Guía del lector
Reseñas y crítica
Música de Rockola Música de rockola
Música de Rockola
Corazón: órgano principal del aparato circulatorio. Un músculo hueco que actúa como una bomba, aspirando la sangre que circula por las venas e impulsándola hacia las arterias. La pieza indispensable para vivir. El que todo lo siente y, por ende, el que más sufre. Este libro, que nació de manera inconsciente como su propia autora Adriana Bertorelli Párraga lo explica, toca la melodía del corazón.
Viajar a través de Música de rockola es enfrentarse con la sinceridad a muy poca distancia. Con tan sólo hojear sus páginas puede palparse una ruptura, un desgarramiento. Pareciera que para escribir estos versos, el tener o al menos haber tenido el corazón roto (o hecho añicos, más bien) es condición obligatoria. En mi opinión, el encanto de los poemas de Bertorelli radica en su capacidad de expresar de liberar de su corazón sentimientos terribles, sin perder en ningún momento ese estilo que le permite mezclar el dolor con la diversión, y que resulta en versos tragicómicos. En la contraportada del libro puede leerse una impresión similar: Está presente la lectura de fruición, la que en el tema erótico y el amatorio se expone, muchas veces, como una simpática burla de ingenio (con algo de travesura lúdica), que es otro componente definitorio de su poesía que, a la vez, complementa y compensa su desgarramiento.
En el libro, el corazón es un objeto que ya no habita dentro del ser. Como si fuese un ente independiente que pudiera decidir qué hacer y qué sentir. Habla la autora: Estaba atravesando por un proceso muy doloroso y la única manera de entenderlo fue viéndolo desde afuera. Empecé a escribir sobre el corazón como un símbolo y al mismo tiempo, comencé a leer incluso libros médicos relacionados. A pesar de que no sabía con exactitud lo que buscaba, esa fue la única manera que encontré para poner orden. Una vez que se percató de que sus poemas tenían al principal órgano del cuerpo humano como leit motiv, las frases despertaron: Hay poemas que salieron de un tirón, a los que no les corregí nada. El del corazón en la caja de cartón surgió mientras estaba en la calle. Me tocó agarrar un cartoncito y ahí lo escribí. Fue como si me atacara.
Si pones un corazón al descuido,
si lo abandonas,
en una caja de cartón,
lisa, sin estampados,
en mitad de la carretera,
puedes correr
con la suerte infinita
de que un camión de frutas
que va a esa otra ciudad
le pase por encima
y lo extienda
uniformemente
sobre el asfalto.
Los poemas aquí presentes no tienen formas rígidas. Todos son distintos: cada uno posee su propio ritmo y extensión. Eso sí, el orden en que están dispuestos sí tiene un sentido. Bertorelli explica: Yo sabía cuáles poemas iban juntos, pero no sabía en qué orden; por eso los imprimí todos y los tiré al piso, en el suelo de mi cuarto. Allí, tomaron orden lógico. Los fui convirtiendo en una especie de cuento, en una historia cinematográfica. Entonces, en el libro hay tres divisiones a modo de capítulos:
I. Diástole
Movimiento de dilatación del corazón y las arterias, que ocurre cuando la sangre penetra en su cavidad. Se recoge y se ordena todo lo que se tiene guardado.
Quítateme de adentro.
Hazte
donde no duelas.
II. Corazón
El objeto independiente.
Lo colocas
sobre una lámina
de aluminio impoluto.
Lo sujetas con pinzas,
lo contemplas
y si se te desprenden los recuerdos,
juegas a ignorarlos.
Al cabo de un día
que puede parecer infinito,
le pones la mortaja
y lo dejas secar.
En unos cinco o seis amores
debería quedar
pulcramente desollado.
Y III. Sístole
Movimiento de contracción del corazón y de las arterias, para empujar la sangre que contienen. Que drena, que expulsa.
Si pudiera quemar
con un cigarrillo
el punto justo
donde te guardo,
quedaría un círculo casi perfecto
definido hacia los bordes,
cauterizado,
todavía tibio
y absolutamente vacío de ti.
Podría decirse que Música de rockola es una publicación muy femenina, y por eso, es fácil sentirme identificada. Sin embargo, sé que ha logrado conmover a más de un hombre, quizás porque les despierta su lado femenil o porque se sienten invadiendo un territorio secreto y desconocido. Quién sabe. En fin, hay una bella frase de Piedad Bonet, que acompaña a uno de los poemas: El amante es el que da las batallas; el amado, en cambio, pobrecito, no es más que un ser imaginario. Este libro, entonces, celebra la valentía de aquellos amantes que siguen luchando sin cansancio.
Para ubicarlo,
puede utilizar un detector de metales
o cerrar los ojos y escuchar de dónde viene el llanto.
Un corazón adolorido
siempre llora
con lágrimas tan espesas y pequeñas
que semejan diminutos habitantes desprendidos
de su propio cuerpo,
Para marcar el hallazgo
haga una equis con tinta indeleble.
Una vez encontrado, trate de calmarlo.
Háblele de asuntos superficiales
(no incluya temas esotéricos ni telenovelas),
háblele mal del gobierno. Improvise.
Si siente que el dolor disminuye,
permítale un compás de espera
y que él sólo sane su herida.
Ahora,
si encuentra que el dolor es intolerable
(créanos, nunca es demasiado,
un corazón siempre puede sufrir más),
tome un bisturí de punta de diamante
y haga una incisión donde puso la equis
y permítale la salida
a los gases azul añil
acumulados durante tantas noches
en la que usted miraba fijamente al techo
ahogándose en su propia pena.
Y si nada de esto realmente le aflige,
felicitaciones,
usted es uno de los pocos afortunados
que realmente ha nacido
sin corazón en el pecho.
Por Eulimar Núñez Socorro
| comentarios (2) >> |
escrito por Ari, febrero 12, 2008
Ya de por si queria leer el libro de Adriana, pero con esa descripcion que haces mas aun Euli. Un beso enorme a la autora del libro y a la de esta cronica.
escrito por Rafael Marsiglia, octubre 25, 2008
Definitivamente quiero leer este libro. Me han fadcinado estos poemas. Se siente muy buieno cuando uno los lee.
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