La venganza del nerd
Es mejor tener mal aliento que no tenerlo en absoluto William Saroyan En años recientes, pocas películas me han provocado esa sensación de calambres en el alma (Charly García dixit), como lo hizo Crumb. Este documental de 1994, dirigido por Terry Zwigoff (Ghost world), aborda la vida y obra del excéntrico y desaforado dibujante Robert Crumb, de lejos, la figura más emblemática del comic underground. La cinta, que parece concebida a partir de la famosa premisa no ocultaremos nada (Napoleón Bravo dixit), nos muestra a un Robert Crumb (híbrido enjuto de Groucho Marx con Alex Portnoy) rondando el medio cupón, felizmente casado, padre de una niña (de la que confiesa que es la única dama de la que ha estado enamorado) y listo para un auto exilio parisino, pasando revista a sus orígenes. Infancia en Philadelphia, sus pinitos como dibujante de la mano de su hermano Charles, su despertar sexual (en un momento de la película, admite sin tapujos, una temprana atracción hacia... ¡Bugs Bunny!), su difícil relación con el sexo opuesto durante la adolescencia (magnífica la escena en que lo vemos exorcizando a través del dibujo, sus antiguos romances platónicos del high school) y la asumida vocación de artista de lo políticamente incorrecto como una forma de ajuste de cuentas con un agridulce pasado lleno de frustraciones y obsesiones que, como habrán adivinado, son 99% de tipo sexual. Todo esto vertido magistralmente en innumerables historietas autobiográficas que le otorgarían fama, fortuna y también, como él mismo asoma no sin un leve tono de sarcasmo: ¡mujeres! Una parte fundamental del filme está consagrada a la familia disfuncional de Crumb (que parece sacada de un casting de Harmony Korine): La madre (Norman Bates la hubiese adorado); Charles, el hermano mayor (otrora fiebrúo del cómic, derivado en sucia ruina farfulladora, idiotizado a causa de antidepresivos por sus tendencias suicidas) y Maxon (otra joyita, anclado en un cuchitril, pintando cuadros pavorosos y recordando sus nada galantes tratos hacia las féminas). Frente a este contexto, que puede llegar a irritar, debido a cierto tufillo que nos remite a esos deplorables reality shows que pululan en la infame oferta televisiva de los tiempos actuales, no podemos dejar de percibir a Robert Crumb como un sobreviviente. En fin, no se pierdan la historia de este miope, feo, torpe, amante de las mujeres robustas, melómano impenitente, cultor de Onan... ¡Ah! Y también, huelga decir, uno de los más grandes artistas de nuestro tiempo. Por César Núñez
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Nota: Para los interesados en ver la película, la misma está disponible con subtítulos en español en Google Video.
| comentarios (3) >> |
escrito por gatubela., diciembre 09, 2008
En hora buena César, tu escritura aunque breve, es muy entretenida, se me parece a un cubo rodando (Yordano dixit), se afiebrua uno con este artista plástico llevado a documental con el sello de Lynch. Bella tu reseña.
escrito por cesar, diciembre 09, 2008
Gatubela, muy agradecido, muy agradecido, muy agradecido (Pedro Vargas dixit)
escrito por cazusa, diciembre 29, 2008
Cesar, tú que sabes tanto de cine, qué pasa con Hollywood, ¿porqué se estancó?
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