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El cuaderno de taganga

  1. Juan Carlos Chirinos (Valera, Venezuela, 1967). Estudió Letras en la Universidad Católica Andrés Bello de Caracas y realizó estudios doctorales en la Universidad de Salamanca. Ha publicado los libros de relatos Leerse los gatos (Caracas, Memorias de Altagracia, 1997), con el cual ganó la primera mención en el concurso de narrativa breve de la embajada de España en Venezuela en 1994 y Homero haciendo zapping (Caracas, Fundación Ramos Sucre-Universidad de Oriente, 2003), premio de cuento de la bienal José Antonio Ramos Sucre de 2002. Tiene una novela publicada, El niño malo cuenta hasta cien y se retira (Caracas, Norma, 2004), y en 2009 Ediciones B publicará en Caracas su segunda novela: Los cielos de curumo. Además, es autor de varias biografías: Miranda, el nómada sentimental (Caracas, Norma, 2006, 2ª ed.: 2007), La reina de los cuatro nombres. Olimpia, madre de Alejandro Magno (Madrid, Oberon, 2005), Alejandro Magno, el vivo anhelo de conocer (Bogotá, Norma, 2004) y Albert Einstein, cartas probables para Hann (Bogotá, Norma, 2004); esta última fue seleccionada en 2005 por la Secretaría de Educación Pública (SEP) de México para su programa de lecturas escolares. Ha sido incluido en antologías de Venezuela (Las voces secretas, Alfaguara, 2006; 21 del XXI, Ediciones B, 2007), España (Pequeñas resistencias 3, Páginas de Espuma, 2004 —antología en cuatro volúmenes dedicada a la narrativa breve en español de América y España—; Inmenso estrecho II, Kailas, 2006), Estados Unidos (Hispamérica, 2004) y Cuba (Cuentos venezolanos, 2005); como antólogo, este año aparece en esloveno una selección suya de relatos venezolanos. Reside en Madrid, donde imparte talleres de creación literaria.

A Juan Carlos Chririnos

por Enza García

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Luego de acosar vía e-mail al escritor Juan Carlos Chirinos, abrimos la temporada de preguntas con este cuestionario descubierto en el buzón al último minuto. Salud a Juancho.

Desde la distancia, ¿qué piensas de la literatura venezolana?
Es una muestra hermosa de lo que somos capaces los venezolanos. Cuando recuerdo «venimos de la noche y hacia la noche vamos», o «no sé qué hacer con ese grito, no sé cómo anotarlo», o incluso, «toda la mañana ha hablado el viento una lengua extraordinaria»; cuando recuerdo la adictiva sonoridad de Gallegos, el misterioso influjo de Balza, el sedoso romanticismo de Pérez Bonalde y Maytín, las opacas intenciones de El falso cuaderno de Narciso Espejo y La torre de Timón; cuando hago acopio de todo lo que ha sido escrito por mis compatriotas e, inevitablemente, lo comparo con lo producido en otras latitudes, no puedo más que sentirme satisfecho: hemos tenido, tenemos y siempre tendremos grandes escritores en Venezuela, mal que les pese a los críticos mezquinos y perezosos y por más que se empeñe en mantenerse oculta a los lectores más allá de las fronteras. Por ejemplo, en estos meses he leído un cuento que merece ser nombrado aquí en solitario: "En la playa", de Rubi Guerra. Sólo por ese magistral relato se justificaría tanta literatura en nuestro país. Y si crees que exagero (¿y qué, si exagero?), búscalo y léelo.

De niño, ¿qué soñabas con ser de grande?

De todo. Pero, principalmente, agente fantasma.

¿Qué autor será considerado un clásico dentro de algunos años?

Muchos. Pero lo mejor es que todos los que son considerados clásicos contemporáneos y tienen legiones de admiradores, que más bien parecen desconsoladas viudas, desaparecerán en la oscuridad de las bibliotecas (hasta que algún imbécil los vuelva a rescatar).

¿Por qué odiamos tanto a los bestseller?

Yo no los odio, la verdad. Creo que El hombre de San Petersburgo, de Ken Follet, es una gran novela y tan solo por El umbral de la noche, el heredero de Lovecraft, Stephen King, se merece toda la plata que ha ganado, aunque los laureles se los lleven los imbéciles antes aludidos que ahora son gurús. Todos los escritores quieren vender mucho, es lógico; lo contrario, sería como si un cirujano no quisiera hacer muchas operaciones, un artista plástico no quisiera vender su obra o un piloto no quisiera tener muchas horas de vuelo. Todos los escritores quieren que los lean; salvo Kafka. Lo demás que oigas por ahí es pura postura intelectualosa o remedo de la famosa zorra de la fábula: «total, para qué quiero las uvas si están verdes». Por cierto que ahora a la Academia de la Lengua no se le ha ocurrido otra idea mejor que sustituir el habitual anglicismo bestseller por una memez: «superventas»; ahora los libros usan capa. Qué manía de buscar palabras sustitutas cuando no las hay.

¿Cuál crees que ha sido la mejor adaptación de un libro en el cine?

De las que he visto, El nombre de la rosa. Una delicia escuchar a Annaud el proceso que lo llevó a dirigir la película. Pero hay muchísimas buenas adaptaciones. La de País portátil, por cierto.

 

¿Qué es lo que más te molesta de la calle? Pero vamos, no seamos pesimistas, ¿cuáles son tus espacios predilectos para leer?

Mi casa, mi cama. La Biblioteca Nacional. Pero, en general, en la calle (trenes, autobuses, cafeterías) me concentro con facilidad, olvidándome de que hay gente alrededor.

¿Como escritor, qué crees que hace falta para perdurar en la vida de las personas?

Amor.

¿Has amado tanto que has creído que te ibas a morir?

He amado tanto. Pero sabía que no iba a morirme de eso.

¿Por qué generan tanta sospecha y escozor los concursos literarios?

Porque los que tienen más dinero siempre lo ganan desconocidos. Por cierto que ahora siento pena por el «Rómulo Gallegos»; antes de esta oscurana podíamos confiar en él.

¿Qué crees que fue lo más relevante que pasó en el 2008 para la literatura mundial?

Ni idea; me decanto por el éxito internacional de Firmin, esa joya.

¿Hay algo que no te deje dormir?

El ruido.

 

comentarios (2) >> feed
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escrito por elqueescuchaloureed, febrero 03, 2009

enza por tus preguntas parece que eres una persona pesimista y algo depresiva. no se explicarlo. de pana que me angustia leer tus entrevistas.cuando uno lee entrevistas a veces se imagina el ritmo de esta y la entonación, y la vibra ( si es que fueron hechas en vivo y directos). y cuando me imagino las tuyas escuho tu voz, una voz de ultratumba (eso si, rápida como al que no le importa nada), una cara arrugada y que se yo. menos mal que no son largas por que si no deprimirías al pobre escritor que tan contento iba a responderte las preguntas. hay unos que luchan con sus respuestas y ante tanta acidez y cosa negra es mejor responder directo y sin rodeos. claro, no todas tus preguntas son asi, pero en general cuando termino de leer tus entrevistas siento algo como de cuentro de terror, como de fin de todo, no me pares

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escrito por Enza García, febrero 03, 2009

Jajajajaja. Cónchale, a mi jefe seguro le ha encantado este comentario. Bueno, Loureed listener, en general, supongo, es más sano no ser tan pesimista. Prometo hacer algo a tu favor. Tampoco quiero llegar a los treinta con demasiadas arrugas. smilies/grin.gif

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