Guía del lector
Reseñas y crítica
Alta traición
Alta traición
- Alberto Barrera Tyszka (Venezuela)
- Editorial Debate
- 2008
Presentación de Alta traición
Yo estoy aquí, entre otras cosas, porque soy amiga de Alberto Barrera. Si no estuviese detrás del micrófono, de todas maneras estaría aquí acompañándolo y celebrando del lado de allá del estrado la aparición de Alta traición, su último libro. Pero también estoy aquí porque, al igual que la mayoría de los que estamos aquí presentes, soy lectora de las cosas que Alberto escribe para ser leídas. Amiga y lectora de Alberto son dos buenos motivos para conversar con ustedes de las impresiones que me causó el libro que se presenta esta noche. Alberto es, ha sido y con toda seguridad seguirá siendo muy cuidadoso y muy celoso de su vida personal. No anda por allí dando declaraciones ni echándoselas de mucho con lo que hace o deja de hacer, ni anda dando entrevistas sobre lo que come o lo que deja de comer, lo que le dicen, o le dejan de decir, si usa tal cosa o la otra, a quien conoce, si es famoso o no. Yo pienso que es, más bien, un tipo discreto con su vida privada y, no solamente con la suya, sino con la ajena. En sus crónicas, en más de una ocasión, es puntilloso al respecto. La vida privada de las personas le pertenece a cada quien y no es asunto de la polémica pública descalificar o denostar a nadie por lo que hace o deja de hacer del lado adentro de su casa, por sus preferencias amorosas, sus vicios o virtudes privadas. Lo primero que me llamó la atención de sus crónicas es que hay una ventana abierta hacia su vida interior. Allí están presentes Cristina, por supuesto, sus dos hijas, algo de su faena laboral, algunas de sus dolencias, el drama de dejar de fumar, su disgusto por los temas de economía cosa que se agradece, quiénes son algunos de sus amigos, sus manías, y conste que digo manías y no neurosis, porque pienso que las manías se corrigen, las neurosis no. En las crónicas hay pistas sobre sus lecturas, los autores que le han dejado huella, están plasmados allí fragmentos de distintos poemas que seguramente han tenido un significado especial para él, se dejan colar detalles simpáticos de la vida doméstica, el padecimiento mortal de quien convive con quien come sano y dietético, por ejemplo, y también de su transformación delante del volante como un energúmeno, ni más ni menos que como el Tribilín de la comiquita que alguna vez vimos en el televisor. En particular, las crónicas que están clasificadas en el grupo Un mundo raro y también otras, son más cercanas, más privadas o por lo menos así me lo parecieron, y, aun cuando algunas de ellas las había leído de manera salteada, al tenerlas reunidas permiten conocer al autor, más alla de su oficio de escritor y creo que ésta es una virtud. Pero las crónicas también dicen mucho de Alberto como escritor. De quien se gana la vida escribiendo, todos los días del mundo, desde que el sol aparece y antes de que el sol alumbre también. Saludo la decisión de que estén intactas, tal como fueron escritas en su momento, sin enmiendas ni extracciones ni omisiones. Allí están tal como aparecieron y las leímos o las estamos leyendo ahora. Las que fueron escritas cuando no había nada que escribir, por ejemplo, cuando sentarse delante del teclado es un padecimiento, y las que sencillamente salieron de una sentada y quedaron como tenían que quedar. La del piropo, a mí me resulta impecable. Las historias de los X, que forman parte del último segmento, son relatos cortos, cortísimos y sabrosísimos para leerlos de pie. Así como éstas, hay muchas otras que se leen de un solo tirón y que dicen mucho de la calidad de la escritura y de la disciplina y oficio del autor Pero el libro no sólo me interesó como amiga y lectora de Alberto, sino también como historiadora y como venezolana. Los historiadores recurrimos a diversas fuentes para la comprensión del pasado remoto y también del pasado más reciente. Las noticias, los testimonios, los documentos de todo tipo, entrevistas, imágenes, discursos, todo termina siendo válido para el trabajo del historiador. Las crónicas de Alberto son, sin duda, una fuente excepcional para la reconstruccion o la reflexión sobre el pasado reciente de los venezolanos: allí están referidos sucesos, situaciones, personajes y problemas fundamentales de lo que han sido estos 10 últimos años. Sin eufemismos, sin miramientos, sin posiciones destempladas, con agudeza y responsabilidad. Son crónicas que van más alla de la noticia, del escándalo, en las cuales hay posiciones tomadas, siempre con la prudencia de no pretender imponerse sobre el lector. Quien escribe es testigo comprometido de su presente y plasma sus pareceres con argumentos, son sus razones las que están allí, las de más nadie. Quien lea que resuelva. Es un recorrido recordatorio. A medida que uno va leyendo, va recuperando mucho de lo que hemos vivido, en una especie de reality show en el que todos estamos participando sin remedio. Aquí, en estas crónicas, está parte de nuestra historia. Y parte importante de nuestro presente, de lo que somos actualmente. Y aquí es donde siento que el libro tiene cosas que decirnos a los venezolanos o decirme como venezolana. El ejercicio de la crítica, la posibilidad de disentir están plasmados de manera permanente en las crónicas de Alta traición. No hay cuartel. Carlos Andrés, Alfaro, Gruber Odreman, Felipe Pérez, Liscano, Arias Cardenas, Chaderton, Mundarain, Barreto, Ramos Allup, Carlos Ortega, Jorge Olavarría, Carmelo Lauría, Ramonet..., entran en la mira de Alberto. Pero no son sólo individuos aislados, también están los congresantes, de antes y de ahora, las alianzas, los silencios, las complicidades, la aquiescencia, los dislates, los excesos, los errores de cada quien y, por supuesto, con esmerada atención, los desmanes de Chávez
La política desnuda de una década. Hay un rasgo constante en todo esto: el rechazo categórico a la intolerancia del signo que sea, provenga de donde provenga, y a la violencia. Como amiga y lectora de Alberto y también como historiadora y venezolana, yo saludo que estas crónicas escritas al calor de los días estén ahora reunidas en un solo libro para el consumo de los amigos de Alberto, los lectores, los historiadores y los venezolanos. Por Inés Quintero 4 de diciembre de 2008
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