Guía del lector
Reseñas y crítica
Desapariciones Desapariciones
Desapariciones
Paul Auster hace leños con los árboles que caen. Habla del azar, de esa música misteriosa e inmanente que subyace al hombre en su paso por la tierra. Con los leños hace fogatas para pasar la noche y, como un antiguo chamán, devela las grandes llaves que habrán de conducir a otra parte, esa otra donde sentimos -más que entender- este puñado de cenizas que tenemos en el pecho:
Las infinitas Cosas diminutas. Por una vez Respirar tan solo A la luz De las infinitas Cosas diminutas Que nos rodean. O nada Logra romper La atracción de esta oscuridad, el ojo Descubrirá que no somos Sino aquello que nos ha hecho Menos de lo que somos. No decir nada. Decir: Nuestras propias vidas Dependen de ello. Desapariciones recoge una selección de la obra poética del novelista y traductor norteamericano, escrita en los años sesenta y publicada en 1996 por PRE-TEXTOS con traducción, notas y prólogo de Jordi Doce. La lírica de Auster se presta a un intimismo soterrado (quizás esto sea una redundancia, pero debo decirlo así) y a la vez denso, a una trascendencia discreta y un discurso sobre el alma creadora, el alma escondida y sufriente, pero sin tanto aspaviento verbal o histriónico. Dice Jordi Doce: Auster, qué duda cabe, ha cumplido largamente con aquel dictum ineludible de Pound: lo esencial de un poeta es que nos construya su mundo. Su nombre ha entrado, casi sin aviso, en ese diccionario secreto que todo buen lector lleva dentro para entender la existencia: existe un mundo usteriano, como existen personajes y situaciones típicamente austerianas, que reconocemos al instante pues se han hecho nuestras con el tiempo. La poesía de Auster es accesible, sin que por ello accesible se transforme en un término que denote pobreza o superficialidad. La economía del autor de El cuaderno Rojo y La trilogía de Nueva York construye una poesía noble y transparente, pero a la vez dotada de una fiereza espiritual impresionante, momentos que repercuten sin prisa y agarrándose fuerte de las interrogantes propias del artista, del exilado en el mundo, de una víctima digna de los embates dulces y dañinos del universo y su azar. Es un muro. Y el muro es muerte. Ilegible Garabato del descontento, en la imagen E imagen consecutiva de la vida; Y los muchos que aquí están A pesar de no haber nacido, Y aquellos que hablarían Para darse a luz a sí mismos. Aprenderá el habla de este lugar. Y aprenderá a morderse la lengua. Pues ésta es su nostalgia: un hombre. Sabemos además que los ejemplares editados por PRE-TEXTOS son de un enorme placer estético. De modo que esta lectura no debe perderse de vista. Que no sea un azar, sino un antiguo remanso augurado por el fuego de los leños.
Por Enza García
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