Guía del lector
Reseñas y crítica
De la urbe para el orbe De la urbe para el orbe
De la urbe para el orbe
- Nueva narrativa urbana venezolana. Selección y compilación: Ana Teresa Torres y Héctor Torres
- Editorial Alfadil
- 2006
Caleidoscópica Caracas
A la memoria de mi querida tía Sari, quien me enseñó que la excelencia académica y la dedicación al trabajo son virtudes que no admiten excusas o postergaciones de ningún tipo
Entre el 22 y el 26 de mayo de 2006, se celebró la Primera Semana de la Nueva Narrativa Urbana, un evento auspiciado por la Fundación Chacao y por Pen Venezuela, con el propósito de promover la obra de quince novísimos escritores. Ana Teresa Torres, escritora venezolana de amplísima trayectoria, y Héctor Torres, narrador venezolano, editor del sitio web Ficción Breve Venezolana, fueron los encargados de organizar y coordinar este evento. Durante cinco jornadas, Caracas se dio cita en el Centro Cultural Chacao para escuchar la lectura de los cuentos de estos autores. Finalmente, al término de esta semana, como acto de clausura, la Editorial Alfadil presentó el libro De la urbe para el orbe. Nueva narrativa urbana (2006), el cual reúne los quince cuentos leídos en este evento.
Los autores contenidos en esta antología tienen características muy diversas. Si bien algunos sorprenden por su juventud (como es el caso de Enza García Arreaza, quien para el momento de la publicación del libro sólo contaba con 19 años), otros ya no lo eran tanto (como Javier Miranda-Luque o Krina Ber, de 47 y 58 años, respectivamente). Tampoco la inexperiencia es común a todos los autores, ya que varios de ellos habían publicado libros previamente, colaborado en revistas y publicaciones periódicas o editado en medios cibernéticos literarios. La diversidad llega a niveles sorprendentes en lo que se refiere a temática, ya que los escritores han explorado una gran variedad de tópicos en sus cuentos. Cabe preguntarse entonces: ¿qué elemento común une a todos estos autores para poderlos reunir en una sola antología?
El nombre del evento que dio origen a este libro, así como el título del mismo son de por sí una clave para dar respuesta a esta pregunta, ya que indican que estos cuentos forman parte del género de narrativa urbana. Sin embargo, es poco lo que se ha escrito a nivel teórico sobre este género, por lo que es aún difícil determinar si los relatos en De la urbe para el orbe cumplen todos con las características que debe tener una narración de este género. En este sentido, este trabajo hará un breve esbozo del concepto teórico de narrativa urbana, tras lo cual se identificarán los elementos pertenecientes a este género que se encuentran en los cuentos del libro.
1. Sobre narrativa urbana
Según John J. Junieles (2005) quizás la mejor manera de acercarse a la definición de narrativa urbana es utilizando la intuición con que está dotado cada lector. El motivo para esto es que el concepto de este género varía según la escuela que estudie el fenómeno y cada teórico imprime a la noción de narrativa urbana sus preferencias particulares.
Antes de analizar el concepto de literatura urbana, es necesario revisar el rol que juega la ciudad dentro de la literatura. Se debe tomar en cuenta que todo texto se nutre del vasto locutorio de la sociedad, y a partir de éste crea formas con las que dialoga (Bajtin, 1991, citado por Junieles, 2005). A partir de este concepto se puede afirmar que la literatura urbana se nutre en gran medida del pulso de la ciudad, de los problemas que aquejan a los que en ella habitan y del imaginario que la conforma. Por su parte, la urbe como topos es un espacio imaginado, escrito, con un nombre o sencillamente en su vocablo de ciudad. Por efecto de la mimesis, sustituye una percepción del mundo. En los textos es el espacio literario que se une indisociablemente a la sucesión de las acciones" (Delprat, 1999, citado por Junieles, 2005). En este sentido, la ciudad más que el ambiente específico en que se desarrollan las acciones representa el universo entero en el imaginario de los personajes, convirtiéndose así en partícipe de la historia narrada. Por este motivo, la narrativa urbana se enfoca en mostrar las relaciones indisolubles entre la ciudad y quienes habitan en este espacio. Esta es una relación que se lleva intrincada en lo más profundo de las venas. La ciudad con sus calles, avenidas, centros comerciales y sus zonas marginales, le marca el ritmo al sujeto que la habita, le propone distintas formas de ver el mundo, de acercarse a ella para que trate de entenderla y vivirla (Junieles, 2005).
