Reseña

Reseñas

Luz Marina Rivas presenta Para no perder el hilo, el último libro de Krina Ber

Leer más...
Que recomiendan?

Recomendaciones 

Aquellos autores a los que provoca llamar por teléfono

Leer más...
Actividades

Ciencia Ficción

6 de marzo: Joaquín Ortega, José Urriola y Amílcar Ortega hablan de ciencia ficción

Leer más...

Lecturas al ser amado

 

Image

Los escritores de la casa responden a la pregunta: ¿Qué cuento, novela, poesía o ensayo, incluso canción, han leído en voz alta a la persona amada?     
 

 

Gustavo Valle

Suelo leer en voz alta. Peor aún: casi siempre lo hago. Mi tendencia ha devenido en algo alarmante. Y con el tiempo ha empeorado, pues he desechado todo prurito social, y ahora lo hago en cualquier sitio: en el bar, en la biblioteca, en los estacionamientos, en los ascensores, en la playa. ¿Frente a la persona amada? También, por supuesto. Pero sobre todo frente a mí mismo. Y como el gran Buda Gautama dijo aquello de ámate a ti mismo, pues bueno, yo le hago caso a Buda Gautama. Desde que tengo uso de razón (da estupor decir esto), siempre he roto con aquella máxima del lector burgués y educado que lee en silencio, con los labios cerrados. Las más de las veces, no digo que declame, ni grite, ni sermonee en las plazas, pero sí voy silabeando las palabras, las paseo por mis labios, lo suficiente para escucharme, aunque sea a mí mismo. De lejos parezco, eso dicen, un monaguillo que reza sus maitines. Pero no me queda otra. Porque las palabras tienen una música al nombrarlas, y esa música siempre nos dice algo, algo extra a lo que está escrito. Cuando escribo me ocurre exactamente lo mismo. Mientras lo hago voy leyendo, hablando, escuchando aquello que estoy escribiendo. Para mí, es la única manera de encontrar la forma que debe tener lo que escribo. “Yo persigo una forma”, decía Darío. Y sí, uno se la pasa persiguiendo una forma. Y la mejor manera de encontrarla (siempre en vano) es sacándola de la página y haciéndola sonido. Por lo menos ése es mi caso, pues carezco de una imaginación psicodélica y musculosa. De modo que, por estos motivos, la lista de mis lecturas en voz alta sería larga, aburrida, incongruente, innecesaria. Sin embargo, y como esto es una pregunta, no eludiré mi respuesta. De modo que sí: leo a diario y en voz alta frente a la persona amada. Lo hago en el desayuno, junto al pan tostado y el café con leche. Mi amante esposa me regala sus oídos para esta lectura que inaugura el día. No son poemas, no. Hablo de las noticias, preferentemente los titulares explosivos y las páginas rojas. No tiene nada glamoroso ni romántico ni caballeresco ni cachondo leer en voz alta las noticias. Pero, créanme, es la única forma que he encontrado para sacárselas de encima.   

 

Javier Miranda-Luque

Esto me remite directamente a la adolescencia, recitando de memoria unos cuantos versos estratégicos del Canto a mí mismo de Whitman (aunque, eso sí, la traducción espléndida del ibérico León Felipe, que no la de Borges). En cuanto a canciones, pues me valía de Emerson, Lake & Palmer: "You can rent your blues and photograph your soul, you can even dig some diamonds out of rockandroll, you can change the world, but if you loose control, they will take away your t-shirt. Nobody loves you like I do. I said: nobody loves you like I do".  

 

Juan Carlos Chirinos

Cien años de Soledad, todas las noches, antes de dormir, leíamos en voz
alta fragmentos de esta deliciosa novela y nos partíamos de risa. Y la
verdad es que era una experiencia hermosa y saludable a la vez. Hay que
ejercitar esta costumbre con todas las personas amadas sin que parezca que nuestra imaginación está enferma y se repite.

 

Armando José Sequera

Habitualmente, le leo a mi esposa tanto lo que escribo como lo que leo de otros autores y me gusta. Por eso, no puedo señalar un texto en particular.


Jesús Nieves Montero

Cuando me llegó la pregunta —y de allí que tardara en responder— lo primero que recordé fue un artículo de Mario Vargas Llosa sobre las lecturas que hacía de sus textos de Charles Dickens. Aquellas, claro, eran una representaciones tipo show, pagadas incluso, pero me reconectaron con esa magia, ese striptease intelectual que es leer los textos propios a otras personas, sobre todo cuando forman parte de nuestros afectos, y pude entonces seleccionar tres ejemplos.

Aunque incluso me avergüenza un poco decirlo, hace unos cuantos años yo tenía una novia cuyo único vínculo que nos unía era la piel, lo carnal, nada más. Pero, negado a renunciar a algunos de mis principios, me gustaba leerle algunos textos cortos. En particular recuerdo una navidad cuando me dio por hacerla escuchar el relato bíblico del nacimiento del Mesías para tratar de poner en perspectiva la parte más comercial de la celebración. Como siempre, la cuestión terminó con un beso fogoso y satisfacciones en otros ámbitos alejados de lo intelectual.

