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A Héctor Manrique A Héctor Manrique
Algunas obras dirigidas por Héctor Manrique
Confesiones de mujeres de 30
Monólogos de la vagina
Final de partida
Al pie del Támesis
El teatro nos hará libres
Por Enza García (25 de noviembre de 2007)

Héctor Manrique compró un columpio para sus dos hijas. Parece que a diferencia de Samuel Beckett, Manrique cree que podemos llegar a significar algo.
El lugar:
Prendió el primer cigarrillo al que le seguirían otros tres durante la conversación. Nos sentamos frente al escenario de Final de Partida, en una sala que apenas alberga alrededor de cincuenta personas, quizás imitando lo acogedor de ciertos espacios, quizás invocando familiaridad. Manrique es un duro, no cesaron de repetirme durante toda la semana. Pero tuve la venia de hablar con un hombre de gran talento, ante todo generoso. De esos que le restan miseria al tiempo con su sola convicción. Existe algo verdadero, algo que nos retiene en esta comedia: algo sigue curso, y es que antes de extinguirnos, tendremos un momento con el corazón despierto.
Manrique lo sabe. Por eso sus dos hijas estaban allí. Y con un columpio esperándolas en casa.
¿Por qué el venezolano debe ir al teatro?
A mí me gustaría que fuera al teatro. Que quisiera ir al teatro. Me gustaría que en algún momento de su vida se convirtiera en una necesidad porque soy de los que considera que aquí se tiene la posibilidad de encontrarse con uno mismo. Pero yo no obligaría a nadie a ir. Por eso no creo que deba ir, sino que ojalá quisiera ir. Además, hay una cantidad de venezolanos que no puede ir al teatro y no por una cuestión de índole económica, sino porque esto está llegando a muy pocas partes, dado que es una actividad fundamentalmente de Caracas y de una zona de Caracas. Pero no es solamente una responsabilidad del hombre de este oficio, lo es también de una política de Estado. Lo esencial por lo que a mí me gustaría que la gente disfrutara de esto es porque ocupa el ámbito de lo revelador, porque además su tamaño es el tamaño del hombre. Es decir, tú estás aquí sentada en esta sala y vas a ver a unos actores en su dimensión exacta. En la televisión o en el cine esa es una dimensión que se engrandece o se empequeñece, pero el teatro tiene la dimensión exacta del hombre. Dramaturgo es una persona que para los griegos tenía un poder divino, porque era un creador de vida. Era una persona que estaba cerca de la categoría de los dioses, y la vida que creaba era en función del hombre. Por eso sigo creyendo que el teatro es el único arte que tiene tiempo y espacio, sucede en un tiempo y espacio determinado como es la vida de uno. La pintura tiene espacio, la música tiene tiempo. El teatro tiene ambos y los convierte en esa dimensión justa, categóricamente a nosotros. Si el teatro ha tenido a través de la historia una función reveladora del hombre, entonces sería interesante y celebratorio que la gente lo viera. Esa es la razón. Ahora el debe no. La gente debe hacer lo que le dé la gana.
¿Se deben usar las expresiones artísticas como un recurso ético?
Es una pregunta compleja. Yo no me considero un ejemplo ético pero el arte como expresión creativa social debe serlo. El arte debe tener responsabilidad y en ello está implícita la ética. Sí creo que el arte y el teatro hacen mejores seres humanos. Y ése es el sentido que el arte sigue teniendo para el hombre. Yo me pregunto muchas veces por este oficio que hago, un oficio de las minorías. Una obra de gran éxito, por ejemplo, la habrán visto trescientas mil personas
¿Cual sería?
Monólogos, No seré feliz pero tengo marido, Confesiones de mujeres de 30, obras que han sido muy exitosas, Brujas Pero estadísticamente las ha visto una minoría, porque un capítulo de telenovela que no ve nadie, lo ve más gente, un millón de personas por noche. Y nosotros pasamos años, todas las noches. Entonces yo me pregunto: ¿por qué este arte existe? Siempre hemos pensado que se va a morir y sigue. Y he llegado a entender que es un arte que se conecta con el imaginario personal, o sea, con los sueños más profundos. El teatro no te dice qué es lo que tienes que hacer. Te estimula a que hagas lo que necesitas hacer. No te dice que las mujeres de un metro noventa, de sesenta-noventa-sesenta, son las mujeres bellas. Te invita a que descubras la belleza que tú quieras. No es un arte masificador, por suerte. No te dice que comas en Mc Donald´s, te dice: come lo que sea rico para tu boca, así lo comas tú solo. Definitivamente es un arte que va a ese espacio profundo en cada uno de nosotros, donde nos conectamos con esos sueños, que nos son iguales: los tuyos a los míos. Y ese es el sentido que sigue teniendo que la gente venga a estas salitas para encontrarse consigo mismo.