Los autores de De la urbe para el orbe presentan distintas formas de ver al mundo a partir del ritmo que les marca la ciudad. Sus acercamientos son variados y exploran diversos tópicos de lo que sienten como urbe, permitiendo una intervención mayor o menor del espacio en el que operan. La ciudad es, en algunos cuentos, un testigo silencioso, un confidente de lo narrado. En otros, es la protagonista que manipula las acciones de los personajes a su antojo.
2. La sombra de la ciudad
En cada una de las narraciones que están en el libro De la urbe para el orbe aparece el tema de la ciudad. Sin embargo, cada autor ha decidido darle a la urbe una interpretación distinta, así como un nivel de protagonismo diferente. En algunos de estos cuentos la ciudad aparece tan sólo como una sombra sobre lo que acontece en la historia. Su participación, aunque existente, es secundaria, y se encuentra tan sólo dibujada en temas comunes a sus habitantes y no como un topos que interviene en la historia, ayudando u obstaculizando a los personajes. En esta categoría se pueden mencionar cuentos como Amalia, de Jorge Gómez Jiménez; Virginia y tú, de Jesús Nieves Montero; El round del ascensor, de Fedosy Santaella; Ulan Bator, de Pedro Enrique Rodríguez; (abs)tracto bilingüe, de Javier Miranda-Luque; Aguas perdidas, aguas encontradas, de Roberto Martínez Bachrich y Cinamon Roll, de María Ángeles Octavio. Por razones de tiempo y espacio, sólo se expondrán los elementos presentes en estos tres últimos cuentos.
El primer ejemplo de este nivel de participación de la urbe es el cuento (abs)tracto bilingüe, de Javier Miranda-Luque, relato que se ambienta en Florida, Estados Unidos. A pesar de no ocurrir en Caracas, este relato sigue llevando una impronta caraqueña en cuanto a su temática, pues el tema de la emigración ilegal es familiar a todos los que habitan en esta ciudad. El sitio web MeQuieroIr.com describe que el censo estadounidense del año 2000 registra oficialmente más de 91.000 venezolanos en suelo americano y se calcula que esa cifra podría haber aumentado a más de 200.000 venezolanos en Estados Unidos en los últimos años. En consecuencia, el tema de la emigración es del dominio público para los habitantes urbanos de Venezuela. El mudarse a otro país implica sentimientos encontrados para quien emigra: el nuevo país promete, a cambio de olvidar todo aquello a lo que se está acostumbrado, las cosas que siempre se han deseado como ser humano, como son estabilidad económica, seguridad, crecimiento personal, etc. Si bien la incertidumbre sobre lo que se va a encontrar en la nueva nación suele causar gran angustia en los inmigrantes, ésta no parece causar estragos al personaje del relato de Miranda-Luque. Renuncio a las arepas, al ron, a los cigarros criollos y al oso. Que se pudran en el microwave las hallacas de mi mamá. En esta frase se puede resumir la impronta citadina venezolana que lleva el cuento de Miranda-Luque: hace mención a elementos que definen la cultura venezolana y que son añorados por los emigrantes durante años. El desinterés del personaje, sin embargo, muestra una nueva característica del emigrante venezolano: la razón de su diáspora obedece a la falta de oportunidades de crecimiento y, por tanto, el emigrante se prohíbe a sí mismo voltear atrás.
