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La voz a ti debida de Pedro Salinas

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Recuerdo veladamente un libro que ha estado en mi casa desde que yo era una niña, pero que no fue sino hasta ya de adolescente, en uno de esos raptos amorosos que obligan las hormonas, cuando lo descubrí como un tesoro, lo abrí con la conciencia de un hallazgo y comprendí en toda su dimensión que el amor más inmenso podía convertirse en un hecho literario. Ese libro agrupaba a dos de los poemarios más hermosos que aún hoy tengo en mi biblioteca: La voz a ti debida y Razón de amor, de Pedro Salinas.

 El primer libro, La voz a ti debida, escrito en 1933, da cuenta de la historia de una pasión amorosa desde que nace hasta que termina. En el segundo, Razón de amor, que data de 1936, el mismo año en que comienza el largo exilio americano de Salinas, se analiza magistralmente con una poética impecable y repleta de musicalidad, lo que queda del amor cuando éste llega a su final. De allí que el tema central del libro gire en torno a la conjura de la pasión y a cómo exorcizar la ausencia y el dolor sin esquinas que causan las separaciones, sobre todo cuando estas ocurren en contra de la voluntad de quien las escribe.

 Estos dos libros, juntos a un tercero titulado Largo lamento, forman la trilogía poética dedicada al extenso romance (afortunadísimo, para los amantes de la poesía amorosa) que sostuviera Salinas con la profesora norteamericana Katherine Whitmore y que, aunque el poeta ya estaba casado para ese momento, se prolongó por más de 15 años y terminó definitivamente en 1947, entre otras razones, porque la esposa de Salinas descubrió el affaire e intentó suicidarse y porque luego Catherine, para poner un punto final a la relación, se casó con un colega aunque seguiría recibiendo noticias esporádicas de Salinas. Además de la trilogía, también existe el epistolario entre Katherine Whitmore y Salinas que estuvo bajo custodia en la biblioteca de la Universidad de Harvard y que fue ella misma quien autorizara su publicación, siempre y cuando las cartas escritas por ella fueran excluidas y que se hubieran cumplido 20 años de su muerte. Este epistolario, fue recientemente publicado por Tusquets en 2002 bajo el título: Cartas a Katherine Whitmore. Epistolario secreto del gran poeta del amor.

 Y es que eso es Salinas. Ante todo, un poeta del amor, del amor inteligente, del amor pasional, del amor elevado en cada uno de los sentidos, del amor traducido en dardos que se clavan en el pecho. Es por eso que Jorge Guillén define su poesía como “intelectual, pasional y sensual al mismo tiempo”.

*  *  * 

 

Pedro Salinas nació en Madrid en 1891. Fue hijo de un vendedor de telas. Estudió Derecho además de Filosofía y Letras y luego llegó a la Sorbona donde se doctoró en Letras y, fascinado con Proust, comenzó a traducir En busca del tiempo perdido. Ganó la cátedra de Literatura en Universidad de Sevilla en 1918, donde tuvo como alumno a Luis Cernuda, y entre 1922 y 1923 enseñó en Cambridge y luego en la Universidad de Murcia. En 1925 publicó una versión modernizada del Cantar de Mio Cid y en 1926 se va a dar clases a la Universidad de Madrid. Luego acepta el cargo de Secretario de la Universidad Internacional de Santander donde lo sorprende la Guerra Civil Española.  Allí enseña desde 1933 a 1936, año en que se va a Estados Unidos, enseñando en Wellesley College, en Puerto Rico y en la John Hopkins University de Baltimore. Fallece en Boston el 4 de diciembre de 1951 y está enterrado en San Juan de Puerto Rico. Es autor de obras en prosa, de piezas teatrales, de importantes obras de teoría y crítica literarias y de una prolífica obra poética. Sus libros incluyen: Presagio; Seguro azar; Fábula y signo; La voz a ti debida; Razón de amor; Largo lamento; Error de cálculo; Lost Angel and other poems, Baltimore, The John Hopkins Press, 1938 (Antología bilingüe con poemas inéditos. Trad. de Eleanor L. Thurnbull); El contemplado; Todo más claro y otros poemas; Volverse sombra y otros poemas, Cartas de amor a Margarita (1912-1915), edición de Soledad Salinas de Marichalar; Cartas a Katherine Whitmore. Epistolario secreto del gran poeta del amor; La poesía de Rubén Darío (ensayo); El defensor (ensayos).

 

 

Por Adriana Bertorelli 

 

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