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Es difícil hacer el amor: Antonio Cisneros

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El poeta peruano Antonio Cisneros estuvo en Venezuela hace unos 6 años, en unas de esas maravillosas, extrañadas y necesarias semanas de la poesía que organizaban los poetas Santos López y Carmen Verde. Recuerdo que, incluso, quienes no lo conocíamos ni a él ni a su obra, estábamos emocionados. Y es que el entusiasmo de quienes sí se frecuentaban con el poder de su verbo cáustico y duro era tal, que nos lo contagiaban a los demás. El día en que se presentó Cisneros en el auditorio de Corp Banca, estaba abarrotado (o al menos así lo recuerdo con la emoción de volverlo a ver en mi cabeza, 6 años después). Un hombre serio, con ojos de águila y a ratos una media sonrisa que parecía haber robado de otra cara, el poeta me hizo comprender al rompe el porqué de tanto entusiasmo por su visita. Tomó el micrófono, dio las gracias y comenzó a leer con su voz de fumador incurable:

 
“Para hacer el amor debe evitarse un sol muy fuerte
sobre los ojos de la muchacha,
tampoco es buena la sombra si el lomo del amante se achicharra
para hacer el amor…”
 

y coronó diciendo:

 
…“Es difícil hacer el amor pero se aprende”.

 

Confieso que el poema me agarró tan descolocada que me resultó incluso un poco chocante, pero entendí que llevaba un riesgo, una originalidad y un trabajo con la voz del autor tan diferente a cualquier cosa que yo hubiera leído antes, que no me quedó más remedio que dejarme seducir por su palabra, y cuánto se lo agradezco. La de Cisneros es una obra sólida, arriesgada y sin concesiones. Leerlo implica, inevitablemente, una relectura minuciosa, alerta, aguzada. Los finales de sus poemas son de una redondez aplastante, son perfectos, no carecen de nada y terminan retumbando por sí solos hasta convertirse ellos mismos en poemas, individualmente y por derecho propio.

Un humor finísimo, un cinismo en dosis justas y la combinación exacta de tristeza con ternura contenida, forman el discurso de este poeta que más que acertado, obliga a ser un referente ineludible en las letras latinoamericanas contemporáneas. Y no es un asunto de estética, aunque quizás ayude a manera de definición. Trabaja magistralmente los versos largos y los versos cortos y si nos ponemos a hilar fino, comenzamos a entrever como teje Cisneros la rebeldía de sus poemas con estructuras históricamente tradicionales.

El poeta limeño trabaja los símbolos y los referentes culturales y los convierte en música, reinventado sus formas de decir de forma que no deja escapatoria, como vemos en “Homenaje a Armando Manzanero”:  

 

“esta tarde vi llover vi gente correr y no estabas tú y si a usted no le importa un carajo
no escribo para usted
soy yo quien sembró el árbol tuvo el hijo escribió el libro y todo lo vi arder cien años antes del tiempo convenido”…

 

Después de esto, queda poco qué decir. Mi libro autografiado no se lo presto a nadie.

 

* * *

 

Antonio Cisneros Campoy nació en Lima, en 1942. Integrante de la generación peruana del 60. En poesía ha publicado Destierro (1961), David (1962), Comentarios reales (1964), Canto ceremonial contra un oso hormiguero (1968), Agua que no has de beber (1971), Como higuera en un campo de golf (1972), El libro de Dios y de los húngaros (1978), Crónica del Niño Jesús de Chilca (1981), Monólogo de la casta Susana y otros poemas (1986), Las inmensas preguntas celestes (1992), Un crucero a las Islas Galápagos (nuevos cantos marianos) (2005) y Como un carbón prendido entre la niebla (2007). Periodista y traductor, ha ejercido además como académico en las universidades de Huamanga, San Marcos, Bupapest, Berkerley, Berlín y Virginia. Ha recibido, entre otros, los siguientes reconocimientos: Premio Nacional de Poesía (Perú, 1964), Premio Casa de las Américas (Cuba, 1968), Beca Guggenheim (1978), Premio Rubén Darío (1981), Premio Gabriela Mistral, otorgado por la Organización de Estados Americanos (2000), Premio Iberoamericano de las letras José Donoso (Chile, 2004) y Caballero de la Orden de las Artes y las letras de la República Francesa (2004). Es además Premio Nacional de Periodismo Cultural de Perú (1993).

 

Por Adriana Bertorelli

 

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