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Reseñas y crítica
Ciudad de cristal Ciudad de cristal
Ciudad de cristal
Ciudad de Cristal es la primera novela que conforma La trilogía de Nueva York, junto con Fantasmas y La habitación cerrada, del narrador Paul Auster. En ella el autor maneja con extrema elegancia y equilibrio el descenso del alma que se niega a llamar por su nombre propio, jugando al peligroso juego de máscaras, donde finalmente el protagonista se ve extraviado y llevado a los límites de la miseria, en medio de severas experiencias religiosas y fantasmales elucubraciones. Todo empieza por una llamada equivocada, por un error de nombres y por el intento de escapar de las realidades más precarias en la vida de un hombre solo y a todas luces fracasado. Un hombre que juega a ser otros y a apoderarse del curso de otra vida para salvarla, logrando con ella conocer lo más bajo de la ciudad, lo más sórdido y cotidiano de sus calles. Una ciudad de cristal para ver a través de ella y para asistir cada tanto a su masa hecha añicos.
"Pero los mendigos y los artistas constituyen sólo una pequeña parte de la población vagabunda. Son la aristocracia, la élite de los caídos. Muchos más numerosos son quienes no tienen nada que hacer, ningún sitio adonde ir. Muchos son borrachos, pero ese término no hace justicia a la devastación que encarnan. Sacos de desesperación, cubiertos de harapos, las caras magulladas y sangrantes, avanzan por las calles arrastrando los pies como si llevaran cadenas. Dormidos en las puertas, tambaleándose entre el tráfico, derrumbados en las aceras, parecen estar por todas partes en el momento que los buscas. Algunos morirán de inanición, otros morirán de frío, otros serán apaleados, quemados, torturados".
Auster va más allá del género policíaco, ascendiendo al terreno de lo metafísico mediante una pausada radiografía del alma de sus personajes. En Ciudad de cristal, Daniel Quinn necesita huir de Daniel Quinn a través de William Wilson y, al mismo tiempo, a través de Max Work y más aún, a través del Paul Auster detective quien en un momento de la novela se encuentra con un Paul Auster escritor, mientras que Peter Stillman teme su muerte en manos de su padre, Peter Stillman, a la vez que el lector no termina de entender qué siente por su esposo la enigmática Virginia Stillman. Vidas, pues, que caminan los cielos neoyorquinos mientras se esconden de la maldición que es tener, a fin de cuentas, una forma para ser llamados en el momento del juicio: desgracia. Aunque Auster es bastante cuidadoso de no ponerse efectista.
Por Enza García
| comentarios (1) >> |
escrito por icnoch, enero 08, 2009
Yo no encuentro nada detectivesco en toda la obra, más bien un intento de cubrir ralamente el paulatino desmembramiento del universo simbólico del personaje, su propia degradación al punto de entregarse al final de manera tan natural y sorprendente como resultan sus apuntes sobre la mendicidad que atestigua durante sus recorridos en las calles de la ciudad. Acaso la descripción de sus paseillos en las cuales el autor se toma varias páginas describiendo toda la serie de requiebres que llevan a Quinn incluso a pasar cerca de un mismo sitio a unas cuadras de diferencia. No estaban ya describiendo en ese momento los síntomas de Stillman padre, trazando azarosos patrones entre las calles en sus rutas cotidianas, pero todas circunscritas dentro de la ciudad y nunca más allá.
¡Maldita historia!, es genial, es personal, es íntima, es despiadada, pero el final te rompe el culo en dos. Fantástica.
...Quinn debiste coger con Virginia, esa tal vez fue la jugada que Auster dejo abierta para partirnos la crisma con un círculo que no cierra nunca.
Auster vete a la v...ga.
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