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Kozak, Gisela

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Obra publicada

  1. Rebelión en el Caribe Hispánico. Urbes e historias más allá de boom y la postmodernidad (Ensayo, Caracas, Ediciones La Casa de Bello, 1993)
  2. La catástrofe imaginaria (Ensayo, Caracas, Planeta-Celarg, 1998)
  3. Pecados de la capital y otras historias. (Cuentos, Caracas: Monte Ávila editores, 2005).
  4. Latidos de Caracas (Novela, Caracas, Alfaguara, 2007)

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Nace en Caracas en 1963. Licenciada en Letras (Universidad Central de Venezuela). Magíster en Literatura Latinoamericana (Universidad Simón Bolívar). Doctora en Letras (Universidad Simón Bolívar). Profesora Asociada de la Escuela de Letras (UCV) y de la Maestría en Estudios Literarios (UCV). Investigadora y narradora.

Reflexión sobre lectura y literatura

La justificación última de la lectura y la literatura está en su existencia misma más allá de toda utilidad evidente. El sólo hecho de que un escritor o escritora dedique años de su vida a un libro cuyo éxito no está asegurado, como es el caso de la extraordinaria Virginia Wolf, el de James Joyce o, más cercanamente, de cualquier escritor(a) venezolano(a) que conozcamos desde José Antonio Ramos Sucre hasta Victoria de Stéfano, es una prueba de que el sentido del vivir individual trasciende las fronteras impuestas por las exigencias mercantiles, comunicacionales, políticas o religiosas de las sociedades contemporáneas, y apunta a un espacio libertario procurado por la imaginación y por las posibilidades del lenguaje en la configuración y transformación de la realidad. Este espacio libertario se hace colectivo en la medida en que es compartido con los lectores. Los lectores  se conectan con la literatura en la búsqueda de un lenguaje alternativo que apuesta a la profundidad frente al lenguaje epidérmico y fugaz de la comunicación masiva; que apuesta a la soledad y la reflexión en sociedades que movilizan el sentido de pertenencia al colectivo a través de la claudicación de la diferencia individual; que apuesta, finalmente, al dolor y al sufrimiento, a la alegría más extrema o a las pasiones más terribles o más mezquinas, frente a la búsqueda del placer legítimo pero simple del entretenimiento propio de la industria cultural. Lectores y escritores de buena literatura están movidos entonces por la misma razón: la ausencia de temor ante las maravillas y horrores existentes tras lo aparente.