Otro ejemplo en el que la ciudad aparece apenas como una sombra dentro de la temática del relato es el cuento Aguas perdidas, aguas encontradas de Roberto Martínez Bachrich. La acción de este cuento se sitúa en las playas de Choroní, destino común para interrumpir la rutina del ajetreo citadino. El protagonista de la historia ha viajado a Choroní para buscar paz y poder olvidar una mala relación, así como la insoportable cotidianidad de la ciudad. Sin embargo, en la efímera ciudad que erigen las carpas surge Luisana, un personaje que perturbará su paz. En este relato se ve reflejado el tema del desenfreno típico de los asuetos: la sociedad reprime a los habitantes de la ciudad con los lazos del trabajo, la familia, las necesidades de consumo y el respeto a las leyes. Éstos, al reincorporarse a la vida bucólica, lejos de la represión de la civilización se abandonan a sus antojos más primitivos. Así, se establece una micro-sociedad litoral en la que sus habitantes no buscan sacar provecho económico de las carencias de quienes comparten su espacio; el sexo, el alcohol y las drogas circulan con toda libertad, sin miradas reprobatorias y la diversión era una garantía. En este sentido, Roberto Martínez Bachrich presenta la ciudad mostrando la anti-ciudad: el contraste entre el espacio rural y el espacio urbano sirve para exponer al lector aquellos elementos de que se ven privados los habitantes citadinos (elementos que circulan en la clandestinidad y en el secreto) al estar bajo la lupa recriminadora de una sociedad que a cambio le garantiza la cobertura de sus necesidades básicas, así como toda la frivolidad que el consumismo pueda ofrecer.
También en Cinamon Roll, el relato de María Ángeles Octavio la ciudad aparece delineada en la temática. En este caso, el cuento refiere la historia de una mujer que, al hacerse aprendiz de panadera, descubre un sensual mundo de olores, sabores y texturas. Al mismo tiempo, la protagonista de esta historia descubre también el oscuro secreto en que está involucrado su jefe y mentor: un asesino en serie que escoge como víctimas a mujeres blancas y flexibles, como las masas que moldea en su panadería, cuyos cuerpos espolvorea con canela y dobla hasta convertirlas en cinnamon rolls humanos. En este relato hay una marca más evidente de la presencia de la ciudad en el imaginario de la autora: la panadería a la cual se hace referencia queda ubicada en la tercera avenida, entre cuarta y quinta transversal de Los Palos Grandes. Asimismo, la temática del cuento es totalmente urbana: una serie de crímenes cometidos por un personaje que obra amparado por la ineficiencia del sistema policial caraqueño y por el anonimato que brindan las mudanzas del interior del país a la capital. Aparece también la referencia a dos grupos de inmigrantes que habitan en Caracas y a sus estereotipos específicos: Arlindo es un inmigrante portugués que regenta una panadería, es un hombre trabajador y de costumbres privadas; Giorgio, por su parte, es hijo de inmigrantes italianos, sobreprotector, celoso y dominante. María Ángeles Octavio construye un relato extraordinario, sin lugares comunes ni frases hechas, que paradójicamente se alimenta de los estereotipos caraqueños. Una mujer busca en su trabajo un escape de su relación con un italiano dominante, el cual encuentra en una panadería cuyo dueño es portugués. El trabajo ineficiente de la policía contribuye al escape del criminal. Estos estereotipos delinean conceptos asumidos por la sociedad caraqueña y dan una caracterización de la percepción del mundo que tiene esta autora.
3. La ciudad protagonista
En el diálogo creado entre los textos de este libro y el vasto locutorio de la sociedad del que se nutren, hay relatos que permiten una mayor participación del espacio urbano dentro de las acciones que en ellos transcurren. En este sentido, más que ser el marco para las acciones, la ciudad se convierte en participante de las acciones del relato, crea conflictos para los personajes o determina la salvación de éstos. En ningún caso es la ciudad un espectador pasivo de lo que se narra. Los cuentos que cumplen con estas características dentro del libro son Las de la Loza, de Adriana Villanueva; Un ángel y un demonio, de Enza García; Litio, de Iria Puyosa; Los invencibles, de Rodrigo Blanco Calderón; Restauración, de Salvador Fleján; Esa regadera que era su risa, de Héctor Torres; Experta en extravíos, de Krina Ber; y Camila y los seres de la noche, de Carlos Villarino. Nuevamente, por razones de tiempo y espacio, sólo se ampliará la explicación sobre los tres últimos de esta lista.
