Homero, Ilíada
- Alessandro Baricco (Italia)
- Anagrama
- 2005
- Traducción de Xavier González Rovira
Otras obras del autor
- Tierras de cristal (novela)
- Océano mar (novela)
- Seda (novela)
- City (novela)
- Novecento (monólogo)
- Sin sangre (novela)
Relectura de la Guerra de Troya
En el prólogo de este libro, el escritor italiano explica que hace unos años pensó que sería hermoso leer en público
la Ilíada
de Homero. Cuando supo que se requerían más de 40 horas y unos oyentes con la paciencia de Job para tolerar semejante maratón de lectura, decidió, más que simplificar, intervenir la obra. Así, eligió una traducción en prosa de Maria Grazia Ciani y luego le hizo una serie de cambios sacrílegos para algunos puristas, que renovaron y vigorizaron, sin desvirtuar su esencia, el clásico de la literatura griega. Baricco se despachó a los dioses (por considerar que sus apariciones en la historia son las partes más ajenas a la sensibilidad del lector moderno), le imprimió al discurso una musicalidad cercana a nuestra época, sustituyó el narrador omnisciente por múltiples voces en primera persona de modo que la Guerra de Troya es contada desde la óptica de sus protagonistas: Aquiles, Agamenón, Helena, Néstor, Andrómaca, Ulises, Patroclo, Príamo y hasta el río Escamandro, entre otros y, por último, le hizo algunas adiciones al texto original; la más llamativa: el monólogo final del aedo Demódoco. El resultado de esta arriesgada versión literaria: un libro de 187 páginas cuya lectura pública en Italia congregó a más de 10.000 personas (pagando) y que fue trasmitida por la radio con todo éxito. De esta manera, el autor de Seda y City no sólo le rindió un bello homenaje a
la Ilíada
, sino que recuperó, con osadía de narrador curtido, el temple épico de los cantos homéricos para el lector contemporáneo. La obra termina con un ensayo de Baricco, a modo de apostilla sobre la estética de la guerra, en el que señala que la Ilíada tal vez sugiere que ningún pacifismo, hoy en día, puede negar la belleza bélica. "Por ello, la tarea de un pacifismo verdadero tendría que ser hoy no tanto demonizar hasta el exceso la guerra, sino comprender que sólo cuando seamos capaces de otra belleza podremos prescindir de la que la guerra, desde siempre, nos ofrece. Construir otra belleza es tal vez el único camino hacia una auténtica paz".
Por Luis Yslas