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Grupo El lector interrumpido

  1. Fecha: Febrero, 2008
  2. Escritor invitado: Federico Vegas
  3. Autor: Raymond Carver


La obra de Raymond Carver

Grupo El lector interrumpido  / Escritor invitado: Federico Vegas

(Fecha: 9 de febrero de 2008)

 

Asistentes: Eurídice Zamora, Miriam Mireles, Ana Aquino, Silvia Marín, Omar Pérez y Nelson Cordido. Blog: http://ellectorinterrumpido.blogspot.com 

Nuestro equipo, El lector interrumpido, se estrenó muy bien este 9 de febrero de 2008 con Federico Vegas. A continuación, nuestras notas sobre ese encuentro:

I

Federico Vegas cubrió brevemente aspectos biográficos de Raymond Carver, enfocándose en la interesante polémica entre él y su editor Gordon Lish, quien no sólo dio consejos a Carver sino que rescribió y suprimió párrafos completos de sus cuentos. Llegó inclusive a cambiar los finales varias veces.

Al principio Carver aceptaba de buena gana los cambios ya que su precaria situación económica le impulsaba a que el editor publicara lo antes posibles sus obras. Pero con el tiempo esto fue cambiando y Carver prefería mantener sus escritos tal como los había concebido, lo que originó fuertes pugnas.

Otro aspecto que enfocó Federico fue comparar a Carver con sus contemporáneos, especialmente con John Cheever. Resultó muy interesante observar las similitudes y diferencias entre estos autores.

También habló sobre la influencia de otros autores en Carver, entre ellos Chejov y Maupassant.

El grupo seleccionó Moby Dick de Melville para el próximo encuentro

Por Nelson Cordido.

  

II

El sábado 9 de febrero tuvimos la oportunidad de compartir con Federico Vegas, en el café Arábica, la lectura de varios cuentos. Uno de ellos corresponde a Raymond Carver: “Póngase usted en mi lugar” y, el otro, a John Cheever, “El ladrón de Shady Hill”.

Pudimos apreciar en la obra de estos escritores que sus temas reflejan el drama y los avatares de la sociedad norteamericana. Los personajes, sumidos en angustias existenciales, tratan de encontrarle sentido a sus vidas procurando que éstas se tornen más llevaderas en la aplastante cotidianidad que los rodea.

Otro aspecto que abordamos en el encuentro, por demás muy discutido actualmente en los medios impresos y en la red, es el referido a la polémica suscitada con su editor Gordon Lish. Se cree que éste es el responsable de muchos cambios en los cuentos de Carver, hasta el punto que se piensa que Lish rescribió algunos de ellos y que el mérito y la fama de los cuales goza Carver se los debe a su editor. También reflexionamos acerca del rol del escritor en Latinoamérica, que se encuentra rodeado por una realidad dura y, cómo muchas veces ésta, compromete su labor.

La reunión transcurrió en una atmósfera agradable, en la proverbial jocosidad de Federico Vegas animó la participación de los presentes. Nuestro invitado nos habló de los maestros que influyeron en estos escritores como Maupassant y Chéjov y así, de una manera sencilla, sin poses intelectuales, hicimos un recorrido por la obra de estos dos grandes de la literatura. Ése fue su acierto.

Por Ana Aquino

III

          “Hay escritores a los que uno ama y admira pero hay otros escritores que, además, cuando se los lee por primera vez, no se puede evitar sino sentir que le están hablando a uno a través de la caricia de un relámpago fulminante.”

Rodrigo Fresán

  

Hace unos días presenciamos un encuentro colosal. Un escritor venezolano de estirpe gloriosa, orgullo de este país, tomó un expreso con nosotros, y nos habló de Raymond Carver, de su contemporáneo John Cheever y de su cuentos “La geometría del amor”, con un prólogo invalorable de Rodrigo Fresán, los cuales nos acercaron a los últimos cuentos de Carver (“Tres rosas amarillas") en homenaje a Chéjov, y de la influencia también de Maupassant. Nos empapó sobre el criterio que tenía Raymond Carver para enfrentar el cuento y su escritura. Cómo se ganaba la vida desde un principio, y cómo eran tratados profesionalmente los escritores de su talla. Como un Truman Capote y otros, tenían una participación activa en revistas de un tremendo perfil literario (The New Yorker, Esquire...), apoyados tal como hoy en día en su oficio de escritor. Vegas habló además sobre la obra del gran Nabokov y su parecido con la estructura narrativa de Cheever: personajes siempre avanzando, siempre en fuga, en movimiento. No faltaron tampoco los escritores contemporáneos en boga.

En cuanto a la polémica surgida desde hace un tiempo entre Carver&Lish, agregó que tomáramos en cuenta que la figura del “editor” es una figura ignorada en Latinoamérica, pero fundamental en esos países donde la lectura tiene una salida ostentosa. Editar significa cortar, esto es, elegir lo más valioso. Lo más valioso en el criterio por publicar es lo que tiene mayor salida. Federico Vegas nos habló sobre tres etapas en la edición de la literatura de Carver en conjunto con Lish, las primeras dos corresponden a la aceptación completa por parte de Carver por publicar a pie juntillas las órdenes de Gordon Lish. Ya en su última etapa, con los cuentos largos como “Catedral”, Raymond Carver  se vale por entero de su decisión como autor, sus últimos cuentos son editados por completo.

Escuchamos en palabras de Federico, sus costumbres personales de cómo escribe y lee las veinticuatro horas del día. Se trata de un  escritor sin ningún temor a escuchar nuestras preguntas. Muchos momentos nos quedamos petrificados como los niños, cuando se quedan literalmente con la boca abierta y otras veces fuimos sumidos en carcajadas con sus cuentos, en aquellas mesas unidas por la necesidad de la costumbre para colocar las bebidas, se nos olvidaron las horas de la tarde que comenzaron con una luz y terminaron con otra. En realidad ya era tan oscuro que en aquel café cercano al Ávila, apenas podíamos reconocer el rostro de Federico Vegas. Parecía el ciego del cuento de Carver, la figura sabia en “Catedral”. Después de estas horas de tertulia, no éramos los mismos.

Nos entraron ganas de participar en una gran aventura, será por eso que tal vez elegimos por unanimidad absoluta que nuestra próxima lectura sería Moby Dick de Melville.

  

Por Eurídice Zamora

  

 

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