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Algunas palabras sobre el viejo Clint 

 

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“Muchas películas de Clint Eastwood serán recordadas y, según el vaivén de los tiempos, adaptadas a entornos tribales o urbanos. Olvidaré algunas de ellas, el tiempo y la memoria son infieles. Siempre recordaré, sin embargo, la tragedia de El Intercambio.

Inmanuel Barreto

 

Me gustaría hablar sobre Clint. El Jinete Pálido confronta, en sus más recientes trabajos, enemigos abstractos y bandidos invisibles. Hoy quiero hablar de El Intercambio (Changeling, 2008), que a Venezuela llegó con el infeliz título de El sustituto.

ImageEn los últimos años, el viejo Clint atravesó las áridas montañas de Iwo Jima. Aquel audaz contrapunteo entre rivales bélicos, fotografiado con melancólico acierto por Tom Stern, ofreció una incómoda reflexión sobre las necesidades mutuas del individuo y la guerra. En Río Místico –poética contemporánea de la venganza–, el mítico sucio, Harry Callahan, exploró los amargos derroteros de la culpa y la confianza. Con Million Dollar Baby, Clint decidió historiar vínculos indiscretos. Hay líneas preciosas en los diálogos creados, a cuatro manos, por Clint y Paul Haggis. El otrora Monco, en esta película, por un puñado de afecto y en defensa de una relación indefinible –paternal y erótica– confronta la voluntad de Dios, la moral por acuerdo de una sociedad rala así como los llamados golpes del destino (pavoso y pertinente título con el que esta película fue distribuida en castellano).

Sería interesante que algún rapsoda frustrado, algún cinéfilo de CD’s quemados o entusiasta estudiante de primeros semestres humanísticos se plantease realizar una tesis en la que se compare el discurso amoroso en las distintas obras de Clint Eastwood: “Entre Los Puentes de Madison y Million Dollar Baby, podría ser un título tentativo.

Pero… es cierto… en esta Butaca quería hablar de El Intercambio. Evitaré la enumeración de adjetivos laudatorios. Me gustó mucho esta película. Diría, además, que el espectador venezolano contemporáneo hallará déjà vus o ecos sociales en la visión del poder recreada por Clint Eastwood; surgen múltiples afinidades –más que electivas– impuestas. El cuartel de la policía de Los Ángeles, en las postrimerías de los 20, es el escenario del crimen. En este recinto se toman decisiones abruptas. El capitán Jones, caracterizado por Jeffrey Donovan, asume el papel de El Supremo. Desde su aparición en escena, ya avanzado el conflicto, este personaje configura el hundimiento de los protagonistas y, al mismo tiempo, labra su propia desgracia.

La tragedia de Christine Collins (Angelina Jolie) trasciende lo personal para asumir una dimensión épica. El poder, materializado por el cuerpo policial, inventa una realidad alternativa. Christine Collins no asume esa verdad oficial. Los representantes del poder, entonces, la excluyen y la humillan.

Clint, probablemente, al visualizar el personaje del reverendo Briegleg, recordó a su viejo amigo John Malkovich a quien alguna vez, bajo la dirección de Wolfgang Petersen, había confrontado en un entretenido thriller noventero (En la línea de fuego, 1993). En El Intercambio, Malkovich interpreta al Sancho culto; es el sostén ético de Christine Collins. ¡Grande Malkovich! El reparto, en general, es muy sólido. Impresiona la caracterización de Jason Butler Harner como imprevisible maniático. Michael Kelly, por su parte –única voz reflexiva dentro del cuerpo policial–, también enriquece la tensión del argumento. Asusta, además, el pequeño Walter redivivo (Devon Conti). Su desenlace es abierto y esa apertura intimida, incomoda, sugiere al espectador que la realidad –más que la ficción– es capaz de ingeniar cualquier irreverencia.

Clint consigue planos de consistencia lírica (el cigarro consumido de Michael Kelly durante el relato del niño, entre otros cuadros acertados, hace honor a distintas escuelas pictóricas). El director acompaña la historia con composiciones musicales de su autoría. El piano calca la estrategia de los coros griegos e irrumpe a través de la tragedia formando atmósferas variables.

