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Declaración de intenciones y otras historias

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«Se ha acabado este año maldito», Iván Bunin
 
(Días Malditos, diario de la Revolución. Acantilado, 2007).
 

Luis Yslas y Rodrigo Blanco Calderón me han pedido que pase por escrito algunas historias del destierro. Aquella tertulia tuvo lugar en el popular chino de Los Palos Grandes. Hace ya dos meses que nació esta columna. La intención, en principio, era comentar encuentros con lectores lejanos. La vida me ha permitido, sin prepotencia ni exuberancia, disfrutar del privilegio del viaje. Me he tropezado con venezolanos en todos los lugares que he visitado. Cada mes, en LOS DESTERRADOS, contaré algunos de esos encuentros con la intención de formar un anecdotario cubista. Un sociólogo húngaro, profesor titular de la Universidad Janus Pannonius, me dijo en una oportunidad que éramos el pueblo más curioso de América. Esta columna procurará explorar los derroteros de esa curiosidad.

ImagePrecisamente en Budapest conocí a un venezolano que, acompañado de un amplificador y un teclado Yamaha, se dedicaba a tocar piezas de Aldemaro Romero en los pasillos del Metro de la estación Bajcsy-Zsilinszky út. Los años que pasé en Hungría posibilitaron nuestra amistad. El mes pasado, tras prolongada ausencia, regresé a Budapest. Lo encontré en el mismo lugar interpretando las melodías de siempre. Le regalé el conjunto de confidencias del maestro titulado Encuentros con la gente publicado por la Fundación para la Cultura Urbana. Esa noche nos emborrachamos y, nuevamente, me contó su historia. Emigró tras el Caracazo. De Venezuela –me dijo– sólo apreciaba la música. Soñaba, algún día, con asistir a una presentación de Onda Nueva en el Magyar Államy Operaház. Pocas experiencias me han resultado tan gratas como escuchar "Quinta Anauco" o "Catuche" entre aquellos pasillos ahumados, vagones amarillos y la lengua imposible. Ese desterrado se llamaba Adalberto. La última vez que lo vi me contó que se había devorado el libro: "¡Qué bolas, Lautaro, con Aldemaro cantó hasta Ilich Ramírez Sánchez, el chacal! ¡Estoy esperando, ansioso, la segunda entrega!" No tuve estómago para decirle que Aldemaro Romero se había muerto.

He conocido venezolanos idiotas, genios, sifrinos, espontáneos, agrandados, vivos, pendejos, nuevos ricos y desheredados. Entre todos los acentos americanos resulta sencillo identificar la jerga criolla: El venezolano, por lo general, suele ir por la vida mentando la madre. El caso de Abel González es de los más curiosos. Emigró en 1999 tras el deslave. Aquel aguacero destruyó su vida. Abel decía haber sido vecino del desaparecido comediante Jorge Tuero. En 2000, por algún tipo de parentesco remoto, aterrizó en Trieste. De allí partió a Zadar, al norte de Croacia y, finalmente, se radicó en un pueblo llamado Makarska cuyo malecón le recordaba algunas playas de Maiquetía. Abel González ha entregado los últimos años de su vida a un proyecto pueril y ambicioso: se ha dedicado a montar en Youtube los ciento cuarenta y nueve episodios de la telenovela Kassandra. Y, efectivamente, la novela de Coraima Torres, gracias al empeño de este exiliado, puede verse de principio a fin en el famoso portal. Cuando lo conocí, Abel me invitó a su casa. Me obligó a ver la presentación y el primer episodio de la novela. Había olvidado a muchos de esos actores: Manuel Escolano, Loly Sánchez, Carlos Arreaza, Cecilia Villareal, Nury Flores, Juan Frankis, Carmencita Padrón (A los curiosos: http://www.youtube.com/watch?v=_INILG2d3Z0). En la primera escena puede verse a Raúl Xiques jugando ajedrez con Miguel de León. Abel conocía de memoria los planos, los diálogos y los gestos de los personajes. Me contó que Kassandra había sido la telenovela favorita de su madre «y a mi vieja, Lautaro, se la llevó el agua». Encontró las grabaciones originales en un foro de aficionados. Supe que los croatas, en particular, han creado varias sectas secretas inspiradas en el argumento de Kassandra. Durante la guerra –me contó– los bandos en conflicto hacían una pausa para ver la novela. Hay, incluso, un grupo insurgente que pervive hasta nuestros días y se hace llamar «Los herederos de Randú». La última vez que lo vi me pidió que, cuando regresara a Venezuela, buscase al poeta José Antonio Bordell en su pizzería de El Hatillo y, en su nombre, le diera las gracias. Luego, antes de despedirse, cantó el himno: Espíritu del viento / hija de la luna / amante solitaria / que vive en el silencio / guardando el sentimiento de soledad. / Algo de misterio / salvaje es tu belleza / fantasmas del camino / adoptan tu existencia / gitana / gitana...

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«Estoy obsesionado por mi país pero no soporto a los venezolanos», me dijo un maracayero que conocí en Vitoria. Alfredo González es neorrealista –al menos así se presentó. Este tipo es un abogado, egresado de la Santa María en 1999, que propone que Venezuela sea reintegrada al imperio español y retome el título honorario de Capitanía General. Según me contó, se encontraba en el país vasco en condición de activista. Esa noche tendría una reunión muy importante con algunos inversionistas, supuestamente, herederos de la Compañía Guipuzcoana. Me contó, también, que estaba trabajando en una traducción al euskera del texto de Luis Castro Leiva De la patria boba a la teología bolivariana. Alfredo emigró tras el paro petrolero de 2003. Su negocio, aparentemente, nunca pudo recuperarse. Era un encantador diletante. Lo dejé muy borracho. La última frase que dijo me gustaría utilizarla como epígrafe en una antología sobre el absurdo contemporáneo: «El bigote no pudo engañarme. Yo estuve en ese bingo, Lauty. ¡Yo fui quien le echó paja a Carlos Ortega!».

