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Centeno, Israel

Blog: israelcenteno.blogspot.com

Obras publicadas

  1. Calletania (1992). Monte Ávila Editores. Caracas, Venezuela
  2. Rabo del diablo y otros cuentos (1993). Grupo Editorial Eclepsidra. Caracas, Venezuela
  3. Hilo de Cometa y otras iniciaciones (1996). Editorial Planeta Venezolana
  4. Exilio en Bowery (1999). Ediciones  Nuevo Espacio, New Jersey. USA
  5. Criaturas de la noche (2000). Cuentos. Editorial Alfaguara. Caracas, Venezuela
  6. El Complot (2002). Novela. Alfadil. Caracas, Venezuela
  7. La Casa del Dragón (2004). Novela. Alfadil, Caracas, Venezuela  
  8. Bengala (2005). Novela. Grupo Editorial Norma. Caracas, Venezuela
  9. Iniciaciones (2006). Novela. Editorial Periférica, Cáceres, España.

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Israel Centeno nace en Caracas, en 1958. Es escritor (de novelas y cuentos), editor, profesor de creación literaria y promotor editorial. Ha editado ocho libros en Venezuela y uno en Estados Unidos. Editorial Periférica de Cáceres, España, acaba de lanzar su edición de la novela Iniciaciones en Europa. Esta publicación ha contado con aceptación de la critica a través de reseñas que pueden leerse en los suplementos literarios Babelia del diario El País y ABCD, del diario ABC, así como en los diarios de Extremadura, Pontevedra y Cádiz. Entre los reconocimientos que ha recibido, se cuenta el Premio Conac de narrativa, por su primera novela (Calletania, 1992) por la que también obtuvo una mención honorífica en el Premio Municipal de Narrativa ese mismo año, y el Premio del concurso anual de cuentos de El Nacional (2003) por “Según pasan los años”. Es profesor de creación literaria en el área de narrativa. Actualmente dicta el curso “Aprende a narrar escribiendo” en la Fundación Trasnocho Cultural. Es el coordinador de la página web de arte, literatura y ocio www.elmeollo.net y de los blogs http://israelcenteno.blogspot.com y  http://citizenmurder.blogspot.com/.

Desde hace 12 años dirige la editorial Memorias de Altagracia dedicada a la difusión de la narrativa hispanoamericana contemporánea, y desde hace un año, la colección de poesía Celacanto.

Reflexión sobre la lectura y la escritura

Estos temas varían un poco, pero cae la locha siempre en el mismo lugar: en la relación que tenemos o que podemos tener con la realidad. Quien lee no evade la realidad, a mi criterio. Ése es un falso concepto. Quien lee, reinventa, de la mano del autor, e interviene la realidad con su imaginación, participa, como decía Gardner, de un sueño vívido y continuo. Vive más allá del límite; nos vamos dando cuenta en la medida que envejecemos, que no podemos vivir toda la vida que queremos vivir, pero sí podemos leer todas las vidas que queremos vivir e incluso morir todas las muertes que queremos morir, o las que tememos morir, las vidas que no viviríamos sino en una historia; o amar, consumada o imposiblemente todo lo que deseamos amar; odiar o asesinar. En fin, es un ejercicio de opción y libertad.

En el momento en que uno lee, pierde el arraigo, se vuelve leve, no pertenece absolutamente a nadie. La lealtad es una palabra hueca, a menos que el signo se resignifique en el contexto de la lectura. Un lector jamás podrá ser un gran patriota, y viceversa; un lector no es fanático ni prejuiciado, al menos en el momento que lee, allí está él o ella, solitario, con un mundo que lo arrebata y lo despoja de la pertenencia delimitante y se entrega, se rinde, a una condición trascendente.

Se escribe por lo mismo. Cualquier relación que tenga una persona con el arte es una posibilidad real y cierta de alterar e intervenir la realidad con oficio e imaginación. Un ejercicio de libertad. Se escribe, pienso yo, porque hay algunas cosas que nos gustaría que fuesen de algún modo y hay otras que nos gustaría que no fuesen del modo que realmente son. Cada historia bien lograda subvierte, altera y resignifica y origina consecuencias.

Se escribe y se lee porque un escritor y un lector saben, deben saber, que su principal nutriente es la palabra escrita y en ejercicio permanente.

Obras recomendadas

A estas alturas, es difícil nombrar sólo unos cuantos libros. Sin embargo, puedo hablar de algunos que significaron para mí un hito. A partir de ellos repensé la realidad y tuve una relación muy particular con el lenguaje.

No todos empezamos leyendo en lengua madre, por lo general, comenzamos leyendo traducciones, pero yo sí. Puedo decir que uno de los libros que tuve conmigo cuando era muy joven, en el bolsillo de mi chaqueta, para arriba y para abajo, fue una edición de Fundarte que reunía Falsas maniobras, Cuadernos del Destierro y “Derrota” de Rafael Cadenas.