Es conmovedor.
Sí
Siento que he perdido el tiempo. Y tiene que ver con lo que dijiste hace rato. Yo viví 18 años en Puerto
Claro, porque no ha habido una política de estímulo. Por ejemplo, Argentina tiene un movimiento teatral enorme, trescientos espectáculos los fines de semana y sólo en Buenos Aires. Londres, Nueva York, allí hay una política de estímulo enorme. Fíjate, anoche veía con mucha tristeza, alegría y tristeza, la inauguración del espacio de José Antonio Abreu y los niños. Por un lado celebraba, porque sé del esfuerzo del sistema, pero decía qué triste que en ocho años sea la única infraestructura cultural que se abre, y además se abre por iniciativa del Banco Interamericano de Desarrollo, no como una iniciativa del Estado para crear espacio para la contemplación del arte.
¿Y no te parece que el Estado se está robando un poco el éxito del sistema de orquestas?
Lo que pasa es que José Antonio es un hombre enormemente inteligente. Conoce el alcance del proyecto. Date cuenta que en su discurso de anoche no hacía otra cosa que alabar a sus muchachos, sus giras. Y el hecho de que se haya creado una Misión Música y que la dirija él me parece una garantía, porque entiendo para dónde va a ir. José Antonio es muy viejo y muy inteligente.
¿Dónde crees que está ahora José Ignacio Cabrujas?
Es difícil saberlo
Mi pregunta original era: ¿Crees que José Ignacio Cabrujas está en el cielo?, pero me pareció infantil
(Risas) Yo tuve la fortuna de conocer a José Ignacio, de trabajar con él y de honrarme de su amistad y su conversación. Son esas desapariciones que dejan un enorme vacío, a todos los niveles, pero en el mío más personal, y la única forma que he encontrado de tenerlo un poco cerca, de traerlo de donde esté, es, por ejemplo, haciendo el personaje de Pío Miranda
El más llorón, el que tú haces
Sí, el Pío llorón. Un Pío que me conmueve, un Pío muy mediocre, pero como creo que era Pío. Y sobre todo como debe ser el Pío de ahorita. Porque las obras y los personajes cambian, dependen de quién las monte y del momento histórico en que las hagas. Cuando José Ignacio estrena en el año 79 El día que me quieras, Pío Miranda era una especie de héroe. Aquel mediocre redomado era un héroe porque era un perdedor, y en ese momento de la historia de nuestro país un hombre de izquierda era un perdedor. Claro, en ese momento Fausto (Verdial) lo hacía con aquella maravillosa presencia que le salía heroico y aquel Pío correspondía a esa época. Pero en este momento en que los Pío conducen al país, nuestra visión tenía que ser la que arroja el texto de un hombre profundamente mediocre y terrible. De un hombre que tiene una novia durante diez años y nunca la ha tocado: ese es un canalla. ¿Cómo tú le vas a echar esa broma a una mujer, de tenerla diez años sin tocarla? Eso sólo lo hace un desquiciado. Pío es un perdedor, y lo dice, porque es un mentiroso. En su último monólogo antes de irse dice: Aquí está la palabra profética, la palabra que todos han estado esperando: mentí. Esa es mi gran verdad. En ese momento cuando lo veías, todos los perdedores se convertían en héroes. Pero ahora cuando muchos de esos personajes conducen al país, tienes que acentuar su mediocridad. Y esos son los llorones. Las cosas cambian, el tiempo las pone en otro contexto.
Dame un ejemplo de algo que sea verdadero.
Lo más verdadero que he conocido en mi vida, lo más palpable, son mis dos hijas. Una de ellas está por aquí y la otra viene en camino. Ellas son lo más verdadero que hay para mí. Lo más irrefutable. Porque además son tan de verdad, que todo lo que hacen me transforma. Es decir, cuando mis hijas se ríen, nunca he escuchado algo más hermoso. Y cuando mis hijas lloran, no hay cosa más terrible para mí. Cuando hace dos años a mi hija menor le cayó una teja en la frente y se la rompió, yo la vi, y reconozco que no hay un momento más terrible que ese. Entonces, todo en ellas es absolutamente cierto. Mira, allá está, ésa es la mayor
La hija mayor de Manrique se llama Maura. Al igual que Manuela -su hermanita-, gusta de acompañar a los actores durante el calentamiento. Se ponen a dar vueltas en el escenario, mientras ellos repasan sus líneas y corren, trayendo a Beckett un poco a la vida. Allí en el espacio sagrado en que un hombre se transforma en otros tantos, intentando comprenderse a sí mismo.
¿Qué piezas son fundamentales del teatro universal?
