?
6) Ojala los libros que sean donados se incorporen en las condiciones ambientales correctas, y no ocurra lo mismo por la humedad, la temperatura o la luz. Ya sabemos que no estan haciendo mantenimiento de los equipos de aire acondicionado.
Y sobre el tema desde lo sentimental obviamente mi biblioteca es la vieja Biblioteca Publica Andres Eloy Blanco en pleno centro de Barinas. Un lugar que ademas fue diseñado para esa función con todas las condiciones ambientales y de comodidad para los usuarios. Alli hice mis tareas escolares desde la primaria hasta salir a la universidad...
Saludos
Visita http://bibliotecasmiranda.blogspot.com/
escrito por Petra, mayo 12, 2009
La de mayor “significado sentimental” para mi, aunque son muchas, muchísimas las que quiero, es la BPC “Simón Rodríguez”, y especialmente la Sala de Ciencias Sociales, porque aunque toda mi vida, gracias a mi mamá, estuve rodeada de libros, fue aquí donde comencé a ser bibliotecaria.
Trabaje en la BPC por cinco años, y en la época de Virginia, quien, por cierto, salió diciendo en días pasados que “Estábamos sobrecargados de trabajo con la Biblioteca Pública de Caracas (la Simón Rodríguez)” y que por eso no se le dio suficiente atención la bibliotecas del resto del país. Yo viví las colas, los malos tratos al personal, el aire acondicionado dañado, los libros mutilados, la estanterías abiertas expuestas al sobre-uso, por lo que puedo decir que si esa era la atención que la Señora le prestaba a la BPC, que quedaría para el resto del país.
Pero, coincido total y absolutamente con la Señora en lo bello del edificio “Art Decó”, y recuerdo como sufría yo porque el hermoso vitral del techo se le caían pedacitos a veces, o porque los baños se dañaban a cada rato, o porque el ascensor (creo que el primero instalado en Caracas) estaba más tiempo dañado que en uso.
Es sin dudas, la BPC Simón Rodríguez, la biblioteca mas querida por mi.
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