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A Rubi Guerra La tarea del testigo
A Rubi Guerra
por Enza García
Desde el estado Sucre, el narrador Rubi Guerra, ganador del Premio de Novela corta Rufino Blanco en 2006 por La tarea del testigo, nos responde este cuestionario para ReLectura, vía e-mail, mientras aprovechamos para celebrar esa bella pieza que compuso en honor a José Antonio Ramos Sucre, una publicación de las más interesantes en estos últimos tiempos literarios del patio.
¿Por qué un narrador escribe sobre un poeta?
En principio no es tan extraño que un narrador escriba sobre un poeta. Pienso en Hermann Broch escribiendo sobre Virgilio, o en Fernando Vallejo haciéndolo sobre José Asunción Silva. Tal vez porque los poetas tengan un aura trágica o heroica; tal vez porque los buenos poetas dicen cosas esenciales con pocas palabras, algo que los narradores en el fondo ambicionan. En mi caso concreto, escribí sobre un poeta que me es entrañable por muchos motivos y no es el menos importante haber trabajado muchos años en la casa donde el poeta vivió parte de su infancia y adolescencia. Pasé una buena cantidad de horas solo en esa casa, y traté de imaginar a Ramos Sucre, traté de escucharlo. Al final, uno termina escuchándose a sí mismo.
¿Qué tiene la narrativa venezolana para ofrecer al mundo?
Lo mismo que todas las demás: el trabajo en profundidad de sus escritores; una mirada única sobre el mundo y sobre sí mismos. Si la narrativa venezolana no es capaz de hacer eso, pues no tenemos mucho que ofrecer más allá de cierto costumbrismo urbano muy de moda. Tú sabes: malandros, policías corruptos, mucha soledad de apartamento. No me parece tan importante que la narrativa venezolana sea venezolana. Creo más significativo que sepamos y asumamos que escribimos en español, que estamos inmersos en la corriente del español y nuestras miserias y nuestras grandezas deben medirse desde esa perspectiva.
¿Quién hace el papel de crítico literario actualmente?
Ya es un lugar común decir que la crítica la hacen actualmente los lectores en internet, específicamente en los blogs. En gran parte es verdad. Es un fenómeno interesante porque de alguna forma ha democratizado el hacer crítico quitándole un poco la aureola trascendente a los críticos tradicionales, y por otra parte ha demostrado que la crítica es necesaria, que todo el mundo tiene algo que decir sobre lo que lee. Esta inmensa cantidad de páginas en las que se comentan y reseñan libros (con más o menos criterio) pone el asunto del crítico (es decir, del especialista) en un lugar cuestionado, y por tanto interesante. En Relectura se hace crítica (y mucho más, por supuesto); 500 ejemplares, un blog muy reciente que dirigen Carolina Lozada y Luis Moreno Villamediana, tiene una actividad muy intensa.
¿Qué hacen editoriales como El perro y la rana por la producción literaria?
Creo que la pregunta debería ser más directa: ¿Qué hace la Fundación Editorial El perro y la rana por la producción literaria? Bueno, pienso que la labor editorial de El perro y la rana está llena de contradicciones. Por un lado hay el intento, loable, de dar oportunidad a todo el que tenga un libro, y también la intención de hacerlo a precios accesibles y editar todo tipo de temas y autores. Nada que objetar por ese lado y sí mucho que agradecer. Pero resulta también obvio que muchas de sus publicaciones son descuidadas, mal diseñadas, mal corregidas. En el catálogo hay libros valiosos con otros de muy baja calidad. La colección Cada día un libro concentra muchos de estos problemas. A la larga, es un mal negocio si no se equilibran la cantidad y la calidad. Y por último está la falta de promoción, que es algo común a todas nuestras editoriales, pero que en El perro y la rana alcanza niveles insólitos. Para no especular, mira lo que sucedió con La tarea del testigo: ganó un premio de la editorial, pero nunca hubo entrega formal de éste ni hubo presentación del libro una vez que salió de imprenta, ni nadie me ha llamado de la editorial para acordar cualquier cosa sobre la promoción del libro ni han convocado otra vez el premio.
¿Qué escritor te ha sorprendido últimamente?
Juan José Saer, hace más o menos un año con su novela El entenado, me dejó sorprendido y encantado (y uso esta palabra con toda intención, porque algo de canto hay en ella). Es la única de las suyas que he leído. En Cumaná no es fácil conseguir libros. Me sorprendió, sobre todo, por la plasticidad de su lenguaje, por el tratamiento casi amoral del tema del canibalismo, por la hondura de su mirada. Recuerdo que pensé que no sabía que se podía escribir así en español.
¿Qué preocupaciones se van contigo a la cama?
Como soy insomne, tengo tiempo de preocuparme por todo antes de dormir. Por mi esposa y mi hija. Me preocupo por mi incapacidad de protegerlas. Por el país. Por el cochino dinero que no tengo. A veces pienso en lo que estoy escribiendo o en lo que quiero escribir, aunque esa no es una preocupación sino una forma de adentrarme en otro lado de la realidad y así me duermo.
¿Qué autor contemporáneo será considerado un clásico dentro de algunos años?
Cormac McCarthy. Es suficientemente anacrónico para soportar bien el paso del tiempo. Sus libros parecen escritos por alguien a quien no le importan las modas literarias ni los dilemas de la clase media norteamericana ni el 11 de septiembre. Los críticos ya lo han dicho, pero vamos a repetirlo: es de la estirpe de Faulkner, de Melville, de Dante. Seguro me equivoco y dentro de cinco años nadie lo lee.
Ahora, ¿crees que hay algún clásico sobrevalorado?
Hay libros que me gustan y libros que no. No soy quién para decir si un clásico está sobrevalorado. Si después de doscientos o trescientos o más años un autor sigue siendo leído, por algo será.
¿Qué escritor venezolano ha marcado tu tiempo literario personal?
Gustavo Díaz Solís, sin duda alguna. Tanto, que me he dedicado a soltar frases suyas en mis cuentos. Díaz Solís significó varios descubrimientos: el poder de las elipsis y de las sugerencias, en cuentos como Entre las sombras y El cocuyo; y, en sentido opuesto, el disfrute del lenguaje barroco, de sintaxis perfecta y adjetivación inesperada, en Arco secreto, en Cachalo, y en muchos otros. Es un gran narrador todavía mal conocido.
¿Qué cosa te gustaría hacer antes de morir?
Me gustaría tener la oportunidad de viajar sin ninguna obligación, deteniéndome un año o dos en una ciudad grande, después en otra y luego en un pueblo perdido en la selva y luego cambiar de continente porque sí, para ver cómo vive la gente, qué odian, qué aman, qué conocen o ignoran de sí mismos. Nada extravagante, pero imposible de realizar.
| comentarios (2) >> |
escrito por anibalgirondo, noviembre 24, 2008
Me alegra que mencione a Saer, Rubi. No parece un autor muy leído por acá y sin embargo es de primera línea. Si puede encontrar “El limonero real” y “Nadie nada nunca” no se las pierda, son también excelentes. Por cierto, de usted leí hace poco “La tarea del testigo” después de ver un comentario en la red y me gustó mucho. Lo felicito.
escrito por guerra, diciembre 11, 2008
Gracias por su comentario sobre mi novela, Anibal.
Y sí, ya conseguí "El limonero real". Espero comenzar a leerlo dentro de poco.
Saludos.
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