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Miedo, pudor y deleite

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Miedo, pudor y deleite

  1. Federico Vegas  (Venezuela)
  2. Editorial Alfaguara 
  3. 2007

Otras obras del autor 

  1. El borrador (cuentos)
  2. Prima lejana (novela)
  3. Amores y castigo (cuentos)
  4. La ciudad sin lengua (ensayo)
  5. Falke (novela) 
  6. Historia de una segunda vez (novela) 
  7. La ciudad y el deseo (ensayo)

Lo primero que resalta de la aproximación a Miedo, pudor y deleite, para aquellos a quienes gusta ver cómo funciona el reloj por dentro, es la mano del arquitecto. Y cuando decimos arquitecto no nos referimos al espécimen remolón y aspaventoso –por fortuna no es el caso de Federico– que vive infartado –no sin razón– por el abigarramiento y el mal gusto reinante en la ciudad, soslayando un poco que esa anemia de criterios y esa promiscuidad de las formas que ataca son en buena medida expresión del alma de esa urbe y, aunque no lo parezca, de la suya propia. No. El proyectista que revelan ésta y otras de sus novelas es un armador. Una mente que olfatea un retablo, una historia troncal, y la va cimentando a partir de la reunión de fragmentos al estilo del object retrouvé, pero escrupulosamente elegidos para la composición. Federico emplea un método de edición y montaje según el cual la anécdota, entre paréntesis la memoria –propia o ajena–, aunada a la frase sonora, constituyen la herramienta medular en el desarrollo de personajes.

Miedo, pudor y deleite es una saga que ausculta el amor. Se adentra en el tejido conjuntivo de lo que es la relación de pareja en su medio específico, y con detalle aísla elementos, profana gestos, pone de relieve giros, perceptibles sólo a través de la cuidadosa experiencia y la sensibilidad.

La historia de Bernarda y Fernando es de las más difíciles de narrar, pues no se trata de la pareja de amantes que se estrenan, enfrentan barreras imposibles o buscan un rescoldo furtivo para yacer al acecho de un padre intolerante, un cónyuge perverso o de un grupo en un rol característico. La historia de amor que acá se refiere es una jácara mínima, tópica, casi chata, de la pareja casada, prematuramente cansada, sobre la cual el autor proyecta el escalpelo para poner en evidencia las maniobras infelices de un marido cretino, de mentalidad adolescente, incapaz de madurar, frente a la joven, bella y resignada mujer que se harta de falsedad.

Pero Miedo, pudor y deleite también es la historia de un viaje. Viaje como recurso diletante de aquellos que suponen que las rupturas pueden obviarse a través de la veleidad. Viaje también en el sentido más antiguo, el de Ulises, realizado para el imperioso religare. Es así como la pareja constituida por la estolidez macho-viril y el electrodoméstico con faldas se tercian en un periplo madrileño tutelado con descaro por las instrucciones escritas en una larga misiva por la última amante de Fernando, una actriz retirada, devenida en empresaria de relaciones públicas, con muchas horas de vuelo, a quien éste en su insufrible esnobismo denomina “el socio”. 

Los roces van in crescendo en el cumplimiento de la agenda de la amante añosa: paseos por San Jerónimo, picatas, siestas. Lenguado, cordero, Vega Sicilia. Vale decir, un repertorio de museos, restaurantes y recorridos como telón de fondo de una pedregosa odisea interior: el país de los lotófagos, Polifemo, el odre de los vientos, los lestrigones, Circe, las sirenas, Caribdis y Calipso, hasta que se suscita el acontecimiento infortunado del viaje, el punto de fractura: la pareja es asaltada y despojada de sus objetos personales en el Paseo de la Castellana por un grupo de malvivientes, mediante la exquisita técnica de presionar con el pulgar y el índice el ganglio carotídeo, provocando una anoxia cerebral temporal y una bradicardia, lo que se traduce en una consecuente pérdida del conocimiento. Como en Romeo y Julieta, Bernarda se desmaya primero. Fernando se desvanecerá después. Consumada esta pequeña desgracia, se agudizarán los silencios, el cisma, la insatisfacción.

El viaje está por terminar. La novela también. Pero cuando el lector se ha convencido de lo predecible, Federico nos sorprende con un final que obviamente no voy a anticipar, pero cuyo regusto se aproxima a esa sensación que ya nos hizo probar en Falke, en la que con rubor advertimos que el gestor de la locura, del histórico desembarco cuyas peripecias dan cuenta inequívoca de la manera de ser del venezolano, fue el mismísimo Gómez.

Por su fuerte anclaje en la cotidianidad, muchas veces me pregunté, leyendo la novela, dónde estaba el nudo, si lo tenía. Federico reemplaza nudo por una fina tensión y luego pone las luces altas con un desenlace imprevisto, donde el personaje de Bernarda demuestra que tiene plexo y todo a su favor para reencontrarse, todo ello en una atmósfera de suspenso de una verosimilitud inobjetable.