En el teatro venezolano, El día que me quieras, y La revolución de Isaac Chocrón son piezas fundamentales. Son piezas que impulsaron el teatro nuestro de una manera revolucionaria. Y que se entienda la palabra revolucionaria como cambio para mejorar. Piezas universales del siglo pasado: Esperando a Godot, La muerte de un viajante, Quién le teme a Virginia Woolf y Final de Partida. Los griegos son la madre de todos. Y cómo dejar por fuera al más grande poeta dramático que es William Shakespeare. Hamlet, Macbeth, y el Rey Lear, las piezas del poder, son maravillosas, inabarcables. Y cómo dejar de lado Romeo y Julieta, que sigue representándose en todas partes del mundo, porque en todas partes del mundo la gente se sigue enamorando, sin darse cuenta, que es como uno se debe enamorar. Además creo que todas estas piezas no han sido reveladas todavía, sólo por pedacitos. Son piezas monumentales y por eso siguen siendo obras fundamentales para los que hacemos este oficio. Y en las que soñamos y nos impulsamos. Porque actor que no sueñe con hacer Hamlet está en algún momento de su carrera condenado a la mediocridad. Si se le pasa eso, tiene Macbeth, para seguir soñando y creciendo. Y si se le pasa eso, que es como a los cincuenta años, todavía le queda el Rey Lear, que lo puedo hacer a los ochenta. Ahora, si no ha sido capaz de soñar esas obras, entonces tienes una carrera, como actor o director, signada por la mediocridad. Sueñas como el marino que busca las estrellas: nunca vas a llegar allá, pero vas a llegar lejos. Yo soñé toda mi vida con hacer Hamlet. No lo he hecho, pero aún lo puedo hacer. Y desde los diecisiete años he querido hacer Vladimiro, de Esperando a Godot, no lo hice pero la dirigí. Hay que soñar, sin duda. Final de partida también quise actuarla, pero ya ves, la estoy dirigiendo.
¿El mal es la privación del bien o existe como algo concreto?
El mal existe en todos. Hay un texto de Ricardo III en que él dice: Yo he hecho todo lo que hace un hombre. Quien haga más, ya no lo es. O sea, en un hombre habita todo, lo bueno y lo malo. Y dependerá de su cultura, qué de eso tiene más valor. Es decir, si entendemos la cultura, no sólo como las bellas artes, que son parte fundamental, sino como el muro de contención ético del hombre. Ese que me hace reconocer a mí, por ejemplo, que no te puedo dar dos cachetadas si me haces una pregunta que no me gusta. Mi cultura es la que me va a permitir respetar, porque el mal igual está en mí, con la misma fuerza del bien, porque soy un hombre. ¿Qué de cosas no le pasan a uno por la cabeza todos los días? ¿Quién no ha deseado matar a otro? Dependerá de tu cultura si lo haces o no. Pero hay quienes han deseado matar a otro por un problema de tráfico, porque un motorizado se les atravesó. ¿Cuántas mentadas de madre absolutamente orgánicas no ha lanzado uno por algo como eso? Por eso, cuando nos quieren imponer estos reyes buenos, yo no me lo creo. Un rey se comporta como un ser humano y manda a callar a otro. Entonces tú dices: ¿Y por qué el rey hizo eso? Porque es un hombre. Porque está vivo y tiene impulso. Entonces por qué juzgarlo. Pero debemos estar alerta, y la mayor fuente para estar alerta es la cultura, la comprensión.
¿Qué obra literaria que no sea del género dramático te gustaría montar?
Hay una, que es de esas obras inabarcables: El Quijote, siempre he pensado que es una de esas obras de las que uno puede tomar mucho y hacer un espectáculo. Sobre todo con ese personaje tan extraordinario. Cien años de soledad es una de esas novelas que tiene un espacio para la teatralidad porque es mágica, absolutamente estimulante. Cuando tú la lees, tu cabeza estalla y se te llena de imágenes y eso creo que es un fundamento del teatro.
Sí, Macondo es mágico.
Macondo es mágico, sin duda.
Y la última pregunta
Cómo no.
¿Qué nos dice Final de Partida en este momento?