Hay un libro de Gustavo Díaz Solís sobre el que vuelvo siempre, y no puedo leer sin adentrarme en el juego de sombras que él propone, Ophidia y otros cuentos, donde se puede leer “Arco Secreto”. Cubagua de Enrique Bernardo Núñez indudablemente es, a mi criterio, una de las grandes novelas venezolanas. 

No tuve ruptura con Rómulo Gallegos, siempre lo leí con gusto. Considero que es un narrador que no solamente conocía el oficio, sino a esa Venezuela profunda que fue capturada por su imaginario y se hace palpable, demasiado real, exageradamente evidente hoy en día.

Como no tuve esas rupturas, también disfruté a Guillermo Meneses. Tanto al Meneses tradicional como al de “La mano junto al muro”. Un buen escritor, independientemente de sus búsquedas y apuestas estéticas, siempre dice cosas interesantes. Teresa de La Parra, Antonia Palacios, Gloria Stolk, tres lecturas de rigor.

Andrés Eloy Blanco y José Antonio Ramos Sucre, ambos conviven. Vuelvo sobre Miguel Otero Silva, desde Casas Muertas y Oficina Nro. 1 hasta Lope de Aguirre, príncipe de la libertad o La Piedra que era Cristo. Salvador Garmendia, por supuesto. Todo Garmendia. Memorias de Altagracia, el reeditado El Capitán Kid y sus cuentos. Fue muy importante también leer a Oswaldo Trejo, a Denzil Romero, a Elisa Lerner y a Eduardo Liendo.

 Todos los autores del boom, sin excepción. Sin embargo, podría subrayar a tres o cuatro. Léase Juan Carlos Onetti, todo Onetti me interesa. José Donoso: El lugar sin límites y El obsceno pájaro de la noche. Mario Vargas Llosa, particularmente Los Cachorros, La ciudad y los perros, La guerra del fin del mundo. Gabriel García Márquez: Cien años de soledad, El otoño del patriarca y El amor en los tiempos del cólera. Guillermo Cabrera Infante con Tres tristes tigres y La Habana para un infante difunto. Todos los cuentos de Julio Cortázar. 

Los que no estuvieron en el boom, pero que concomitaron: Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges, como siempre, imprescindible, y Julio Ramón Ribeyro.

¿Cómo no leer a Horacio Quiroga y a Felisberto Hernández? Y de España, a Juan Marsé, Miguel Delibes, Javier Marías, Antonio Muñoz Molina. El mismo Enrique Vila-Matas y eso para no irnos tras las huellas de Miguel de Unamuno y terminar en el Siglo de Oro. No puedo hacer más larga la lista, pero léase también todo Chéjov, todo Carver, Hemingway, Isaac Babel, y El maestro y Margarita de Mijail Bulgákov; el Ulises de Joyce; Paradiso, de José Lezama Lima; La condesa sangrienta, de Alejandra Pizarnik; Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu; Otra vuelta de tuerca, de Henry James... Bueno, vean ustedes. Estoy dejando a los más recientes, porque todavía los leo, y me parecen fundamentales. Si empiezo por nombrar a Ednodio Quintero, José Napoleón Oropeza, Victoria De Stefano, Antonieta Madrid o a Renato Rodríguez, esta pequeña reseña ya se convertiría en un gran inventario. Como digo, tengo muchos años leyendo.  

De libros recientes. No tienen nada que ver con la fecha de aparición de los libros. Me reencontré con una antología exquisita de Eugenio Montejo, a quien no mencioné en la lista anterior y debería estar, porque es un autor indispensable que no se puede dejar de leer. He estado regodeándome en su trabajo. Me puse a releer todo Onetti y eso me llevó a disfrutar con más propiedad a J. M. Coetzee. Tengo aún en mis manos Mariana y los comanches, de Ednodio Quintero; Una tarde con campanas, de Juan Carlos Méndez Guédez; El niño malo cuenta hasta cien y se retira, de Juan Carlos Chirinos; estoy por entrarle a la biografía de Miranda del mismo Chirinos, que aparte de buen narrador se ha puesto a escribir unas biografías interesantísimas. Espero hacerme de la que acaba de escribir sobre Alejandro Magno. También No habrá final, de Roberto Echeto; Sólo quiero que amanezca, de Oscar Marcano; La Conjura contra América de Philipe Roth; Los Cuartetos y Tierra baldía de T. S. Eliot; Memorias del Subsuelo de Dostoievski. Y he vuelto a Joyce, esta vez a través de las cartas que le escribió a Nora Barnacle.

 

comentarios (4) >> feed
obras
escrito por kathy, septiembre 02, 2007

esta muy lindo esta pagina eee!!! smilies/grin.gif

...
escrito por reyna, agosto 27, 2008

ISRAEL CENTENO: una persona con ese nombre debe ser adorable.
comuníquese.

reyna

hola
escrito por mariox_FN, abril 16, 2010

coloquen la biografia de Gustavo Diaz Solos por favor


...
escrito por Insólita, marzo 12, 2011

Me he enamorado de Israel Centeno. ¿En España se consiguen sus libros?

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