Muchos de los venezolanos que he tenido la oportunidad de conocer se presentan como escritores. He conocido escritores inéditos, algunos muy buenos, otros muy malos. Uno de estos personajes, Evelio Rodríguez Perdomo, me contó la síntesis de un proyecto literario que, a primera vista, me resultó interesante. Me habló de La Conjura contra América de Philip Roth. El artificio histórico-alternativo de esa novela, supuestamente, le había servido de inspiración. La historia ocurriría en Venezuela. Este es el argumento: el 18 de octubre de 1945 Isaías Medina Angarita decide confrontar a los insurrectos. El presidente, en lugar de capitular, manda las tropas a la calle y da la orden de eliminar a todos sus enemigos. El 22 de octubre de 1945 –contó Evelio– sería hallado el cadáver de Rómulo Betancourt. Los jóvenes oficiales Delgado Chalbaud y Marcos Pérez Jiménez habrían desaparecido tras un tiroteo por los lados de Curiepe. Gallegos, por su parte, se habría ido al exilio. En la novela de Evelio las elecciones de ese año las ganaría, tal como estaba previsto, el Doctor Ángel Biaggini. Luego –contaba el aspirante a escritor– vendría la esencia de la historia: la hegemonía de Uslar. Respaldado por un grupo de militares patriotas, el 26 de marzo de 1946, el autor de Las lanzas coloradas lideraría un golpe de estado que expulsaría del país a todos los elementos del medinismo. Años más tarde, los historiadores de los sesenta describirían ese momento como «la segunda patada histórica». Se impondría, entonces, la dictadura derechista de Arturo Uslar Pietri.

En Barcelona, por otro lado, conocí a Carla Montanari. Hará dos o tres meses que Carla se mudó a una colonia holandesa del Caribe. Se comprometió con el gobernador de la isla a administrar un viejo faro que no ha sido demolido ya que su destrucción resulta excesivamente costosa. Carla es poeta. Carla vive en el faro. Cada fin de semana viaja a Curazao para comunicarse con el mundo. Todos los sábados escribe en su estado de Facebook un poema marino inspirado en el recuerdo de su querida Valencia.

Una vez, en Pilzen, un maracucho me contó que San CADIVI le había hecho un milagro. Una prostituta checa, aparentemente, le había robado la cartera mientras dormía. Cuando dos días más tarde el agraviado logró introducir la denuncia –fue necesario ir a Praga para formalizar el reclamo–, se le informó que la tarjeta había sido bloqueada tras haber sido sometida a consumos imposibles. «¡Qué van a saber estos malandros checos de CADIVI! ¡Checo no roba maracucho!», comentaba con sorna.

ImageLo descrito hasta ahora pretende dar a conocer la estructura habitual de la columna. Exilio y melancolía son categorías complementarias. En ocasiones, en función de los personajes y las anécdotas, será inevitable confrontar el patetismo. Los desterrados, en su mayoría, sienten nostalgia por un lugar que añoran y que ya no existe. «Venezuela ya se acabó», suelen decir los desengañados. Hace unos días, en Kensington Gardens, un amigo ex PDVSA me leyó en voz alta algunos fragmentos de los Días malditos de Bunin: «¿Acaso las únicas pasiones que valen son las del pueblo revolucionario? ¿Qué hay de nosotros? ¿No contamos?» Aquella madrugada se pegó un tiro.

 

Por Lautaro Sanz

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comentarios (3) >> feed
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escrito por Duchamp, abril 07, 2009

En ocasiones quisiera el exilio, pero me pregunto, si es que no está aquí mismo. Me siento tal como un exiliado. Cada día estamos más distantes. Si como dicen que Venezuela ya se acabó, que su divino lado ya no existe, que eramos el pueblo más curioso de América, da algo más que melancolía.
Muy buenos todos tus textos publicados aquí, Lautaro.

de exilios y pajarillos en tono de adulacion
escrito por Georgina U, noviembre 16, 2009

Excelente sr su eewscritura tiene un elemntoque estan empezando a faltar, como el azúcar, honestidad , lo que se esta viviendo puede tener muchas interpretaciones , válidas todas, pero lo que a veces puede chocarnos es que se intente crear una especie de "saga de la sagacidad criolla" , d epersonajes que logran salvar los obstaculos de vivir en un pais como el que se esta convirtiendo Venezuela , solo con hacerse el desentendido y bailar al compás de la musica que nos tocan. El exilio sea interno, sea externo es una realidad que se esta experimentando y esta dando pie a una literatura, que más temprano que tarde tendrá un valor excepcional en la narrativa venezolana del futuro. Lo demás será artificios y lecturas para seguir sintiendonos "reales" y "mágicos". Felicitaciones Lautaro

Aclaratoria Sorry
escrito por Georgina U, noviembre 16, 2009

aclaro que el elemento de la honestidad escasea en otras escrituras , No en la suya Lautaro, escribo rapido y a veces muy mal por ese apresuramiento, disculpe el gazapo... smilies/cry.gif

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