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Nombre de pila: Venezuela Heroica

Mención de honor en el Premio Nacional de Literatura Solar 2007 (Narrativa)

Por Ramón Colmenares

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Macario López frunció el ceño. Alzó la vista y por un momento dejó de escribir. Se acomodó los pesados lentes de carey y finalmente miró a su interlocutor. En sus largos años de rutina como funcionario de la Notaría Registradora Municipal nunca escuchó nada semejante. Por eso con un dejo de sorpresa en sus cansados ojos, solicitó que le repitiera el nombre a registrar.

–Venezuela Heroica Pereira–, le respondió sin vacilación el hombre vestido de gris pálido que estaba frente a él, mientras que una mujer de aspecto humilde y temeroso asentía con la cabeza a cada palabra que pronunciaba el marido.

Macario escrutó a la pareja. Miró al hombre de arriba abajo como buscando una respuesta; a la mujer, apenas si le dirigió la vista. Pero se fijó en la niña que tenía en sus brazos, no pasaba de seis meses de nacida. Buscó entre sus papeles alguna referencia de los registros y les ofreció una lista de nombres posibles para la niña. No resultó. El padre de la niña sólo quería terminar con el trámite y marcharse a su casa. La mujer bajó la miraba y consintió el acto. Macario insistió y le mostró un almanaque de “Rojas hermanos” que tenía una descripción de los días con sus correspondientes santos. El hombrecillo ni siquiera se molestó en mirarlo. Preguntó por el final del trámite y colocó sobre la mesa dos estampillas y un papel sellado. Dando por concluido el asunto, preguntó por la fecha de entrega y se marchó, con la mujer caminando detrás de él, cargando la niña y un bolso. Al llegar a la puerta Macario le abordó nuevamente.

–Le agradezco a usted caballero que no se moleste, no quiero parecer entrometido ni es mi intención incomodarlo, pero me ayudaría mucho en mi trabajo saber el porqué de ese nombre. Si usted me hiciera el favor…

El hombre de gris, con semblante pálido como su traje, lo miró impasible y Macario se turbó un poco, el hombre se detuvo, le dijo a la mujer que esperara afuera y se volvió hacia Macario para decirle.

–La palabra de un hombre es sagrada, es su vida y es la que hablará por él cuando no esté–. Macario lo miraba sin entender nada y el hombre continuó-.

–El nombre de mi hija es una promesa, un ofrecimiento que le hice en vida a Maíta, y se lo debemos a un libro, que en mala hora vino a leer después de vieja.

Una pausa se interpuso entre ellos, el hombrecillo se acomodó el sombrero Panamá en sus manos y encendió un cigarrillo. Para no perder el hilo de la conversación Macario le inquirió.

–¿Un libro?... ¿Qué libro es ese?

Venezuela Heroica– contestó lacónico el padre de la niña.

–¡Venezuela Heroica!– repitió asombrado Macario López, que confirmaba su apreciación inicial de no haber escuchado nada semejante en sus más de veinte años en la Notaría Registradora. –¿La novela de Eduardo Blanco?– preguntó entre fascinado y sorprendido.

–Bueno, no sé si será de él o de otro, a mí me corresponde pagar la promesa, no leer el bendito libro.

–Pero, disculpe señor –insistió Macario–, ¿por qué el nombre del libro y no de algún personaje de la novela?

–Bueno, esto va a ser largo de contar, pero empezaré por usted. Resulta que cuando Matilde iba a dar a luz, yo le anoté el nombre clarito en letra de molde y remarcada para que no se le olvidara, y ella me dijo que se lo había aprendido de memoria. Pero pasó que en la paridera ella botó el papelito y no se acordó de nada, solamente del nombre del libro ése y como usted podrá comprender, promesas son promesas.

El augusto hombrecillo no habló más, se sacudió unas cenizas de la solapa desgastada y caminó rumbo a la salida sin volver la vista hacia el perplejo Macario, quien con un almanaque de papel periódico en una mano y en la otra un libro de nombres y santos ni siquiera atinó a despedirse.

Venezuela Heroica creció como una niña casi normal, lo poco común fueron los cientos, las miles de veces que tuvo el padre que explicar las razones de ese nombre y los miles de silencios sumisos de la madre que siempre asentía. Una vez su hermano Hernán entre cervezas y cervezas le puso un disco y le señaló el nombre de la cantante; Tania Libertad y le dijo que así debería llamarse a la niña pues, si de gestas épicas se trata, Tania era el nombre de una revolucionaria famosa y de libertad, que le preguntara a cualquier francés que ellos sabían mucho de eso. Con ello, alegó, mantendría la majestuosidad del nombre, pero sin esa chocante rimbombancia.