Lo primero a lo que nos alienta es como lo dice uno de sus personajes: viejo final de partida perdida. Es decir, la vida es un juego, una partida, en la que además estamos condenados a perder, quieras o no. Lo que más nítidamente dice es que por más poder que tengas, por más déspota que seas, por más bello que seas, el hombre es igual uno a otro, por su tránsito en la vida y debe ser responsable de cómo lleva cada uno de sus pasos, entendiendo que el sinsentido de la vida está en comprender que un día no vas a estar. Tú ves a la gente en la calle, caminado, y creo que nunca piensan o muy pocas veces piensan que un día no van a estar, que vivimos irresponsablemente, como si fuéramos eternos y es lo que nos hace en muchos aspectos vincularnos con nuestros semejantes con tal suma de desamor. Este espacio que tú ves, en esta escenografía que diseñé yo, están dos padres, el hijo, paralítico y ciego, y el criado, cuya mayor desdicha es no poder sentarse. Entonces tienes una obra profundamente apocalíptica, donde Beckett se planteaba que a esto es a lo que llegaremos si seguimos maltratando a los otros y si además seguimos maltratando el planeta en que vivimos. Claro, de eso no se hablaba en los años cincuenta, pero esta obra se cocinó al calor de uno de los hechos más terribles de la historia de la humanidad, que es que el pueblo de Kant, de Beethoven, o sea, el que se consideraba el pueblo más inteligente, se hubiese dado a la tarea de exterminar a otro pueblo. Un hombre como Beckett entonces se preguntaba qué es el hombre si somos capaces de acabar con nosotros, si hasta los más inteligentes fueron capaces de hacer algo así. Esta obra se cocinó con esas interrogantes. En este momento cuando estamos hablando de la destrucción del planeta, la descongelación de los polos, el calentamiento global, tenemos una obra con cuatro tipos que nos dicen: Señores, somos responsables de lo que nos pase si no somos capaces de hacer algo para cambiarlo. Si nosotros no entendemos que en los cerros que rodean a Caracas hay mucha gente que nunca ha bajado de allí, que no conoce lo que para ti o para mí es muy normal, como tomar el metro de Caracas, si no somos capaces de entender el desamor que acompaña a nuestros semejantes, entonces estamos condenados a un final de partida. Es horrible. Cuando ves a un país inmensamente rico y tienes que hacer una cola inmensa por una latica de leche. ¿Qué vaina es esa?
Hace más de un mes que no consigo.
Y todos estamos así. El otro día me vi absolutamente convertido en una cosa animal porque estaba haciendo mercado. De repente dijeron: Hay leche, salí corriendo y agarré dos cajas. ¡Dos cajas! Una señora llegó, me quiso quitar una y por poco no me la comí, en un acto salvaje y animal. Y yo no tomo leche, pero pensaba en mis hijas. Entonces tú dices: Nos vamos a terminar matando. Es muy fuerte. Estamos condenados a un final de partida si no cambiamos esto. Lo que pasa es que de eso nadie quiere hablar, porque nos creemos eternos. Pero no los somos. Y si lo entendiéramos seríamos más generosos.
Vi Final de Partida luego de entrevistar a Manrique. Salí triste y enojada de la sala. Enojada con la vida, triste después de la belleza. Pero recordé que luego de hablar con él y antes de la función, me atreví a pedirle que hiciera algo por mí. Así quiero cerrar esta última conversación del año: Manrique lee a Fabio Morábito.
Algunas imágenes durante el calentamiento de los actores de Final de Partida

Melissa Wolf y Juan Vicente Pérez

Maura Manrique

Daniel Rodríguez
| comentarios (5) >> |
escrito por Jesse, marzo 17, 2008
Muy buena la entrevista, me gustó mucho eso de que la cultura es el muro de contensión etico del hombre, que le hace estar alerta y ser capaz de comprender al otro. Yo vi la obra en diciembre y quedé impactado. Luego de ver el video del poema del columpio puse una entrevista de Globovisión al autor que salía ahi en Youtube. Es en parte un reclamo muy serio y preciso que hace Hector Manrique sobre lo que el ve en el ambito cultural en Venezuela.
Lo recomiendo:
http://es.youtube.com/watch?v=oRl_oJNOVYs&feature=related
escrito por Adrian, diciembre 10, 2008
Me encantó esta entrevista. Inteligente y sensible. Manrique, es de las personas más inteligentes que tiene el medio cultural y de los más valientes tambien.
Gracias.
escrito por berta villanueva, enero 12, 2009
Soy argentina.encontre en youtube algo sobre la puesta de final de partida y me conmovi. alguien puede decirme como obtener mas informacion acerca del grupo. gracias
escrito por maria alejandro rodriguez, noviembre 05, 2009
Hector, hoy vi una entevista a ti en Globovision.Me sorprendió tu ingenuidad y tu incapcidad política para enftentar un régimen como este.Hector, por favor, la gente culta roba también los dinero.Kiddio España ha robado los dineros del estado. Sólo pregúntate por qué en Barcelona no hay un actor, un dramaturgo, un director de relevo. Ese festival no ha producido una generación de relevo. Kiddio es uno de los hombres mas rico de oriente, Héctor. Sabes porqué nadie fue a apoyar a Carmen Ramia en la defendsa del Ateneo ?... El Ateneo de Caracas usufructúo el 80 por ciento del presupuesto de la cultura nacional por muchas décadas. Promovió élites talentosas, pero a costa de exclusión. Yo no quiero este gobierno, pero no se le puede combatir con posturas ingenuas y menos cómplice de desmnanes pasados...
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