Esa regadera que era su risa, de Héctor Torres presenta un conflicto inicial que ya remite a la participación de la ciudad en las acciones del relato: el protagonista de la historia, un chico tímido y despistado, intenta afanosamente descifrar la dirección que le ha anotado la muchacha que le gusta. En una ciudad como Caracas, un laberinto de calles y avenidas, casas y edificios con nombres pintorescos y divisiones catastrales aberrantes, la ausencia de una dirección representa un problema bastante espinoso para el protagonista. Más aún, la respuesta de la madre y la confrontación del hermano (a quien supone la pareja de la chica) le hacen sospechar que nunca volverá a verla. Un azar extrañísimo en una ciudad de más de cuatro millones de habitantes hace que logre reencontrarla, sólo para descubrir que la chica en cuestión tiene severos trastornos psiquiátricos. En este sentido, se puede afirmar que la ciudad juega un papel importante en la determinación de la problemática que debe enfrentar el protagonista del relato. En primer lugar, en un espacio rural, o quizás incluso en una urbe más pequeña, el conflicto inicial de hallar la dirección de la chica hubiese sido mucho más fácil de solventar, ya que el universo de posibilidades hubiese sido muchísimo menor y menos complejo. Por otra parte, la condición de inestabilidad psiquiátrica de la muchacha posiblemente hubiese sido del dominio público en un espacio rural o en una urbe menor, eliminándose de este modo este conflicto. Caracas, una metrópolis que es un caos urbanístico, ha generado estos dos conflictos en el relato, interviniendo de manera evidente en el desarrollo de las acciones.
Por su parte, Experta en extravíos de Krina Ber, narra la historia de una mujer a quien el hastío de su vida hace preguntarse qué pasaría si se extraviara y desapareciera. Krina Ber trabaja la temática de este cuento basándose en sugerencias más que en certidumbres. Predominan las formas subjuntivas, la hipótesis y las divagaciones de Luisa Matos, personaje principal de este cuento. Uno de los elementos que destaca en Experta en extravíos es la reiteración de que en Caracas cualquier cosa puede desaparecer: Es tan fácil que una costurera desaparezca en la ciudad, como desapareció la anterior, o mi último plomero o el zapatero libanés de la esquina, o Noli, la cajera de Frisco: un día como otros, sin previo aviso sorpresa, candado, local vacío, se vende (...) Este relato está construido alrededor del hecho de que las grandes ciudades como Caracas proveen una excusa perfecta para el anonimato. Difícilmente un habitante de entre más de cuatro millones de personas llegue a conocer siquiera a la cuarta parte de aquellos que llevan su mismo gentilicio. El mudarse a otro municipio, cambiar de trabajo y obtener un nuevo número de teléfono celular bastan para lograr desaparecer en el laberinto urbano. Bajo este hecho se escuda Luisa Matos (al menos en proyecto; el uso de la sugerencia por parte de Krina Ber no permite que el lector sepa si realmente lo llevó a cabo) para usurpar la identidad de su costurera y secuestrar a su hija. Un corte de pelo, un lunar pintado y una cédula falsa hubiesen logrado extraviar en el laberinto citadino a Luisa Matos (a no ser por la intervención oportuna de Guillermina, la costurera), convirtiéndose el espacio urbano en cómplice de la protagonista.
