La gran estafa
Clifford Irving es un tipo que, sin duda, tiene historias muy interesantes qué contar: Desde su sencillo trabajo como redactor en el New York Times y la publicación de sus dos primeras novelas, sus múltiples matrimonios y su vida en Ibiza, hasta hacerse pasar por el único escritor designado por Howard Hughes para escribir su autobiografía autorizada, falsificar la escritura y la firma del magnate hasta tal punto que todos los expertos contratados por McGraw Hill y Time Life le dieron el sello de autenticidad, desfalcarle $750.000 a la editorial y hacerlo depositar en un banco en Suiza hasta su posterior aprehensión y encarcelamiento por fraude, además de que su delirante historia fuera posteriormente llevada al cine por Lasse Hallström, las aventuras de Irving parecen no tener fin.
Pero a pesar de saltar a la fama como el escritor que desmanteló la inocencia de algunas editoriales norteamericanas y que provocó la renuncia de Nixon y el destape del caso Watergate, la versión cinematográfica de su historia lo dejó tan descontento que pidió expresamente que su nombre fuera excluido de los créditos de la película en la que había fungido como asesor técnico. Y es que, según Clifford, a su personaje, llevado a la pantalla por el archiconocido Richard Gere, y acompañado por actores tan importantes como Alfred Molina o Marcia Gay Harden, le falta humor, agudeza e inteligencia y tiene más las reminiscencias de un sicópata tristón y gris que de un audaz y arriesgado escritor hippie de mediana edad, que es lo que Clifford prefiere pensar de sí mismo.
Sin embargo, la película The Hoax, con guión de William Wheeler, conocida en español con el desabrido título de La gran estafa, tiene mucho valor, a pesar de las críticas de Irving Clifford, aunque no es ni de cerca el mejor filme el director sueco Lasse Hallström que ha llevado la batuta en películas tan extraordinarias como la mágica Mi vida como perro, nominada al Oscar por Mejor película y Mejor dirección o Chocolat, una atípica historia de amor que le bajó las medias a un gentío con las actuaciones de Juliette Binoche y con Johnny Depp haciendo de gitano sexy, o Casanova protagonizada por el recién fallecido Heath Ledger, con Sienna Miller y Jeremy Irons.
Y es que, a pesar de tener ciertos problemas de ritmo, que se vislumbran como un freno en una historia tan improbable como vertiginosa aunque sea verdadera, esta película nos pone en contacto con una anécdota que resulta inmensamente seductora para todos los mortales que algún día hemos deseado tanto convertir una mentira en realidad, que nos lo terminamos creyendo. Un escritor desesperado y con serios problemas económicos es capaz de todo para lograr dinero y reconocimiento. Así, pone a rodar una bola de nieve tan inmensa, que termina salpicando incluso a la Casa Blanca. Además, da siempre el gusto de una pequeña justicia poética al ver como los poderosos se terminan desmoronando al convertirse en engañados a pesar de todos sus esfuerzos por parecer en control de la situación, y de cómo un hombre común y corriente, aunque con un gran talento, se vuelve el verdugo de empresas y personas infinitamente más poderosas que él, aunque luego el escenario se le revierta. La gran estafa, además, nos pone en contexto la renuncia de Nixon y nos presenta un retrato fundamental de la historia reciente de Estados Unidos, una premisa nada despreciable.
Así que alquílela, cómprela o búsquela, y saque sus propias conclusiones.
Por Adriana Bertorelli
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