Más recientemente, cuando estaba recién escrito, le leí a mi esposa Marta mi relato “Música incidental”, publicado en la antología en línea de autores latinoamericanos El futuro no es nuestro, de la revista colombiana Pie de página. Otra vez el resultado fue mixto: algunas imágenes perturbaron a Marta, algo bastante problemático si consideramos que estábamos a semanas de casarnos.

Finalmente pero con la mayor importancia, probablemente más por el significado que por lo reciente, tuve la oportunidad de leerle a mi hijo de seis meses y a Marta un ensayo que le dediqué al “peque” sobre la relación entre el béisbol, la literatura y la memoria a propósito de la muerte de John Updike. Sé que Manuel poco entendió el asunto, pero al menos escuchó con atención y al final sonrió, y de eso se tratan estas lecturas.


Omar Mesones

Capítulo 7 de Rayuela... :-)

 

 

Juan Carlos Méndez Guédez

Ahora no me gusta leer en voz alta. Muchos años atrás, en la remota adolescencia, leía a las muchachas que me gustaban Letras y hombres de Venezuela de Arturo Uslar Pietri. Tuve una adolescencia solitaria. ¿Algo tendrá que ver ese libro?

 

Rodrigo Blanco Calderón

Como todo cursi que se respete una vez leí a una novia el capítulo 7 de Rayuela. Y, más recientemente, le leí a Ariana un poema de Jaime Gil de Biedma que se titula "Pandémica y celeste". De ese poema sale uno separándose o más fortalecido con la pareja. Yo pasé la prueba...¿y usted?

Pandémica y celeste

quam magnus numerus Libyssae arenae
................................................................
aut quam sidera multa, cum tacet nox,
     furtiuos hominum uident amores.
                  Catulo, VII


Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!

Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
a ser posiblemente jóvenes:
yo persigo también el dulce amor,
el tierno amor para dormir al lado
y que alegre mi cama al despertarse,
cercano como un pájaro.
¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
si jamás he podido entrar en unos brazos
sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
igual deslumbramiento que a los veinte años !

Para saber de amor, para aprenderle,
haber estado solo es necesario.
Y es necesario en cuatrocientas noches
-con cuatrocientos cuerpos diferentes-
haber hecho el amor. Que sus misterios,
como dijo el poeta, son del alma,
pero un cuerpo es el libro en que se leen.

Y por eso me alegro de haberme revolcado
sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
mientras buscaba ese tendón del hombro.
Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones...
Aquella carretera de montaña
y los bien empleados abrazos furtivos
y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
pegados a la tapia, cegados por las luces.
O aquel atardecer cerca del río
desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
Y recuerdos de caras y ciudades
apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
de escaleras sin luz, de camarotes,
de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
y de infinitas casetas de baños,
de fosos de un castillo.
Recuerdos de vosotras, sobre todo,
oh noches en hoteles de una noche,
definitivas noches en pensiones sórdidas,
en cuartos recién fríos,
noches que devolvéis a vuestros huéspedes
un olvidado sabor a sí mismos!
La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
de la langueur goûtée à ce mal d'être deux.
Sin despreciar
-alegres como fiesta entre semana-
las experiencias de promiscuidad.

Aunque sepa que nada me valdrían
trabajos de amor disperso
si no existiese el verdadero amor.
Mi amor,
              íntegra imagen de mi vida,
sol de las noches mismas que le robo.

Su juventud, la mía,
-música de mi fondo-
sonríe aún en la imprecisa gracia
de cada cuerpo joven,
en cada encuentro anónimo,
iluminándolo. Dándole un alma.
Y no hay muslos hermosos
que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

Ni pasión de una noche de dormida
que pueda compararla
con la pasión que da el conocimiento,
los años de experiencia
de nuestro amor.
                          Porque en amor también
es importante el tiempo,
y dulce, de algún modo,
verificar con mano melancólica
su perceptible paso por un cuerpo
-mientras que basta un gesto familiar
en los labios,
o la ligera palpitación de un miembro,
para hacerme sentir la maravilla
de aquella gracia antigua,
fugaz como un reflejo.

Sobre su piel borrosa,
cuando pasen más años y al final estemos,
quiero aplastar los labios invocando
la imagen de su cuerpo
y de todos los cuerpos que una vez amé
aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
Para pedir la fuerza de poder vivir
sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
mientras seguimos juntos
hasta morir en paz, los dos,
como dicen que mueren los que han amado mucho.


  

comentarios (1) >> feed
...
escrito por maría antonieta flores, marzo 11, 2009

Gracias, Rodrigo, por volverme a traer el sabor de ese poema. Años sin leerlo de nuevo y descubro todavía su huella. Gil de Biedma es extraodinario y ese es un poema para leer varias veces en voz alta o susurrada.

Escribir comentario
quote
bold
italicize
underline
strike
url
image
quote
quote
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley

busy
< Anterior   Siguiente >

Patrocinante