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Sólo quiero que amanezca

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Sólo quiero que amanezca

  1. Oscar Marcano (Venezuela)
  2. Ediciones Seix Barral, 2002

Otras obras del autor 

  • Inecuaciones (1984)
  • Sonata para un avestruz (cuentos, 1988)
  • Cuartel de invierno (cuentos, 1994)
  • Lo que Francois Villon no dijo cuando bebía (cuentos)
  • Puntos de sutura (novela, 2007)

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Uno de los personajes de este libro sostiene que el mundo es “un sitio rudo en donde el negro es el color más claro”. Y agrega: “A Dios gracias soy un tipo sin aspavientos”. Así es este volumen de relatos: 21 historias rudas, pero contadas sin truculencia ni lagrimeo. Ganadora del Premio Internacional Jorge Luis Borges en 1999, esta obra del guaireño Oscar Marcano es una galería de fracasados que viven su caída con una resignación más próxima al orgullo que al menosprecio. No tienen esperanza, pero tampoco autocompasión. Continúan, con su dolor reseco, no saben bien para qué, ni hacia dónde. Y no importa. Se dejan amanecer de nuevo, adheridos a sus vicios, sus rituales urbanos, sus amores fallidos. Y esa permanencia es también su trascendencia. Lo más inolvidable de estos cuentos es la crudeza, la sobriedad y el humor con que el autor ha descrito –y ennoblecido– la derrota suspendida de sus personajes. “A los que nunca terminaron nada” se titula uno de los mejores relatos del libro. También podría ser la dedicatoria.

Luis Yslas 

comentarios (3) >> feed
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escrito por gisela kozak, mayo 05, 2007

Acabo de leer Sòlo quiero que amanezca y coincido con el comentario de Luis Yslas en cuanto a la buena calidad y a la contundencia narrativa del texto. Es un golpe repentino en el estòmago en el mejor sentido cortazariano: deja sorprendid(a) y sin aire. Su prosa descarnada y desnuda recuerda no tanto a la gran cuentìstica latinoamericana como a la estadounidense. Tengo una sola observaciòn: me llama la atenciòn, no sòlo en el libro de Marcano, sino en otros cuentistas venezolanos (Castillo, Centeno, Flejàn, Vilariño, Vìctor Vegas, narradores de la Primera y Segunda Semana de la Narrativa Urbana, en la antologìa Las Voces secretas) una reiteraciòn de la figura femenina como figura caricaturesca, ridìcula, disminuida sexual, psìquica o fìsicamente. Creo que novelistas como Eduardo Liendo o Carlos Noguera han logrado personajes femeninos de mucha mayor complejidad y peso. En fin, una simple observaciòn que no le resta mèrito al texto de Marcano.
Gisela Kozak

BUEN LIBRO
escrito por Georgina Uzcategui, marzo 10, 2008

Prosa elaborada de tal manera que luce sencilla pese al entramado de laa relaciones que se registran en cada historia,crónica del desencanto y de ausencia,que no decae manteniendo un tenue hilo conductor que pasa de historia a historia.

Increible
escrito por Luis Ángel Barreto, mayo 12, 2009

Acabo de terminar de leer este libro impresionante. Lo devoré en tres idas y venidas del trabajo a la casa. Confieso que no quería bajarme del bus, me sentía en el elemento propicio para esa lectura, para ese libro. Es un libro muy urbano, de zona residencial, de apartamentos, de bares extraños. Ya se mimetizó a mi cotidianidad, ya juega con mi interacción social, es un traje que me pongo al salir a la calle. Y no es sólo por sus historias, es por la atmósfera, por los olores, por su actitud, su risa sarcástica, su meláncolía, su visceralidad. Visceralidad atípica ciertamente, pues sé que hay bastante cuidado en al escritura, mucha limpieza y seguridad en el trazo. Está la frase desnuda, escueta y "simple" de los buenos narradores norteamericanos, pero está más cercana, más viva; no es tan de historieta (aunque a veces juegue exitosamente con ello), tiene más sudor, más smog, combustión de gasoil y humedad de bar vespertino. No le sobran ni le faltan líneas a los cuentos, está bien medido, está preciso, justo. El sabor de boca (o de ojos) aún lo tengo, quedé con mucho apetito. Tengo en mi mente relatos como: "A los que nunca terminaron nada" o "Una cajita feliz" que en mi humilde opinión son exquisitos. Cuando cerré el libro me bajé del bus, lo celebré con una cerveza, pensé dejarlo por ahí tirado en la acera o en la puerta de de algún edificio de los que hay en el camino a casa. Supongo que este libro surgió de un edificio de apartamentos como esos (a veces creo que escribiría mejor si viviera en uno de ellos), pero me arrepentí, lo conservaré por ahora en mi bolso, creo que ya sé a quíen se lo obsequiaré muy pronto. Quizás ya sea extemporáneo decir algo sobre este libro, los anteriores comentarios son de hace más de un año. Sólo quería dejar aquí una palabras de agradecimiento al autor. Gracias.

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