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Se lo cuido, mijo

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Suelo despertarme cerca de las siete y media de la mañana, cuando la necesidad del primer café del día se junta con el matinal movimiento de carros en la avenida principal de Santa Inés. A esa hora, como todo el mundo, suelo ser callado y reflexivo. No digo contemplativo pues desde la ventana de la cocina de mi casa, que da a la avenida principal, no hay nada que ver: sólo el movimiento frenético de carros que van y vienen.

Toda rutina tiene su excepción. Y de hecho es la excepción la que permite ver el perfil de la rutina. Lo cierto es que una mañana me levanto y mientras busco respuestas en el café (respuestas a preguntas que la somnolencia no deja formular) siento que alguien o algo me está mirando. Dirijo la vista hacia la acera de enfrente y ahí la veo: una viejita diabólica que cuida el carro de los vecinos. Aún no sé qué fue lo que más me impresionó. Si despertar y encontrarme a la bruja del 71 dándome los buenos días, o esa vela encendida en plena luz del día, o el hecho de que los vecinos hayan tenido ese cuadro tan espantoso, digno de las noventosas “ferias internacionales del cuadro” que tenían lugar, de acuerdo a la publicidad televisa de aquellos años, en el Hotel Don Pelayo en Valencia.

Vista con atención, la imagen sugiere una interpretación que va más allá de esa costumbre moderna de botar lo que ya no sirve para que alguien, el aseo urbano o algún coleccionista de desechos, se lo lleve. Quizás los vecinos, ante el incontrolable problema de la seguridad, pusieron el cuadro para que la estampa macabra de la viejita les cuidara el carro. Y la verdad es que la vieja del cuadro mete miedo. Pareciera que adivinara los pensamientos de quien la observa y le preguntara, con esa risa contenida “¿estáis cagao, verdad?”.

Me dije a mí mismo que, después de desayunar y darme una ducha, le tomaba una foto al espontáneo set que apareció en la acera de mi casa esa mañana. Afortunadamente, algo me dijo que mejor no corriera riesgos y tomara la foto en ese mismo instante. Así lo hice y menos mal. Cuando volví a asomarme, después de la ducha mañanera, ya el cuadro no estaba.

Por Rodrigo Blanco Calderón.  

       

comentarios (1) >> feed
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escrito por Naileth, abril 19, 2009

Demasiado bueno.....!!!! Excelente manera de hacer un balance de los cambios mínimos en la rutina

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