La ciudad y los libros
Librerías
En la librería más bella del mundo En la librería más bella del mundo
En Oporto
- Hágase su propia opinión de Lello e Irmao en el número 144 de la rua das Carmelitas, en el centro histórico de Oporto (Portugal)
- Esta crónica es cortesía de la revista El Librero, donde apareció originalmente
Parece un set de Harry Potter, un sueño de Alberto Manguel, una fantasía de niño libresco. La centenaria Livraria Lello e Irmao de Oporto es una de las principales atracciones de la ciudad. Pero una vez dentro, el visitante descubre que sufre de muchos de los problemas de cualquier librería.
Tenía que verla. Esa imagen que el consultor internacional de librerías Miguel Sal mostró en el congreso de libreros de Bogotá, en 2007, era irresistible: una sinuosa escalera que ascendía entre galerías de madera como diseñada por Audrey Beardsley, ese oscuro ilustrador modernista que trabajó con Oscar Wilde. Aquel atisbo brevísimo de la famosa belleza de la librería Lello e Irmao de Oporto me hizo jurarme a mí mismo que cuando pisara la segunda ciudad de Portugal tenía que encontrar ese lugar, entrar en él y comprar aunque fuera un libro repetido de Pessoa. Menos de dos años más tarde, un helado mediodía de diciembre, arribaba a Oporto en un cómodo tren desde Lisboa, hacía el check in en un hotel céntrico, tomaba un city tour y me encontraba de frente con ese lugar de peregrinación para unos cuantos bibliófilos.
La había visto de día, de lejos, un rectángulo claro y recargado que brillaba bajo la luz atlántica, una especie de gema neogótica enfrente de la oscura Torre de los Clérigos; luego del precoz crepúsculo invernal pude remontar la rua das Carmelitas y entrar a la librería que está en varias listas como la más hermosa del mundo, una opinión respaldada por gente como Umberto Eco y Enrique Vila-Matas. De sus altas y estrechas ventanas góticas salía una luz cálida que la ofrecía como refugio del frío, de la noche, del presente.
Esta librería nació con otros dueños y en otro local de Oporto en 1869, luego la compró José Pinto Sousa Lello y en 1906 se mudó a este edificio recién construido entonces por el ingeniero Francisco Xavier Esteves. Los mayores artistas de la ciudad acudieron a su inauguración, para admirar el nuevo centro de encuentro literario de la capital comercial de Portugal, un prodigio de ebanistería finisecular que destaca mucho en una ciudad de mucho carácter pero menor brillo arquitectónico que la hermosa Lisboa. La librería, uno de los primeros edificios de cemento armado que se levantaron en Oporto, iluminaba los rostros de sus primeros clientes con el impresionante vitral del techo, que muestra el lema Decus in Labore, y los hacía circular por sus dos pisos a través de esas fantásticas escaleras que siguen siendo lo mejor que tiene.
Restaurada en 1995, la librería no decepciona a quien acude a ella siguiendo la antigua estela de su fama. Por una ruta trazada en Y por la planta baja, circula un vagón de madera como de mina antigua, que ayuda a los empleados a trasladar libros. Las estanterías de las paredes son complejos muebles de madera oscura que hacen pensar en la biblioteca secreta de El nombre de la rosa. En la segunda planta hay dos pequeñas salas de lectura, junto a sendos vitrales, en las que es posible tomarse un té más bien caro. La tibia luz favorece las expectativas de misterio que el lugar convoca.
Pero la oferta de títulos no es particularmente notable. Es una librería generalista con poco de mucho, que no se especializa en nada. Varias otras tiendas tienen mejor surtido de libros viejos, o de revistas de actualidad, y ni hablar de novedades internacionales o de títulos sobre el vino de Oporto o la gastronomía portuguesa. El personal parece haberse hartado hace ya mucho de que haya tantos entrometidos haciéndose fotos y estorbando en los delgados pasillos. No tiene website propio, ni souvenirs, ni buena atención. Otras librerías más asediadas por los turistas, como la Shakespeare & Co de París, son mucho más hospitalarias, pese a la general amabilidad de los portugueses y a la ventaja arquitectónica de Lello e Irmao. A lo mejor era culpa mía, que esperaba demasiado. Pero no compré ningún libro en la librería más bella del mundo. Volví pronto al frío para ahogar mi decepción en algún buen Douro del año.
Por Rafael Osío Cabrices
Cortesía de la revista El Librero
| comentarios (1) >> |
escrito por Encarna M�ndez S, octubre 08, 2009
A mediados de marzo estuve en la que es considerada la segunda más bella del mundo, la Librería Ateneo de Buenos Aires. ? Será que la belleza incluye como castigo el maltratar a quien se rinde ante ella? Sentí lo mismo que tú en la de Oporto. !Cómo se extraña a aquel librero amigable que te enamoraba de sus pasiones encuadernadas!
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