Reseña

Reseñas

Luz Marina Rivas presenta Para no perder el hilo, el último libro de Krina Ber

Leer más...
Que recomiendan?

Recomendaciones 

Aquellos autores a los que provoca llamar por teléfono

Leer más...
Actividades

Ciencia Ficción

6 de marzo: Joaquín Ortega, José Urriola y Amílcar Ortega hablan de ciencia ficción

Leer más...
Inicio arrow Guía del lector arrow Reseñas y crítica arrow Breviario galante de Echeto

Image

Breviario galante

  1. Con este libro, Roberto Echeto fue finalista del concurso transgenérico que patrocina la Fundación para la Cultura Urbana, en el año 2004

Breviario galante de Roberto Echeto

Image

 

Existen personajes en la literatura de los que, quizá con justicia, nadie se acuerda. Son personajes secundarios, a veces terciarios y en ocasiones cuaternarios, con respecto a la trama. Es cierto que son deleznables en sí mismos, que sólo son una pieza dentro de un engranaje mayor, pero también es cierto que sin ellos la historia no avanza. No de la mejor manera.

Un buen ejemplo de este tipo de personaje lo encontramos en El corazón de las tinieblas, cuando el capitán Marlowe comienza a remontar el río Congo y se encuentra con el jefe de contabilidad de la compañía que explota las riquezas en el África Central bajo el imperio del rey Leopoldo II de Bélgica. “No os habría mencionado a este sujeto en absoluto”, dice Marlowe, “de no ser porque de sus labios oí por primera vez el nombre de la persona que está tan indisolublemente ligada a los recuerdos de aquel tiempo”. Esa persona es, por supuesto, Kurtz, personaje caracterizado de una vez y para siempre por Marlon Brando en Apocalypse now. Luego Marlowe agrega sobre el jefe de contabilidad: “Por otra parte, sentía respeto por ese hombre. Sí, sentía respeto por sus cuellos, sus anchos puños, su pelo cepillado. Su aspecto era sin duda el de un maniquí de peluquero, pero en la gran desmoralización de aquellas tierras mantenía su apariencia. Eso se llama firmeza. Sus cuellos almidonados y tiesas pecheras eran logros de carácter”.

Al leer Breviario galante, de Roberto Echeto, me vino a la mente esta escena de la novela de Conrad. La imagen de un hombre engominado y de traje blanco como la nieve en algún punto infernal del Congo, tiene sus ecos urbanos y de siglo XXI en este conjunto de cuentos. Echeto, al igual que Marlowe, detiene con fascinación su mirada en personajes que hacen de su vestimenta y de sus maneras una trinchera elegante desde la cual se enfrentan a la vulgaridad imperante de nuestro mundo. Personajes que comprenden que la estética es el ropaje que viste a la ética. De ahí el título del libro y también el hecho de que el primer texto sea “Yo quiero ser como Frank Sinatra” que, más que un prólogo en el sentido tradicional, es una declaración de principios. Una profesión de gustos donde la moralidad queda en un segundo plano. Así lo declara Echeto en el párrafo final de ese texto introductorio: “Yo quiero ser como Frank Sinatra porque deseo que mis actos –buenos y malos– sean siempre una lección de estilo”.

Algunas de estas lecciones de estilo, más allá del bien y del mal, las encontramos en cuentos como “Ping-pong al mediodía”, donde el personaje don Max le hace frente a un tumor maligno mediante el ritual cotidiano del bien vestir: “Aquella elegancia sólo quería decir que el hombre se sentía bien y que los estragos que en él estaban causando unos mareos raros no habían logrado arrancarle las ganas de vivir”. O, mejor aún, como sucede en el relato “Los pelados son culpa tuya”, cuando el ambiente sereno de una barbería (que el narrador distingue enfáticamente del chismorreo típico de los salones de belleza) se ve interrumpido por la presencia enojosa de un gordo, barbudo y enorme, que con la pestilencia de su tabaco altera la paz del lugar. Este cuento llama la atención porque ahí la jerarquía del estilo deja en un segundo plano la moralidad. El gordo barbudo y humeante, uno de los tantos paradigmas del abusador que existen en nuestra Caracas contemporánea, termina siendo el protagonista de la historia. El gordo llega a ejercer con tal patanería y exactitud su papel de matón que la escena final adquiere un giro elegante que justifica los previos excesos: el gordo saca una pistola, calla así al personaje que le pedía que apagara el cigarro, espera pacientemente a que el barbero termine su trabajo, paga y abandona la barbería envuelto en un manto de humo.

Este personaje, el matón gordo, calvo y barbudo, reaparecerá con insistencia y con algunas variantes en otros cuentos del libro. Su intermitencia es la que hace visible, a ratos, otra característica que define a estos cuentos de Breviario galante: la acción. Echeto es uno de los pocos narradores actuales (habría que agregar el nombre de Fedosy Santaella, con quien comparte una estética afín) que trata de recuperar en la literatura un sentido cinematográfico de la anécdota. Y esta recuperación, que en el fondo es una parodia, la realiza de la única manera en que un narrador se puede disfrazar con otros recursos y trajes narrativos un tanto anacrónicos sin parecer ridículo: con un fino sentido del humor.

Existe también una tercera arista reconocible en estos cuentos, además de la de la elegancia y la heroicidad. Es la que tiene que ver con la experiencia del absurdo. Dice Joseph Brodsky en uno de sus indispensables ensayos que “el sentido del absurdo nunca es una invención del poeta, sino un reflejo de la realidad”. Y algo de poeta tiene Echeto, pues su mirada más que transformar la realidad y hacerla entrar en un molde narrativo, busca más bien despojarla de toda trama ficcional y narrarla en su desnudez. Una desnudez que a veces es heroica, otra veces es elegante sin importar la catadura moral de quien la protagoniza, y otra veces es, simple y complejamente, absurda. Esto último es lo que sucede en “El milagro de la pompas de jabón”, donde la fe en el doctor José Gregorio Hernández viene en auxilio de una lógica y de una ley de gravedad que han sido suspendidas; es lo que sucede en “La escopeta”, cuyo protagonista debe interrumpir una sesión de sadomasoquismo entre una actriz de televisión y un enano lujurioso y groserísimo; es lo que sucede en “Nunca beses a nadie que haya comido huevos de iguana”, donde en realidad no se narra absolutamente nada y los personajes se abandonan a una sencilla felicidad; y es lo que sucede, con toda deliberación, en “La noche de los fracasados”, relato escrito a la manera de una pieza de teatro del absurdo, donde Echeto lleva a un límite su destreza para el humor, la valentía, lo inesperado, el absurdo y la elegancia.

Breviario galante es un libro escrito con rigor y también con un desparpajo que quizás altere un poco la fluidez de las historias (pienso en ciertos diálogos excesivamente coloquiales que terminan siendo caricaturescos y también en los títulos de los cuentos, que guardan una relación muy elíptica con respecto a las historias). Es, en todo caso, uno de los libros más extraños y atractivos de la narrativa venezolana del siglo XXI. Un libro que ha hecho de Echeto un escritor valiente y elegante, condiciones del alma a las que muy pocos escritores, en este mundo “reblandecido y pusilánime”, pueden aspirar.

Por Rodrigo Blanco Calderón

 
comentarios (0) >> feed
Escribir comentario
quote
bold
italicize
underline
strike
url
image
quote
quote
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley
Smiley

busy
< Anterior   Siguiente >

Patrocinante