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Reseñas y crítica
Poesía goliárdica Poesía goliárdica
Poesía goliárdica
Un goliardo es una rebelión y esta es la temporada de las rebeliones dormidas. También de las rebeliones estériles. Pero sobre el goliardo pesa aún el mito del héroe y el clamor de la libertad en tiempos oscuros. Siglos XII y XIII en Francia, Alemania e Inglaterra fueron escenario de la floración goliardesca, donde los jóvenes vagabundos criticaban el poder y defendían una vida más licenciosa y plena de placeres, mientras se les identificaba con el mismísimo Goliat, imagen y semejanza del demonio.
Publicada por El Acantilado, la antología de Poesía goliárdica reúne el itinerario de jóvenes que, desde el mismísimo Concilio de Nicea, eran condenados por vivir en un trascender violento y fascinante: el cuerpo y el alma siguen cantando en rebelión contra las cadenas de un clérigo cada vez más secular en su espina, y celebrando la siempre húmeda y rozagante llegada de la primavera. No sólo aficionados al juego, la taberna y el placer carnal, también aficionados a la literatura, dotaron a los tiempos que vendrían de piezas invaluables como las conocidas Carmina Burana o canciones buranenses llamadas así por encontrarse en el monasterio bávaro de Benediktbeuern- cuyo manuscrito data del siglo XIII, de las cuales cuarenta y tres nos llegaron con notas musicales. La antología también recoge la colección Carmina Cantabrigiensia o canciones de Cambridge, del siglo XI, y las Carmina Rivipullensia o canciones rivipullenses, encontradas en el monasterio benedictino de Ripio, en Gerona.
Gaudamos igitur,
Iuvenes dum sumus.
Post iucundam iuventutem,
Post molestam senectutem
Nos habebit humus.
Ubi sunt qui ante nos
In mundo fuere?
Adeas ad inferos,
Transeas ad superos,
Hos si vis videre.
(Acompáñennos los gozos
Mientras podamos ser mozos.
Tras la alegre juventud,
Tras la amarga senectud,
De la tierra hemos de ser.
¿Donde están?, ¿adónde se fueron
aquellos que antes vivieron?
O bajarás al infierno
O irás al cielo supremo,
Si es que los deseas ver.)
Vigencia les sobra a estos versos. El amor, el sexo, el azar, el destino, el juego, el licor, siguen abarcando de polo a polo los recodos de la vida contemporánea. Con esta poesía, además, se revive el encanto por una lengua oscura y musical que parece despertar entre los muertos de la Edad Media: el latín. Lengua, por cierto, que carece cada vez más de gente que la imparta en las aulas de clases. La traducción de esta selección de El Acantilado la hace Miguel Requena y en VDLbooks del Sambil todavía quedaban cinco en el estante cuando me llevé mi ejemplar.
Por Enza García
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