Como último ejemplo, está Camila y los seres de la noche de Carlos Villarino. Este interesante relato muestra la otra cara de la ciudad, la que aparece después del crepúsculo y con ella los seres que de día se ocultan. En la noche aparece «la otra ciudad», la negada, la enajenada, destructiva, con seres anodinos, marginales y derrotados; también el bar, el burdel, el bolero y la ranchera, lo profundamente popular. Es decir, la otra Latinoamérica producto de esta devastación llamada modernización, la del eterno conflicto de su ser: constante tensión entre la tradición y lo moderno (Cegarra, 2002). En este sentido, la ciudad nocturna creará en los personajes de este relato una dicotomía permanente entre las convenciones de la tradición y las rupturas de lo moderno. El relato establece el paralelismo entre dos historias. En primer lugar está la del protagonista, un detective de homicidios que debe investigar el crimen acaecido en un hotel de la capital, en el que están involucradas dos mujeres, aparentemente amantes, y el marido de una de estas. La otra historia es la de Camila, la esposa del protagonista, quien esa misma noche mantuvo una relación en trío en la habitación contigua al crimen. Así, a pesar de que el detective ha pasado parte de su vida transitando por la ciudad nocturna, conociendo a sus seres, acercándose a los hechos más telúricos que puede ofrecer la urbe, es su esposa la que es realmente un ser de la noche: Son los seres de la noche, esos que a la luz del día se esconden bajo la piel de un pastor de iglesia, una secretaria, un padre de familia, un estudiante universitario, una niña de su casa o una esposa enamorada. No todos los seres que transitan en la oscuridad de la noche pertenecen a ésta, los seres de la noche no son simples personas que por error se han salido de sus cálidas camas. Durante años, él ha sido un turista de la noche, jamás ha podido entrar a la profundidad de las cavernas.
En Caracas, el locutorio de la sociedad del que se nutren los textos resulta vastísimo. El imaginario urbano está poblado por un calidoscopio de personajes, temas, anécdotas, ambientes y sensaciones, definidos todos por el pulso epiléptico de una metrópolis caótica. El cerebro del narrador que habita en una urbe como ésta es invadido cada día por un nuevo elemento del imaginario urbano, que se encierra en su cabeza, gritando y pateando, hasta que el autor le permite mudarse a una cómoda página en blanco. La narrativa urbana no sólo busca enseñar las características de la modernidad en la ciudad, sino también la heterogeneidad de las ópticas con que pueda observarse la urbe. Permite a cada autor expresar sus valoraciones personales sobre la ciudad, basados en un catastro personal de emociones, sensaciones y recuerdos, tatuados por siempre en la memoria de cada individuo.
Así, De la urbe para el orbe. Nueva narrativa urbana constituye un levantamiento catastral del imaginario de la ciudad. Los autores que componen esta antología han fungido como excelentes topógrafos y cartógrafos. En lugar de teodolitos, se han armado de caleidoscopios de cuyos cristales coloridos ha surgido la óptica con la cual cada escritor dibujo el contorno de la ciudad. Esta antología, por tanto, es un ejemplo del género de narrativa urbana, ya que eficientemente incorpora en sus páginas aquellos elementos que definen la ciudad dentro de la perspectiva de la cuentística moderna.
Por Marián Aponte del Real
| comentarios (5) >> |
escrito por David Sanchez, septiembre 06, 2007
De verdad te felicito chiquita esta excelente cada análisis y disertación de los conceptos están de verdad muy bien me encanto.
Saludos
escrito por Javier Miranda-Luque, septiembre 07, 2007
Al fin veo publicada una reseña de esta antología. Encima, me he sentido absolutamente cómodo con tu lectura. Ha funcionado, entonces, la interacción deseada. Gracias.
A ver quién se hace cargo ahora de reseñar la antología de SACVEN: "Tatuajes de ciudad".
escrito por Cecilia del Real del Real, septiembre 12, 2007
Realmente me he emocionado leyendo tú trabajo literario,aligual que la dedicatoria a Sari,que muy seguramente ha visto desde el cielo con mucha complacencia este logro tuyo. A los del Real nos ha gustado siempre la literatura.Tuvimos un tío abuelo ;Alberto del Real,quien fué poeta.Nuestro abuelo Miguel Angel también incursionó en las letras.Me siento muy complacida con tú logro Marián , y deseo que triunfes mucho en esta vida.Sé que cuando nos conozcamos,vamos a compartir muchas aficiones. Tu prima,CECILIA DEL REAL DEL REAL. escrito por maria Angeles octavio, marzo 08, 2008
De verdad hiciste una lectura que va más allá de gustos personales. No suelo escribir en estos espacios, pero creo que reconocer el talento lector de una persona es digno de unas líneas.
Saludos
escrito por Isaac del Real Helo, septiembre 13, 2009
Felicitaciones por el excelente trabajo realizado en esta reseña, el cual deja ver las dotes literarias que has alcanzado. Te deseamos muchos éxitos.
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