Cuando Venezuela Heroica comenzó su escolaridad, fue el centro de las burlas de los niños que no podían comprender cómo alguien podía llamarse de ese modo, y transcurrió toda su primaria sin amigos y dando explicaciones que no venían al caso. En la secundaria la situación no fue mejor; las muchachas la evitaban y los muchachos ni siquiera la miraban, hacían bromas de su nombre y con esa crueldad propia de la edad, se burlaban de ella en su cara, nadie quería ser su amigo. Comía sola y vagaba por la escuela buscando un escape a su estigma. Pensó muchas veces si en realidad valía la pena vivir, pero también le temía a esa posibilidad desconocida llamada muerte.

Una vez tomó un frasco de destapador de cañerías, leyó en su envase “altamente venenoso” y escrupulosamente vertió su contenido en un vaso de vidrio. Ya en su habitación, decidió lo que haría: tomaría el contenido del vaso y se acostaría a esperar el final. Se llevó el vaso a la boca pero el olor a amoníaco le impidió beber su contenido. Botó el líquido en el desagüe de la ducha de su cuarto y se acostó en el piso, en el que lloró hasta sentir que no era posible que brotaran más lágrimas. Ya próxima a cumplir sus primeros quince años de martirio, se rebeló contra su nombre y juró que más nunca lo pronunciaría. Y al igual que su padre, honró la promesa. Se encerró en su cuarto y con un afilado cuchillo, se cortó la lengua de un solo tajo. El grito de desesperación que salió de su garganta obligó al hombre que siempre impuso su autoridad en casa, a abandonar su  eterna parsimonia y correr con desespero a derribar la puerta antes de enfilarse con su hija hasta el hospital más cercano.

Arrastrando la desgracia de su nombre se sumaba su obligada mudez, lo que convirtió a Venezuela Heroica en el objeto de todo tipo de comentarios y cuentos en los alrededores. De todas partes del país escribían cartas y mandaban recomendaciones para cambiarle el nombre a la ahora joven. Abogados, entendidos y curiosos se ofrecían para hacerles los trámites ante el registro y algunos hasta para demandar a los padres por tal afrenta.

Hasta en las emisoras radiales se hicieron debates en pro y en contra de los derechos de Venezuela Heroica, quien sólo pedía en medio de sus desgracias, un poco de paz para poder vivir. Hasta Macario López le ofreció a ella la posibilidad –sin costo alguno– de cambiarle el nombre, pero su padre alegó que mientas ella fuese menor de edad, él sería fiel a la memoria de “Maíta” y que por favor no insistiera.

Venezuela Heroica no conoció la risa, el amor,  ni la alegría de vivir. Se encerró en su cuarto y a pesar de los intentos desesperados de la madre, se negó a probar bocado. Con el pasar del tiempo se fue reduciendo a la nada hasta quedar convertida en un despojo humano. El día que falleció, ya tenía años de muerta y sólo Macario López, el del registro, al momento de expedir su acta defunción tuvo un comentario para sus adentros: “A ella, nadie la mató, lo único que pasó es que la pobre no pudo sobrevivir, a la gloria de su nombre”.           

  

comentarios (5) >> feed
venezuela heroica
escrito por leonardo sulabarn, febrero 08, 2008

Que historia tan bonita gracias por ese comentario me gustaria saber mas el porque de ese comentario. He leido el libro y me ha hecho llorar en cada una de sus batallas, yo tambien tengo una analogia; pero sobre el libertador, y entre muchos de sus letargo y que en la profundida de sus sueños, vio el futuro y a un hombre de estos tiempo que le ayudo a comprender lo grande de su azaña y su tierra. VENEZUELA...

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escrito por Carmen1, enero 30, 2009

Interesante historia e interesante tu vision y perspectiva, gracias.

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escrito por Hornillo, abril 07, 2009

¿Ah? ¿esto es un cuento? ¿mención de qué?


...
escrito por juana, noviembre 17, 2009

Esta buena la informacion

Nombre de pila: Venezuela Heroica
escrito por estefany, noviembre 20, 2009

Excelente web

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