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Escrituras
La Nana C-6, de Mario Morenza
La Nana C-6
Cuento perteneciente al libro La senda de los diálogos perdidos.
Ganador del primer lugar en el Concurso de Narrativa de
Por Mario Morenza
La fila era una serpiente que reposaba en la acera. Veinte personas. Veinte esperanzas. Vidas aplazadas o con fecha de caducidad. Veinte personas que no habían ido al baño desde el día anterior y que se habían almorzado un menú explosivo que iba desde arepas rellenas de caraotas y aguacate con su respectiva Fresca Chica, hasta arepas rellenas de queso de telita con su respectivo batido de cambur. Cada persona con un morralito o cartera, dependiendo del género y, seguramente, dentro de ese morralito o cartera, un rollo de papel toilet, como bien lo dijo
Todos pensaban que en Bloque 4 había ocurrido de todo, hasta que brotó este epicentro del show-mediático-religioso.
Una epidemia de fe.
Comenzó como rumor, como comienzan todas las noticias sobre milagros. El rumor es el embrión del amarillismo. Lo que engendra el morbo y, luego, pasa a leyenda urbana si corre con suerte. Las noticias también tienen fecha de caducidad. Si son amarillas es muy probable que la atención en ellas sea efímera. A las tres semanas, dos camiones de televisoras europeas en el estacionamiento, emisoras de radio, reporteros centroamericanos y de otra televisora mayamera, hacían picnic periodístico. Miles de cartas pronto llegarían a manos de Juan Pablo II y todo su séquito. Una visita del Papa a Bloque 4 coronaría este hecho y lo elevaría a los reportes anuales del Vaticano. La administración de condominio apartó un lugar en el estacionamiento, adaptado a las dimensiones del papamóvil.
Por los momentos, se trataba de un hecho apócrifo, al margen de la fe. El cura de
Su sobrino padecía sarampión. Según la hermana de
La lista de milagros es larga. El promedio de curaciones del inodoro fue casi perfecto. Lo más común, eran infecciones en niños. Niños que orinaban sangre dejaron de hacerlo. Niños que se desmayaban de la nada empezaron a destacarse en Educación Física. Niños desnutridos, de pronto parecían prospectos para levantar pesas dentro de tres olimpiadas. Un caso que sorprendió al mundo periodístico venezolano, le ocurrió a un conductor de autobuses que había perdido su brazo izquierdo en un accidente. Apenas hizo sus necesidades y, con dificultad, manipulaba su rollo de papel toilet, sintió un calambre inhumano en el muñón del brazo amputado. Desde la piel replegada surgió la carne de un nuevo brazo a pesar que el chófer había ido al inodoro para mejorar su vista, apagada en los últimos meses por una cataratas. A pesar de que muchos especulan sobre personas que han recuperado la vista, en realidad, no se reportó ningún caso de curaciones oculares. Ciertamente, la gente que buscaba una salida para recuperar su visión o mejorarla, conseguía un milagro inesperado como el del chófer. También, el inodoro curaba vicios, los amputaba de las zonas cerebrales que se subyugaban a esas debilidades. También curaba conciencias. Individuos seriamente desadaptados de la sociedad iban, bajaban la palanca y se convertían en hombres nuevos. Cuando se comprobó la factibilidad de esto, retenes de todo el país trasladaron a los reclusos que merecían una oportunidad.
Entre los casos más conmovedores, se encuentra el de la madre de seis niños. Una mujer de unos treinta y cinco años, desahuciada por un tumor y con un rostro tan pálido que se fusionaba con el blanco de los ojos. Apenas salió, le dio leche de su regazo al más pequeño de sus hijos, una leche blanquita, como de recién parida y ni siquiera gestaba desde hace dos años. Otra historia que conmovió al mundo fue la del panadero con enfisema pulmonar que, al curarse, juró ante el mundo, por sus hijos y por su inmejorable pan de centeno, que no volvería a fumar. Todo fue éxito milagroso. Solamente se reportó un caso, el de un obrero estítico que recurrió al inodoro milagroso con el fin de aliviar sus dolencias intestinales, pero terminó muriendo, irremisiblemente, por un ataque de peritonitis.
El marido de
Años de amores clandestinos se disiparon. Las manos de
Estrenarse en el ron tuvo consecuencias más graves que su estreno con el champagne que bebía de noche en noche con el hijo del dueño de la hacienda. Ambos fueron descubiertos, con las manos y sus cuerpos en la paja del establo, y despedidos. Con el dinero de la generosa liquidación compraron el apartamento C-6 de Bloque 4. Con el tiempo, la concepción de la gravedad del hecho pasó a ser una bendición. Y cómo son las cosas, el hijo del dueño de la hacienda hizo todo lo posible para contactarla luego de cincuenta años y lo logró. Éste se enteró de la historia que protagonizaba
Ambos formaron parte de un show televisivo paralelo al de los milagros. Los productores que cubrían el evento consintieron que el espectáculo debía aliñarse con un break de lágrimas y dramatismo cortesía de los encuentros de personas con años sin verse, pues, realmente, la audiencia ya presentaba signos de agotamiento por la formulita: enfermo hace la cola + la entrevista + esperanzas de rigor + entra al baño con enfermedad rara o incurable + hace uso del inodoro + sale curado + nueva vida.
En el estacionamiento se instaló una pantalla gigantesca, y se adaptó a uno de los transmisores vía satélite que ya estaban aparcados allí desde semanas. A
Después de esta transmisión, comenzaron las desgracias. Al cura de
Dos semanas más tarde, cuando había más cantidad de personas ilusionadas por un milagro, el taladro gigante que excavaba el túnel por el que pasaría el Metro, rozó con la tubería principal que suministraba el agua desde
Al mes, ya nadie se acordaba del inodoro.
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