Guía del lector
Reseñas y crítica
El otro Caicedo
El otro Caicedo
Al ser la escritura mi mejor (mi única) medicina alcanzaré la paz del espíritu y el paso del tiempo no será motivo de reflexiones amargas
Andrés Caicedo
El fantasma de Caicedo recorre nuestras librerías, esta vez un poco más corpóreo y con sobreprecio. A cien bolívares fuertes ya se puede conseguir la autobiografía del cinefilítico más rudo de Colombia. Alberto Fuguet fue el encargado de hacer realidad el libro póstumo Mi cuerpo es una celda, un compendio de cartas y anotaciones personales de Caicedo que se leen con el placer y progresión de una novela.
El material está organizado con un tino espléndido que permite recorrer a paso reposado la vida de uno de los personajes más controvertidos de la literatura colombiana. Con este libro, Fuguet saca definitivamente a Caicedo del underground, de las tinieblas del anonimato y del mito. La carta inaugural es la despedida de Caicedo, aun cuando no es la última escrita por él. En ella dice: Yo muero porque ya para cumplir 24 años soy un anacronismo y un sinsentido, y porque desde que cumplí 21 vengo sin entender el mundo. De entrada, el lector que espera el cuento de los sesenta seconales, de la leyenda rockstar de Que viva la música, se revienta contra el muro de la desazón.
Página a página nos vamos acostumbrando a la reposada prosa íntima de Caicedo. Sus angustias se nos revelan cotidianas, su depresión, legítima y hasta adolescente. Pero ser adolescente es ser un poco Caicedo. Las tragedias cotidianas pesan más que ninguna y, a veces, el peso de vivir en el mundo se hace insoportable. Fuguet ha hecho realidad el prodigio: en Mi cuerpo es una celda, Caicedo nos toma de la mano por el camino de la sublimación. De su obsesión por el cine, por la literatura, sus ansias de fama, su frustración. En palabras de Paul Klee: la máscara representa el arte, y detrás de ella se oculta el hombre. Esa es la máscara del miedo. La literatura como esperpento a veces cómico, a veces trágico y genial detrás del cual se esconde el hombre.
Mi cuerpo es una celda exuda cine. El libro está construido como un DVD autobiográfico con bonus tracks incluidos. La película comienza sin prólogos y termina sin dilaciones. El lector tendrá la potestad, al final, de recurrir al lúcido making of del libro, al plot Los amantes de Suzie Bloom (Historia para un western), y a un par de textos más de Caicedo. Sin embargo, se debe advertir que el Caicedo crítico de cine a veces se hace dilatado y demasiado referencial. Esto sólo lo notará el lector promedio, pues seguramente será deleite del avezado en el séptimo arte.
El barranco por el que se despeñó Caicedo fue terrible, pero lo entendemos. De todas sus obras, ésta, póstuma, es quizás la que más contribuye al Andrés Caicedo vivo, que pulula por allí en cada uno de sus libros y en el corazón de sus lectores. Si sus cuentos son toscos y alucinados, y Que viva la música una de las novelas imperfectas más hermosas, Mi cuerpo es una celda es el testimonio reposado de su vida que no fue más que la de un joven atrapado en una celda, que fue Cali, que fue su cuerpo. Caicedo como paradigma.
Por Jesús Torrivilla
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