Hace alrededor de dos años comenzamos a reunirnos Alberto Barrera Tyszka, Federico Vegas y este servidor. “Para hablar mal de los editores”, sentenció Alberto. Entre otras cosas, pues la idea era comentar lo que nos mantenía ocupados, nuestras correspondencias, así como el cifrar las tendencias actuales, en la perspectiva de sumar esfuerzos para abrir una cabeza de playa para nuestra literatura en el exterior, propósito que por distintos mecanismos ya hemos comenzado a articular. El hecho es que en esa dinámica de tardes de viernes, que luego se trepó al almuerzo, al vino y al largo pousse-café, Federico se nos reveló como un ser conmovedoramente pudoroso. De una ética, una humildad y una transparencia casi sórdidas. Con esa sabrosura que tiene la oralidad nos relató el origen de muchas de las anécdotas que se ensamblan a la historia cardinal de Miedo, pudor y deleite. Y reiteraba con pasión que eran verdad, que habían ocurrido en el lado soleado de las cosas. Y el colmo: ¡que había pedido permiso a sus protagonistas reales para usarlas en su obra de ficción! Ese verismo de nuestro amigo lo aproxima –y sus obras dan fe de ello– a un instrumental fundado en la crónica y el testimonio.

Como quien no quiere la cosa, Federico es un autor consumado. Lleva en su haber trece títulos ya. Seis de ensayo: Pueblos (un trabajo fotográfico donde realiza sus primeros ejercicios literarios). El continente de papel (un esfuerzo de investigación histórica sobre los mapas y planos del archivo de indias). Un libro en lengua inglesa sobre lo nativo, titulado Venezuelan vernacula, La hacienda La Vega. La ciudad sin lengua (ensayos de arquitectura y ciudad) y más recientemente La ciudad y el deseo, un bellísimo libro que acaba de aparecer editado por Antonio López Ortega bajo el sello de la Fundación Bigott. Siete son sus obras de ficción hasta ahora: El borrador, su primer libro de relatos. Amores y castigos (segundo libro de cuentos). Prima lejana, su primera novela. Los traumatólogos de Kosovo, donde incluye ese relato inolvidable en el que recoge sus vivencias al lado de aquel personaje singularísimo que fue Marcelino Madrid. Por supuesto, Falke, su gran novela. Historia de una segunda vez (obra que trasiega el camino iniciático de un joven en las letras), y ahora Miedo, pudor y deleite, novela que me honro en presentar y que constituye una instantánea del formidable despertar que está teniendo la narrativa venezolana actual, y para la que auguro el entusiasmo de nuestros lectores. A ustedes las gracias por su atención y a Federico mi agradecimiento por este privilegio.

Palabras de Oscar Marcano en el bautizo del libro Miedo, pudor y deleite de Federico Vegas, en la librería El Buscón (12 de julio, 2007).

 

comentarios (4) >> feed
vegas en maracaibo
escrito por a, agosto 10, 2007

este libro y otros serán presentados en la v feria del libro unica, del 25 al 30 de septiembre en maracaibo.
mayor información en http://feria-del-libro-unica.blogspot.com/
ams

Las forma de escribir prendió la esperanza de comprarlos.
escrito por Julio Alfonzo, agosto 11, 2007

Soy un lector inconstante. Leo por raptos, si se puede llamar así a la activididad de coger un libro, hojearlo y dejar que descanse otra vez en el estante de la librería con la esperanza de que hayan prendido en mi interior las pocas frases que leamientras lo tenga en mis manos.

Pues bien, hace dos días, luego de una cita frustada para una reunión que no se dió, mientras trataba de recordar en qué piso del Centro Plaza había estacionado el carro, me encontré con una librería. Una buena librería, no tanto por la cantidad de libros que tenía sino por la extensa pared de vidrio que me permitió verlos a todos, arrumados, puestos allí, esperando que entrara y los acariciaria.

Entré, y ví dos libros de Federico Vegas. Perdónenme, pero pongo poca atención a los títulos. Más me fijo en los autores. Federico Vegas. Agarré el primero, el título relacionado con la ciudad de Caracas. Lo abrí y posé mi vista en algunas de sus páginas. Me encantó la forma en que escribía. Luego, unos libros más allá otro, que decía en la contraportada que era autobiográfico. Igual, lo abrí y, luego, la duda de comprarlos o no. La lista de cosas que todavía faltan en la casa. Pero era obvio que quería llevarlos.

Sé que volveré para comprarlos. Su forma de escribir había prendido en mí.

