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Obras de Héctor Torres 

  1. Trazos de asombro y olvido (1996)
  2. Episodios suprimidos del manuscrito G (1998)
  3. Del espejo ciego (1999)
  4. Colectivos: Siete (PDF, Editorial Badosa), Muestra de minificción aragüeña (2001), Cartas en la batalla (2004), De la urbe para el orbe (2005)
  5. El amor en tres platos (Cuentos, Equinoccio, 2007)
  6. La huella del bisonte (Edit. Norma, 2008)

 

La huella del bisonte

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Las novelas eróticas siempre me han parecido, cuando menos, poco interesantes. Esas largas descripciones de actos sexuales más o menos acrobáticos me producen un aburrimiento mortal, y peor cuando se revisten de intenciones poéticas. La mera pornografía me parece más honesta. Por eso me acerqué con cierta desconfianza a La huella del bisonte, la primera novela de Héctor Torres. La desconfianza venía matizada por la lectura previa de su cuento “Dioses de breve estancia”, un relato excelente, de múltiples facetas.

Por suerte, La huella del bisonte no es lo que mis prejuicios adelantaban, a pesar de que la palabra erotismo aparece mencionada varias veces en la contratapa. No es una novela erótica en la misma medida en que no lo son las de Henry Miller, por más que el sexo ocupe un lugar central en sus reflexiones sobre la vida, la muerte, la amistad y todo lo demás. Porque, eso sí, La huella del bisonte trata, entre otros temas, sobre el descubrimiento del sexo en la adolescencia, y sobre su poder y sus límites; también sobre cómo vive el sexo con una adolescente un hombre que se acerca a la vejez ­–es decir, a la muerte–, con miedo, con dudas que abarcan su vida entera. Pero afirmar lo anterior de forma demasiado tajante nos puede hacer olvidar que toda novela está cruzada de múltiples búsquedas que, si la cosa va bien encaminada, se apoyarán creando paralelismos y oposiciones significativas. En este caso concreto, al tema de la “locura del sexo” corresponde –no necesariamente en oposición– el de cierta sabiduría paterno-filial que crece poco a poco y colma la última parte de la novela.

De fondo, apenas entrevista y quizás central, la preocupación por el tiempo que, según dice Borges, es un río que nos arrebata.

Karla, Mario y Gabriela son los personajes alrededor de los cuales Héctor Torres  hace girar la historia. Karla y Gabriela son adolescentes, compañeras de clase, y la última es hija de Mario. Con semejante trío hubiera sido fácil para cualquier escritor construir una historia abundante en fluidos y escenas excitantes. Torres prefirió otro camino, a pesar de que también haya en sus páginas escenas excitantes. Apoyado en un tono sosegado y distante en el que se deslizan matices irónicos, el narrador es un observador minucioso que no juzga, sino que muestra (esto, por supuesto, es una falacia: el narrador siempre juzga, pero su arte está en hacerlo de una manera tan disimulada que su juicio sea casi imperceptible), como lo haría un entomólogo describiendo las costumbres de insectos curiosos. El resultado es inquietante. La distancia entre el lector y los personajes parece anularse por momentos; los personajes se despliegan tan convincentemente que dan ganas de conocerlos y dirigirles la palabra: increparlos, apoyarlos, denunciarlos a la policía o consolarlos.

En suma, La huella del bisonte es una novela poco común en nuestro panorama literario que merece algo más que estas líneas apresuradas.  

 

Por Rubi Guerra

 

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