Obras recomendadas   

  • Cuando leí Memorias de Adriano, de la escritora francesa Marguerite Yourçenar, tuve conciencia de que hay obras literarias que de principio a fin parecieran impregnadas de la búsqueda de la perfección absoluta. Ciertamente había tenido la suerte de leer obras maestras antes de leer a Yourçenar, pero el hecho de que esta novela fuese escrita por una mujer tuvo un peso específico en mi formación de escritora: también para una mujer escritora todo era (todo es)  posible, tal como lo demuestra Memorias de Adriano:  conocimiento histórico a profundidad, una prosa cortada con bisturí de diamante, la construcción de un personaje que no sólo proyecta una imagen histórica sino que es capaz de hablarnos del presente.
  • Orlando, de Virginia Wolf, constituyó el ejemplo exacto de lo que deseo como escritora: una conciencia aguda de la masculinidad y la feminidad como construcciones de la cultura pero también como realidades crueles, enigmáticas y maravillosas; la libertad de invención absoluta que permite la metamorfosis de Orlando de hombre a mujer y su vida cabalgando a través de varios siglos presentados con máxima naturalidad; la soltura para entender culturas distintas y coquetear con diferentes géneros de escritura; la libertad individual más allá de cualquier causa o cualquier idea.
  • Una impresión semejante la tuve con la lectura de Dr. Faustus, de Thomas Mann: se trata no simplemente de la biografía de un músico contemporáneo –Adrián Leverkühn– que hace un pacto con el demonio, en la rica tradición faústica de Europa Occidental, sino de la construcción de un mundo en el que la existencia humana pareciera en conjunción con un orden histórico y cultural mucho más vasto que el atestiguado por las pequeñas aventuras de la vida individual.
  • En esta misma tradición faústica y con el mismo aliento épico, João Guimarães Rosa con Gran Sertón: Veredas me ayudó a salir de esas típicas crisis en las que uno comenta cínicamente a quien quiera escucharlo que lo que hay que hacer es escribir telenovelas, autoayuda, “best-sellers” o hacer publicidad.  Desde América Latina la lengua portuguesa llegó a su extremo más audaz en esta novela, una reinvención insólita de una “lengua” del sertón brasilero, capaz de construir un mundo ficticio único a partir de novela de caballería, la religiosidad sincrética, las leyendas cósmicas de una región y el mito faústico desacralizado: sin dioses y demonios, testimonio de humanidad pura, dura, desnuda. 
  • Esta misma afirmación de lo latinoamericano y de la fuerza  trágica de la historia, me hizo resolver cuando estudiaba Letras que me dedicaría a estudiar América Latina: esta disposición la tomé a partir de la lectura de El siglo de las luces, de Alejo Carpentier, escrita con una prosa tan deslumbrante como irrepetible.
  • Y no pude más que sentir que fue la decisión adecuada al leer Hasta no verte Jesús mío, de Elena Poniatowska, probablemente uno de los mejores textos que se hayan escrito en Latinoamérica sobre la dimensión humana, entrañable e individual del estigma de la pobreza y del hecho de ser mujer.   
  • El humor y la ironía han tenido un lugar importantísimo en mi vida y en mi escritura. Tanto el Quijote, de Miguel de Cervantes, y El Decamerón, de Giovanni Bocaccio, como Gargantúa y Pantagruel, de François Rabelais, hacen del humor no el lugar simple para la risa (que no es poco) sino una visión de mundo en la que no hay nada sagrado, y esta perspectiva de la vida es para mí el más acabado ejercicio democrático y ético posible, pues quien dice humor dice tolerancia y dice autocrítica. Pero además, estas narraciones hacen gala de su conocimiento profundo de los géneros de escritura de su tiempo y de una conciencia impecable del acto de escribir, rasgos que considero indispensables en un(a) escritor(a) que se precie de tal.
  • En este orden de ideas, Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, es insuperable y es el oscuro objeto del deseo de todo(a) escritor(a): una novela traducida a un montón de lenguas, que se tutea con la obra de William Faulkner pero hace decir a un iraní que la oyó en casetes: “pero si todo eso pasa aquí en Irán”.
  • En lo que se refiere a la literatura venezolana, creo que nuestro gran clásico en este sentido es Teresa de la Parra: Ifigenia. Diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba y Memorias de Mamá Blanca, son dos ejemplos insuperables de la ironía como la forma más inteligente que toman la amargura y la decepción, y de una poética  que asume abiertamente que la literatura es exploración de lo real y se alimenta de las fuentes subterráneas de la vida más allá de cualquier moda y cualquier desplante vanguardista.   
  • Querido Diego, te abraza Quiela, de Elena Poniatowska; El desbarrancadero, de Fernando Vallejo; Seda, de Alessandro Baricco; e La literatura nazi en América, de Roberto Bolaño son joyas del tono menor.  
  • Malena de cinco mundos, de Ana Teresa Torres, me dio orientaciones invalorables para mi novela inédita Todas las lunas, y Los últimos espectadores del Acorazado Potemkin, de la misma autora; Juegos bajo la luna, de Carlos Noguera; El diario íntimo de Francisca Malabar, de Milagros Mata Gil; El round del olvido, de Eduardo Liendo; Historias de la marcha a pie, de Victoria de Stefano; y Falke, de Federico Vegas, se llevaron por delante cualquier aprensión personal juvenil respecto a la calidad de la literatura venezolana: el que diga que la literatura venezolana no es buena es porque no la lee, simplemente. A esta lista habría que agregar Percusión, de José Balza y País Portátil, de Adriano González León.     
  • El caso de Antonio Muñoz Molina es especial pues me lleva siete años de edad y tiene estatura de clásico: un tipo que escribe Sefarad y Beatus ille y es mi contemporáneo es una gran lección de humildad para mí.     
  • Y por último, la lista infaltable: Julio Verne, Hermann Hesse, Mark Twain, Charles Dickens, Oscar Wilde, los hermanos Grimm, Maurice Maeterlink con El pájaro azul.
  • Entre los libros que me han gustado últimamente se encuentran: Falke, de Federico Vegas; El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez (relectura luego de un viaje a Cartagena); Cuentos de seducción, de Carmen Vincenti; La otra isla, de Francisco Suniaga; y Una larga fila de hombres, de Rodrigo Blanco. 
     
comentarios (5) >> feed
Increible
escrito por Pascal Reyes, agosto 07, 2007

Como alquien se puede ladillar por saber que todavia hay personas con tan variada lectura y vida literaria. Y quiera compartirla con uno. Si no supiera que la Dra Kozak, es doctora (valga la redundancia) juraria que su pasion son los libros. Aunq para ser doctor en letras hay que leer, me canta como cuenta la doctora sobre sus libros.
A mi particularmente la Dra Kozak no me ladilla, me fascina.

...
escrito por anonimo, noviembre 04, 2007

a mi tambien me encanta... encantadora mujer

FELICITACIONES
escrito por FRANCISCO CASTILLO, noviembre 14, 2007

HOLA DRA , UD ES PROFESORA DE MI HIJA LA PRINCESA AUDRA Y ME PERMITO DECIRLE Q UD ES UNA MUJER MAGICA

De géneros
escrito por alexis antonio alvarado, noviembre 19, 2007

Hola mi querida Profa. Yo sé que es de muy mal gusto recomendarse a sí mismo, por ello lo haré yo. Recomiendo ampliamente su libro de relatos PECADOS DE LA CAPITAL Y OTRAS HISTORIAS, un pequeño libro que lleva al lector a una literatura opcional y diferente en cuanto al tratamiento de géneros. Debo confesar que me inspiró mucho. smilies/wink.gif

...
escrito por Georgina Uzcátegui, septiembre 11, 2008

Gracias Doctora Kozak por recordarnos que el fin último de lectura y por extensión d ela literatura en no tener un fin creado ni justificable, que estas cosas alimentan la conciencia , la razón y la sensibilidad de todas las personas y que solo a partir de estos elementos es que podemos hablar de un ser humano integral e integro en su situación personal y como individuo que interactúa con un colectivo
Por cierto tuve la oportunidad de leer Pecados de la Capital y de terminar de lere latidos de Caracas y ambas obras me dejaron la satisfacción de una narrativa que brinda unas buenas historias a la par de una tácnica narrativa ágil y precisa, en mi modesta opinión


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