...
escrito por summer., enero 24, 2008


No guardaron mi excelente reseña sobre el libro de Federico Vegas. ¿Qué se puede esperar de este país? ¿no? Bueno pues, se perdió aquello. (de antemano les dejo dicho que perdonen mi falta de elegancia, es que algunas veces la pierdo)



Sobre Miedo, Pudor y Deleite. (septiembre 2007)
escrito por summer.,, septiembre 15, 2008































(Encontré esto en mis archivos, lo escribí en septiembre pasado)
Miedo, Pudor y Deleite


Este es un libro cuyo tono pausado es el reflejo de una persona que se la ha pasado leyendo toda una vida. Un escritor que parece salido de la catacumba de sus intimidades. Este es su foco óptico, esa es su manera de acercarnos a sus inventos. Se topa con el exterior y lo goza como si lo viera por primera vez. Un tono que no cesa nunca, cada palabra es sustituida por otra, tamizada más bien, pasada por un colador que se asume devorador de cualquier tipo de experiencias así sean insignificantes. Cada frase es escarbada hasta encontrar la perfecta, cada suceso despierta el deseo de envolverse en sus papeles histriónicos.

A veces provoca ser el tío irreverente light y decrépito , a veces se quiere ser la insensata esposa del pintor, otras veces la dama secreta, actriz de tiempos remotos que conoce la naturaleza humana más que nadie en este drama, que continuamente se entromete con sus efectivos consejos del periplo madrileño, enredada hasta los tuétanos en la vida sobre todo de él, una suerte de ensayo, un conato de comunicación que no debe ser que no será nunca, una amante mezcla de envidia y buenos deseos (consejo de periplo que no era más que una propuesta de vida o de libro). Otras veces provoca ser el cúmulo de dudas de la esposa- mujer de cuna de oro por cierto-. A veces hasta se quiere ser el marido: inconstante en su amor, seductor nato, papanatas como cualquiera de nuestros momentos -con respuestas resbalosas pero ciertamente cómicas-, muchas veces planificador de estrategias inútiles, -pantallando sus travesuras de protagonista-, acostumbrado a resolver las cosas sólo a su manera. Él, la ama pero la engaña. O podría decirse, él, la ama y la engaña. Su “frágil verdad....se alimentaba de una mentira...” Provoca ser hasta la ‘mujer cóncava’ del aquel restaurante madrileño inasequiblemente caro. La mujer cóncava de un templo anti-dieta......

Hay una factor que pasa con un escritor que ya se ha abierto paso con otros libros que han dejado mella a los que nos gusta devorar lecturas, y es que se lo espera como el pan del día entrante, como sacado del horno. A mi como lectora eso me parece divertido. Le exigimos más pero lo esperamos más. Ansiosos por su último libro como si fuera un cd musical -Una canción importante ha de tener en su última producción, nos decimos-. El libro como show en vivo. Un artista de ese peso debe sorprendernos, sí, y hay una garantía, este escritor está al acecho de emocionar al mundo con sus libros.

‘Miedo, pudor y deleite’ es su visión de lo cotidiano, las preguntas que se le puedan hacer tienen respuestas en esas hojas. Las vuelves a leer y le encuentras más oxigeno, resulta que sigue viviendo el libro que creías leído. Tiene respiraciones que no habías deparado. Esta novela es para sentirla, cosa difícil para el que solamente puede emitir opiniones. Así que leerla y salir a dar una simple idea de lo que es esta novela es para aquel que con facilidad se va de bruces. Muchas veces el que lee algo sin olvidar por un momento los estrictos cálculos teóricos corre el peligro de ser negligente con el placer y el deleite. Y hay los que ni siquiera se acuerdan de lo que es el pudor en su estado puro.
El que está apresurado por encontrarle defectos a “miedo, pudor y deleite” se estrellará de frente pues no las tiene. Puede que el gusto haga de las suyas, puede que el humor, pero el gusto es de reserva y el humor a veces viene con el parto.
Este libro es una maravilla Vegasiana.

Obviamente explicar lo que se ‘siente’ para el ojo del crítico, y ‘construirlo’ para la mirada del escritor sin el error de la banalidad tiene serias dificultades. El libro es cercano, pero a la vez uno debe pararse y examinar cada frase. Esta novela señoras y señores pertenece al complejo mundo del deleite. Está atiborrada de giros y contrariedades tan propia de los seres humanos. Y nosotros somos de complejas descripciónes, por no decir infinitas. La conversa del capítulo final, es una de esas porciones de emoción ambivalentes y agitadas que nos roza.

Eso si, esta novela es para que se la disfruten los lectores maduros, pero enteros. Una gente que maduró bien, esa gente que dejo de ser simplemente vidriera, vacua y boba.

Finalmente, tomándome un’ whisky....con carácter de urgencia’ digo tal como él protagonista en uno de sus momentos embarazosos: qué bien Federico, esta novela me deleitó más que la temible Falke.

septiembre , 2007

summer.



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