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La película plantea un maniqueísmo lúcido y realista. En el mundo, es la verdad –más allá de la supuesta complejidad humana–, existen personalidades siniestras. Clint hace en esta película un análisis singular de la psicología de los hijos de puta. Lo curioso en El Intercambio es que el mal no está representado por un asesino individual o un cómplice cobarde. Tampoco se plantea un burdo y anacrónico despotrique contra el sistema. El mal pareciera ser, según Clint, un efecto secundario del ejercicio del poder. La deshumanización del capitán Jones es sólo una muestra, un daño colateral que afecta, inevitablemente, a todos aquellos que se conciben a sí mismos como dueños del mundo.

La película puede resultar larga. La última media hora hace amagos; pareciera que, en cualquier momento y sin torpeza, podrían aparecer los créditos. Creo, sin embargo, que esa morosidad final es intencionada. Con ella, Clint apela al ritmo lento y agotador de la desesperanza. El espectador permanece en la butaca tratando de asimilar el agobio y el cansancio de Christine Collins. Hope, la última palabra del guión de J. Michael Straczynski pronunciada por el personaje de Angelina Jolie, sugiere un optimismo pobre. La esperanza queda relegada a expectativa vana tras esta magna apoteosis de la podredumbre humana.

 

Eduardo J. Sánchez Rugeles

 

 

 

comentarios (5) >> feed
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escrito por Dirty Harry, febrero 02, 2009

Estimado Eduardo,hasta ahora, solo había escuchado críticas poco alentadoras del filme en cuestión (que si la historia era más apropiada para un telefilme de esos donde sale Melissa Gilbert; que si Angelina Jolie sale demasiado glamourosa para ser una pinche telefonista; que si al viejo Clint se le mojó el Magnum 44). En fin, me arriesgaré con la película (buhoneros de La Hoyada, pa allá voy).



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escrito por ez, febrero 07, 2009

Lo que dices sobre “El intercambio” y el cine está muy bien. Sin embargo ese film me pareció, más o menos. A veces hasta insufrible. La actuación de ella, alcanzó mis respetos, en general el reparto es perfecto. Pero bastantes momentos hubo donde me apareció una telenovela cansona. Me choca cuando las películas son hasta mas no poder explicativas, tal parece que lo que pretenden es explicar absolutamente todo a ver si es que uno no es tan bruto. No se dedica en contar a manera perfecta y limpia una historia y decir con ello algo sustancioso y denso, ese director posee una gran facilidad para perder el control, se vuelve un ocho. Me parece que Clint Eastwood siempre le pasa lo mismo, quiere contarlo todo como sea, no quiere perder ningún detalle pero junto a eso oscurece el panorama. Hay en ese film, como no, planos invalorables, secuencias que valen la pena haber ocupado esa butaca, pero sólo para ser testigo de que se vio el documento de una época para simplemente juzgarla, y no la lleva a una ficción llena de ingenio.

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escrito por ez, abril 03, 2009

Contrario a esta película, "el gran torino" es un film que me gustó (tengo mis reservas en su construcción, me parece que tiene muchas pausas). Parece que aquí, Eastwood se acordó de lo que es el cine, aunque esto suene chocante, aunque la temática moral del 'torino' lleva mucho de Western encima, me parece que en este film hay lenguaje cinematográfico por doquier. Eastood no pierde la cabeza. No sé si es que la encontré muy decente, pero me encantó.

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escrito por Buddy Van Horn, abril 20, 2009

"El Gran Torino" es una película realmente vergonzosa; un pobre remedo del Karate Kid con moraleja a lo haz bien y no mires a quien. Definitivamente al viejo Clint se le mojó la polvora con esta supuesta obra testamentaria (ya es vox populi, que es su ultima actuación). Me quedo con el Clint fascista y ultra reaccionario (estos pataleos de Magdalena arrepentida, no me conmovieron en absoluto).

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escrito por M.S. dir., abril 21, 2009

Lo último que se pierde es el sentido del humor. Remember..... Western.

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